Hace días en la provincia de Buenos Aires falleció mi amigo del alma Juan Bucciero, se veía fuerte apenas recién lo visité, ya entrado en años, pero siempre un enérgico trabajador y replicante furibundo de las políticas antipopulares de la Presidencia de Javier Milei contra una población ávida de cambios, y le hice entrevistas y como siempre, departimos largas jornadas de charlas y pláticas y convivencias muy agudas… nunca sombrías.
Mi madre siempre nos recalcaba: júntense para hablar de cosas buenas, no se junten para estar recordando fatalidades o desgracias, pero en el caso de Juan, era inevitable desentrañar la nueva realidad argentina y mexicana y sobre todo, platicar de nuestras familias, del tramado y enclaves gitanos y sicilianos-de parte de él- en la provincia argentina, el heredero de migrantes de aquel país cuyo linaje fue nunca la pereza y si el trabajo y la buena suerte, desde niño un férreo apasionado de su patria argentina y fascinado siempre por la belleza de las mujeres de todo el mundo, en especial las de su país por la mezcla insólita de culturas y pueblos del mundo avenidos a sus tierras.
Mi mirada se centraba en mis amigos, pero también curioseaba acerca de los linajes gitanos muy populares -no se olvide que en ese país hay mas de 3 millones de gitanos de todo el mundo- y que mi empatía no era por acercamientos sino precisamente por el alejamiento, la ignorancia, lo desconocido en mundo aparentemente lleno de informaciones.
Lo conocí de manera singular: en septiembre de 2008 nos habían corrido junto a mi hijo de escasos 8 años de un departamento en la zona de Palermo en la ciudad autónoma de Buenos Aires, Capital Federal Argentina y en donde vivíamos con una ecuatoriana que ilegalmente arrendaba y fuimos intervenidos todos por la policía federal argentina y remitidos a la comisaria como verdaderos criminales, mi hijo recién se acababa de aliviar de un malestar y unos médicos ecuatorianos y paraguayos que vivían con nosotros lo atendieron pero de ahí, fue una larga ristra de sucesos que nos llevaron a la zona de José C Paz, una intendencia a una hora del famoso obelisco.(intendencia, es como un estado o un municipio, no te hagas bolas).
Lo mas importante era y es siempre la educación de Ángel, pues a los pocos días de haber ingresado a la Argentina, una escuela lo recibió con todas las de la ley, su entrada a las 8 de la mañana y la salida a los 4 y 20 minutos de la tarde. Reglas escolares muy estrictas, pero bien desayunado y comido y hasta lonche pa la cena.
Para ello era importante los traslados. La esposa de mi hermano que tenía un delivery opinó que dos paraguayas que trabajaban para ella desde años antes bien me podrían ayudar a conseguir un lugar en su localidad. Yo busqué afanosamente en capital federal un lugar para vivir y fui al terreno peruano y busqué muchas opciones y nada, hasta que por segunda ocasión acudimos con Nimia la paraguaya a buscar casa en José C Paz y las condiciones eran muy precarias hasta que la divina providencia me hizo encontrar una casa que arrendaba una chilena y ahí nos instalamos.
Un cuarto grande, regadera, camas, cobijas, refrigerador y estufa. Muy dura la chilena, pues ante los constantes paros nacionales de maestros, no había clases, pero ella quería de todas formas que saliéramos durante el día pues para ella el hombre al trabajo y el niño a su legajo. Nos refugiábamos en iglesias evangélicas, un agasajo ver a los pastores con grupazos de rock, había empanadas y aguas frescas.
Llegamos luego de una hora en un tren y 20 minutos en un colectivo o camión urbano.
De inmediato hacer amistades con los vecinos, ese mismo día, en la avenida Croacia, a escasos metros me encontré con un establecimiento muy de garaje donde componían lavadoras, refrigeradores y sillas, salió Juan, le expliqué que me acababa de instalar, que soy cartomanciano, que leo cartas y hago limpias, reticente respondió: no creo en eso. Tranquilos.
Cayó la noche y ángel feliz y yo haciendo planes para que al día siguiente saliéramos a las 6 de la mañana rumbo a la estación de trenes y de ahí en Chacarita, caminar 20 cuadras y llegar a su escuela primaria RIONEGRO.
Pero los mosquitos no nos dejaban dormir. Salí de volada y todas las tiendas cerradas, le toqué a Juan, abrió y le expliqué y me dio un raidolito espanta mosquitos. Pudimos dormir.
Rápidamente se instaló una gran amistad, le encantó mi forma de la lectura de cartas, empezó a invitar a mucha gente, se hizo gran fama mi consultorio en su casa: prostitutas, drogos, hechiceros, amas de casa, estudiantes, trabajadoras paraguayas y peruanas, infinidad de personas en las que siempre encontrábamos pago y claridad en los sucesos.
Al tiempo le hice muchas entrevistas, de como fue testigo de mil sucesos desde muy joven, la balacera y matanza de Ezeiza al regreso de Perón en 1974, el golpe militar de 1976, la furia de los militares contra la población, los toques de queda, las restricciones, su trabajo en un hospital en donde vio morir a López Rega, aquel traidor del gabinete de Perón que en el 55 tramó golpe de estado y posteriormente fundó la triple AAA (Alianza anticomunista argentina), pero lo vio en su cama de hospital enfermo, delirante, pagando sus múltiples culpas.
Luego juan me llevó a la casa de su hija en la gran intendencia de Mataderos, la zona preferida de los argentinos ya que ahí estaban los rastros donde cientos de miles de cabezas de ganado fueron sacrificados para -literalmente- alimentar al mundo, con los frigoríficos de 1890 rumbo a Inglaterra, con el expendio de la carne vacuna a toda la zona metropolitana y su hija nos recibió muy bien y con gran numero de curiosas que yo les leyera las cartas. Inconfundible mi experiencia a las 4 de la mañana con un par de enfermeras judías -esposas entre si- y que trabajaban en un hospital de ancianos. (me confesaron mil cosas espeluznantes, luego, años después, una de ellas se hizo a la religión humbanda, hablaba portugués sin saberlo, las rodillas sangrantes, la invocación a espíritus o “pays” que hacen crujir paredes o conceder favores caprichosos).
Juan fue siempre versátil, fiestero, excelente cocinero, muy trabajador, vivó obligadamente muchos años en Canadá, sus hijos emigrar a la fuerza a España e Italia, sus hijas viven en la Argentina y cuando lo conocí recién acababa de fallecer otra de sus esposas y que le había dado una hermosa hija, Sol, con la que Ángel jugaba siempre a ser novios o a dar patadas.
Siento muchas cosas por el y por su país. No me alcanza replicar tantos datos y recuerdos y documentos, pues su casa estaba siempre con libros, con la radio y los noticieros a la orden.
Ahí escribí muchas cosas, conocí a mucha gente y a pesar de que nos cambiamos de casa o regresamos a México, siempre el y su hogar un referente, una visita obligada, un regaño constante respecto a mis desvaríos y, pero siempre una hermandad y un corazón compartido, la disputa, el pleito, la revelación, la infiltración de los sentimientos audaces y genuinos y el efecto compartido entre dos países que, aunque lejos, se quieren mucho.
El con la fama de ser “la anaconda argentina”, yo –“la anaconda mexicana”.
Ya se imaginarán porqué.
(nunca hablaré mal de la patria argentina, es como complicar a mi patria mexicana, tampoco es callar lo que ya está detallado: la corrupción sensitiva, el agandalle contra mujeres y childrens, la pobreza realmente agonizante, la intromisión directa de los cárteles mexicanos en su vida cotidiana aterradora). -el racismo, el crimen a mansalva, el olvido al genocidio, el resguardo de gravísimos criminales nazis y narcazos-.
Otra historia, mas fuerte y letrada, los salva, nos redime.



