Nuevamente, la faz mexicana quiere el susto, la nota roja espantable donde la violencia hegemónica sirva como señuelo, advertencia, castigo mediático, presión por encima del Estado, y la clave para entender lo que vendrá en los próximos procesos electorales es dar aviso, señuelos criminales en donde la agresión indiscriminada y selectiva suele sembrar el miedo y la derecha mexicana se cree en una profunda mutación estratégica, pero se topa con la realidad de un país que se transforma y no quiere regresar hacia el pasado.
Los mexicanos vimos con horror durante más de 35 años las peores masacres que contra juventud alguna se haya ensañado el dizque crimen organizado para robar y traficar drogas. Los cárteles mexicanos, apoyados por altos intereses estadounidenses y de las cúpulas del gobierno mexicano, llegaron hasta exportar abiertamente minerales estratégicos, se adueñaron de la vida pública mexicana y la población, con mucha paciencia, dijo basta: «párense, muchachos, esto es más posible».
¿Para qué volver con la retahíla de las terribles tragedias en prácticamente todo el país y en donde miles de víctimas inocentes fueron sacrificadas en pos de intereses muy abiertos y oscuros y México convertido en una enorme fosa común y en un enorme cementerio se volvió noticia mundial y el espanto, la edición del infierno, para desgracia de cientos de miles, fue una realidad? Pero en los últimos 8 años, ha habido un cambio en las estadísticas negras, pese a la grave resistencia y la desarticulación de cientos de pequeños carteles, inclusive los de carácter mundial como la última letra y ahora el de Jalisco y sus generaciones aturdidas.
Profunda necedad y advertencia: las poblaciones mexicanas están muy alertas ante la traición policial, el cohecho y soborno y amenaza a los mismos. Una de las pautas más vistosas que dio el obradorismo fue desarticular las antiguas policías invadidas por el marco y crear la Guardia Nacional, que hoy cuenta con más de 130 mil elementos y que son el refuerzo idóneo para una política de limpieza profunda, decomiso de armas, congelamiento de miles de cuentas bancarias, quema de miles de toneladas de droga, detención de sus cabecillas. Eso también es noticia mundial.
La doctrina de la seguridad nacional orquestada por la derecha mexicana fue un caos: el desorden y la rabia, la oficialidad convertida en verdugo de los movimientos sociales, acuerdos con las fábricas de noticias falsas y acusaciones sin sustento en que hubo miles de desaparecidos en la guerra sucia, el exterminio de los grupos guerrilleros y en especial de las brigadas de ajusticiamiento del partido de los pobres y su esencia campesina, cuerpos arrojados desde el aire, muchos aún con vida, fue la constante durante los trágicos decenios en que el priismo insensato, muy puntual para el saqueo, tuvo como bastión histórico el simular, el generar terror, concurrir a las cárceles y cementerios a movimientos legítimos estudiantiles, obreros y populares.
La humanidad está enferma, México tiene retos enormes aún; su ruta es buena e irreductible, pero hay fuerzas desleales a la patria arrabalera mexicana que desean con toda su alma que siga el caos donde estaban muy satisfechos con sus informes presidenciales, sus corrupciones descaradas y magnicidas, testaferros de la burocracia perpetrando fraudes electorales, robándose partidas secretas, perdonando impuestos a empresarios feroces, quitándoles más de 500 mil hogares a los obreros que no podían pagar sus cuotas dantescas del Infonavit y lo que provocó miles de suicidios en el país de los sádicos e indolentes, mientras David Penchina, su disque director, cobraba 700 mil pesos mensuales.
La humanidad está envejeciendo; poderosas señales en los cielos y en los climas de todos los mundos avecinan que los imperios quieren el regreso del hitlerismo fascista que ensombreció la faz de la tierra. En cualquier momento se dará la invasión a la heroica isla de Cuba y, generando cientos de miles de muertes, la crisis con el pueblo palestino y con Irán puede desembocar en un conflicto nuclear nada deseable y, como señalaran los agrogrifos de Inglaterra, “mucho dolor, pero tengan la certeza de que aún hay esperanza”.
Llegaron hasta cualquier país del mundo y continentes las hazañas sangrientas de la derecha mexicana y hoy quieren asustar de nuevo, desarticular a más de 23 cárteles con cerca de 50 mil sicarios superarmados y sanguinarios como los asesores kaibiles de Guatemala en territorio mexicano. Es un reto que se va cumpliendo, pues las mesas de seguridad y sus avalúos y la acción directa de las fuerzas armadas están dando resultados en todos los frentes, hacia todas las direcciones.
En 2018 conjuramos: en nombre de las cientos de miles de víctimas de este sistema injusto, en nombre de los cientos de miles de muertos y desaparecidos, en memoria de tantos caídos en la lucha por la felicidad del pueblo mexicano, vayamos en masa a operar por la nueva faz de nuestras instituciones y lo logramos y lo reiteramos en 2024 con la jefa Claudia.
Ahora debemos estar más alertas y mejor preparados y conscientes de que el dolor, el luto, la desgracia en los hogares donde se roba la felicidad o la calma, serán resarcidos para que nuestro país cobre la venganza suprema ante Dios y las leyes de los hombres y mujeres libres del continente: no parar en la transformación y acudir siempre al llamado colectivo de la conciencia.



