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■ “El teatro es cuerpo, emoción, entrega. Es comunidad.”

Ingrid encontró en el teatro un modo de resistir y reconciliarse con la vida

■ Es parte de Parvada Teatro, que presentará la obra “Del Ombligo de Coatlicue” en el FITC 2025

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Por: Jaqueline Lares Chávez •

En el escenario, su presencia se transforma. La voz firme, la mirada encendida y el cuerpo que se mueve con la precisión de quien conoce cada músculo como una herramienta expresiva. Ingrid Citlaly Villa de la Rosa, actriz y bailarina zacatecana, encontró en las artes escénicas no sólo una vocación, sino un modo de reconciliarse con la vida, de resistir y crear comunidad. A sus 29 años, forma parte del colectivo Parvada Teatro, agrupación que presentará la obra “Del Ombligo de Coatlicue” en el Festival Internacional de Teatro de Calle Zacatecas (FITC) 2025, una propuesta creada y ejecutada íntegramente por mujeres.

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“Desde muy chiquilla supe que lo mío era el arte”, recordó Ingrid en entrevista para el medio, evocando los años en que su abuela materna (maestra de primaria) la animaba a inventar historias, cantar y representar escenas con sus primos durante las reuniones familiares. De aquellas tardes llenas de imaginación surgió una sensibilidad que más tarde se convertiría en disciplina. “Siempre me gustaba crear cuentos, narrarlos, estructurarlos. Mi abuelita nos impulsaba a hacer algo artístico en cada reunión, y eso me marcó”, compartió.

La danza fue su primera gran escuela. A los catorce años ingresó al ballet y, más tarde, se formó en academias como Dánzalo, Edubarte y la Casa de Cultura de Guadalupe. Pensó que su destino estaría en los escenarios de danza o detrás de una cámara, pues también le atraía el mundo cinematográfico. Pero en 2014, cuando estudiaba el último semestre de preparatoria, un encuentro fortuito cambió el rumbo de su historia. Su maestra de Lectura y Redacción, Claudia Solís, buscaba una pareja de acróbatas y bailarines para una presentación de teatro de calle. Ingrid aceptó sin saber que ese paso marcaría el inicio de su carrera como actriz.

“Yo ni sabía que existía el Teatro de Calle aquí en Zacatecas”, confesó entre risas. “Acepté por curiosidad, por probar algo nuevo, y fue como ¡pum!, un flechazo total. Cuando sentí la adrenalina de estar frente al público, la emoción de crear un personaje, supe que eso era lo mío”.

Debutó ese año en la obra “Gargantúa y Pantagruel, Historia de Gigantes”, bajo la dirección de la propia Solís, dentro del Festival Internacional de Teatro de Calle. “De ahí pa’l real, no me he bajado del escenario”, dijo con convicción.

Transitar de la danza al teatro fue un reto. Ingrid se enfrentó a la necesidad de comprender el lenguaje del cuerpo desde una nueva perspectiva, de asumir el trabajo en equipo y la escucha como elementos centrales de la actuación. “El arte escénico es un trabajo colectivo; se trata de disposición, de entender a tu entorno, de seguir la guía del director, pero también de estar abierta a lo que aportan tus compañeros”, explicó.

Aquel primer impulso se topó pronto con un panorama artístico que, por entonces, describió como “hermético”. “Hace diez años, las compañías zacatecanas eran círculos muy cerrados. Costaba que te incluyeran, sobre todo si eras nueva. Afortunadamente eso ha cambiado: ahora hay más apertura, más colaboración y más mujeres creando”, señala.

Su paso por las artes escénicas la ha convertido también en testigo de la evolución del público zacatecano. Reconoció que aún falta camino por recorrer para consolidar una cultura de consumo teatral. “El público aquí no estaba acostumbrado a pagar por ver teatro, y eso sigue siendo un reto. No hay temporadas estables, como en otras ciudades. Pero el Festival Internacional de Teatro de Calle ha sido fundamental, porque lleva el arte a todos, incluso a los municipios lejanos”, destacó. 

La pandemia marcó una pausa forzada en su vida y en su arte. La pérdida de su padre la llevó a alejarse del teatro entre 2020 y 2022. “Me desconecté completamente. No quería hacer nada, no quería actuar. Sentía que me estaba marchitando”, confiesa.

Fue hasta 2023 cuando encontró el impulso para regresar, gracias a “Parvada Teatro”, una compañía fundada por Nayeli Jáquez, Laura Torres, Manuel Soriano y Jacqueline Pérez, con casi una década de trayectoria. “Parvada me regresó a la vida”, agregó.

Su reencuentro con el escenario llegó con la obra “Diálogo con la ventana”, escrita por la dramaturga zacatecana Jacqueline Pérez. La pieza abordaba temas como la depresión y el intento de suicidio, una historia profunda que le permitió canalizar su propio proceso de duelo. “Ese personaje marcó un antes y un después. Me ayudó a sanar, a reconocer que el arte también puede salvarte. Después de eso dije: no puedo soltar el teatro”, relató.  

Para Ingrid, dicho colectivo es mucho más que una agrupación: es un espacio seguro, un refugio creativo y un símbolo de sororidad. La compañía ha desarrollado proyectos significativos como “El Árbol”, “Frío”, “La Última Bala”, “Mujer se escribe con pluma” e “Historia de un vuelo”, presentadas en distintas ediciones del Festival Internacional de Teatro de Calle. Este año, regresan con “Del Ombligo de Coatlicue”, una puesta en escena completamente nueva que celebra la fuerza de lo femenino desde una cosmovisión prehispánica.

La obra, dirigida por Laura Torres y escrita colectivamente por las integrantes de la compañía, se estrenará los días 13 y 14 de octubre a las 19:00 horas en la Plazuela del Moral, dentro de la programación oficial del Festival.

“Es un proyecto 100% hecho por mujeres, desde la creación musical hasta la escenografía. Todo nace del cuerpo y la memoria femenina”, explicó Torres. La propuesta busca rescatar las raíces ancestrales, explorar la conexión con la tierra y alejarse de las miradas eurocentristas para reivindicar la espiritualidad y poder de la mujer desde el mito de Coatlicue.

Así gracias a los aprendizajes de toda su trayectoria, su discurso hacia las nuevas generaciones es claro: lanzarse sin miedo. “Mi consejo es que sean aventados. Que no teman al ‘no’, porque ese ya lo tenemos asegurado. Si algo les mueve el alma, háganlo. Este camino es arduo, sí, pero también profundamente gratificante”, asegura.

Invita a los jóvenes artistas a prepararse, leer, observar, viajar y consumir arte de todas partes. “No se queden con una mente pequeña. Vean lo que se hace en otros lugares, eso nutre el alma y expande la visión”, sostuvo. 

Con casi once años de carrera, Ingrid ha aprendido que la constancia, la colaboración y la fe en el propio talento son tan importantes como la técnica. “El teatro es cuerpo, emoción, entrega. Es comunidad. Cada personaje deja una huella, y cada obra es una oportunidad para encontrarte contigo misma”, concluyó. 

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