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jueves, 11 agosto, 2022
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¿A quién le corresponde pacificar el país?

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Por: BENJAMÍN MOCTEZUMA LONGORIA •

Versiones contaminadas por la propaganda opositora, la tradicional ideología conservadora y la pereza reflexiva conllevan a una visión parcial y falsa que dificulta entender la naturaleza de la inseguridad, particularmente lo que a homicidios se refiere, y una ruta clara de pacificación.

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Deben ahorrarse el “argumento”: “ahí están las evidencias”. Es retórica para debatir contra lo que nadie sostiene. Pretenden hacer creer que el fenómeno es nuevo, promueve la amnesia social, negar la historia para que “no se culpe al pasado” porque, revisar atrás, es mostrar complicidades, negligencias y omisiones, motivo de responsabilidades y delitos que son veneno frente a los electores.

La propaganda malsana y la ignorancia afirman ocurrencias que, tan solo ante el sentido común, resultan un fiasco de solución. Ante el Covid, mágicamente brotaron “epidemiólogos”: Fox, Calderón, Lily Téllez, Brozo, Loret y más. También pegan el grito al cielo quienes son responsables del mal o cuyas propuestas de “solución” representan peligros de inseguridad. El obispo de Zacatecas habla de pactar con criminales y Alito del PRI propone que cada mexicano cuente con armas para “garantizar” la seguridad. Hablan de lo que no entienden.

Después de un diagnóstico que escudriñe lo que, en materia de seguridad, acontece como totalidad (esencia y apariencia) en los contextos (local, estatal, nacional e internacional), niveles de gobierno (familia, municipio, estado, federación), poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), aparatos ideológicos e instituciones de información y conocimiento (iglesias, escuela, medios tradicionales de comunicación, redes sociales, etc.) y su interacción dialéctica; hasta entonces podemos responder:

¿Quién debe meter orden? ¿Quién debe pacificar el país? ¿Cómo lograr una paz duradera? ¿Cuál debe ser la estrategia?

Estamos ante un problema social que no agota soluciones en la vía policial ni en la amplia extensión del Estado de Derecho. No se trata sólo de actos coercitivos y reactivos. Para algunos, eso es todo y exclusividad gubernamental, “para eso pagamos impuestos”. Otros creen que la solución está (dice el alcalde de Guadalupe Zacatecas) en una cultura de la paz social. Ninguna de esas estrategias es completa.

Nuestro presidente metaforiza una estrategia de “abrazos y no balazos”, que se detalla en el Plan Nacional de Paz y Seguridad 2018-2024. Antes existía una estrategia parcial y no integral, enfocada a solo combatir coercitivamente el fenómeno. Y era selectiva (por los acuerdos entre gobernantes y algunos cárteles), acrítica y legalmente dogmática, se perdió la sensibilidad humana institucionalizando prácticas corruptas, de exterminio y violatorias de los Derechos Humanos.

Los lineamientos actuales de seguridad pública nacional hablan de políticas de atención, comprensión y calidez a los jóvenes. Va a las causas sociales de la inseguridad y oferta empleo, educación, salud y bienestar. “Abrazos no balazos” implica, en el programa nacional, seguir combatiendo coercitiva y reactivamente el clima de inseguridad (eso que dicen los falsos críticos que ya no existe), pero respetando el Estado de Derecho que significa, entre muchas cosas, no violar los Derechos Humanos. A los delincuentes se les defiende de no ser torturados ni asesinados. No se les defiende de los delitos cometidos.

Por otro lado, el neoliberalismo, como forma de existencia del capitalismo imperial de nuestra época, se apoya en muchos métodos para arrebatar riquezas a naciones subdesarrolladas y dependientes y, de esa manera, acrecentar y concentrar capitales que no necesariamente tienen un origen estrictamente económico.

Es el caso de métodos en los procesos productivos, financieros, comerciales, políticos, aprovechando condiciones morales, ideológicas, o intervenciones bélicas y de terrorismo, el uso desmedido de la corrupción y, en México, al crimen organizado y sus efectos.

Desde el extranjero se potencia financiando, armando, adiestrando, asesorando, protegiendo a grupos criminales y creando infraestructuras. El grueso de utilidades de las actividades ilícitas de México, y otras naciones, van a parar a corporativos empresariales de EEUU, uno de ellos es la industria armamentista. Y también al negocio de drogas. Con la crisis neoliberal, el imperialismo aprovecha todo tipo de actividades lícitas, e ilícitas, de recuperación económica, al costo que sea, incluyendo de vidas.

Por eso, la pacificación de México debe ser obra de todos; sistemática y sincronizada, multidisciplinaria, interinstitucional y transversal. Empieza en la familia, sigue en la escuela, Universidad, centros de trabajo, clubes de servicio, deportivos, de recreación, en los grupos sociales y de oración (las iglesias), en la planeación de políticas y actuaciones de los gobiernos municipales, no solo desde los cuerpos policiacos sino involucrando a la diversidad de dependencias, representaciones y organismos auxiliares.

Luego a los ámbitos estatales y federal. Igualmente exigiendo, nuestro gobierno mexicano, correspondencia a sus homólogos que participan por omisión, negligencia o por obra, en actividades que alimentan nuestra inseguridad. En esa vía urge la creatividad de nuestros gobernantes estatales y de municipio, de las iglesias, partidos políticos que deben decir y hacer, los monopolios de la comunicación. En fin, todos.

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