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jueves, 26 mayo, 2022
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La inseguridad no se resolverá pronto, pero hay que ayudar a que se logre

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Por: BENJAMÍN MOCTEZUMA LONGORIA •

Quisiera decir lo contrario, pero todo hace indicar que el grave problema de inseguridad que vivimos en México, muy acentuado en el estado de Zacatecas, no se resolverá pronto, aunque si puede irse reduciendo. A diferencia de la derecha corrupta que sólo aspira a deteriorar la imagen del actual gobierno y matar la esperanza de un cambio verdadero, habemos muchos interesados en encontrar un camino cierto (por espacio abrevio).

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En principio hay que reconocer las causas multifactoriales de la inseguridad. Y aceptarlo así, implica reconocerlo como un fenómeno social, más allá de las leyes o de lo administrativo. Por tanto, como una expresión de algo más profundo.

Si tal es la visión, entonces no resultará difícil entender que no se trata de un asunto exclusivamente policiaco que deba ser atendido por la promulgación de leyes, o de modificar la manera del cómo operan las instituciones de administración y procuración de la justicia o, incluso, de que corporación o sumatoria de ellas se destina a enfrentarla. Todo eso es necesario, pero muy insuficiente.

La inseguridad se sostiene sobre estructuras económicas y sociales deterioradas y que, en el caso de México, se caracterizan por un proceso sostenido y creciente de concentración de la riqueza y la profundización de las desigualdades sociales a niveles insostenibles.

Pero, también encuentra cuna en las estructuras de corrupción generalizada, que se alimentaron más afanosamente en todo el período neoliberal, y que ha sido uno de los métodos utilizados por el gran capital transnacional para apropiarse de todo tipo de riqueza mexicana y acrecentar su riqueza.

Eso propició el fortalecimiento de las estructuras del crimen organizado que, a la par, debilitó la estructura institucional a un grado tan amplio que, hasta la fecha, ha influido en gubernaturas, legislaturas federales y estatales, presidencias municipales y tiene una red tendida en distintos órganos de gobierno en los que pueden manejarse sus intereses, tales como Agencias del Ministerio Público, Juzgados, mandos policiacos, etc., igual  tiene como empleados a médicos, enfermeras, contadores, abogados, políticos, comerciantes, agrónomos, periodistas y más.

Pero, la inseguridad, en realidad sólo es una expresión. Y los homicidios dolosos, que se cuentan por miles, constituyen la parte más dolorosa de esa misma expresión. La enfermedad es más profunda y tiene contexto local (estados y municipios), nacional e internacional. Valga acentuar que su tratamiento ocupa atender todos esos contextos.

Estados Unidos es el principal consumidor de drogas y puede afirmarse que es, asimismo, matriz del crimen organizado. En los últimos años suman decenas de miles los muertos por consumo de drogas. Sus distribuidores internos financian al crimen internacional y, a su vez, es el principal abastecedor de armas a los cárteles y grupos del crimen organizado mexicanos.

No se ve que los gobiernos estadounidenses hagan lo suficiente en la disminución del consumo de drogas. Y tampoco han mostrado interés en disminuir sus exportaciones de armas. Al contrario, dejar de vender armas va contra el interés expansivo de su industria de fuerzas de destrucción.

A lo largo de las últimas dos décadas, la acumulación de recursos, mejoramiento de sus tecnologías tácticas, fortalecimiento de estructuras a diversos contextos y cooptación y/o penetración en las estructuras institucionales, ha hecho muy compleja la lucha por la seguridad.

Una solución duradera y sostenida por la seguridad debe proponerse romper las estructuras aquí descritas, en sus diversos contextos. Eso implica un trabajo institucional en los tres niveles de gobierno y ciudadano en México, pero también forzar a que Estados Unidos haga lo propio.

Una iniciativa que no toman gobiernos como el de David Monreal, en Zacatecas, o como la de los gobiernos municipales (excepto una buena intensión aun nebulosa en Guadalupe) es la de promover la movilización ciudadana en la prevención, en el entendido de que la lucha por la seguridad es tarea institucional y de la sociedad entera, en particular, de los padres de familia.

Pero una iniciativa así, y masificada, no encuentra facilidad espontánea, se ocupa un programa. Y éste no puede elaborarse ahí donde no se ha pensado.

Los opinólogos, principalmente los que son opositores a la Cuarta Transformación, y sus partidos políticos, no asumen una actitud responsablemente activa por la solución de nuestros problemas (uno de ellos el de la inseguridad); al contrario, trabajan afanosamente por complicar la solución.

Los opositores se interesan más por matar la esperanza de un cambio verdadero creyendo que, de esa manera, conquistan la simpatía ciudadana a pesar de que son parte del problema. En su momento, no mostraron capacidad, vocación, rumbo claro, transparente y ceñido a derecho. Son mucho de lo que tanto critican. En futuras entregas desglosaré algunas ideas aquí expuestas.

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