“El lenguaje del derecho es intencionalmente oscuro; se construyó así para que la gente no lo entienda”, afirmó la abogada y escritora Carla Escoffié durante la presentación de su libro Anarquismo jurídico, realizada la noche del viernes en el Foyer del Teatro Calderón. La autora sostuvo que el conocimiento legal ha sido históricamente utilizado para concentrar poder y excluir a la ciudadanía de los debates sobre justicia, y propuso repensar el papel de la Constitución desde la vida cotidiana.
Ante un público integrado por estudiantes, docentes y activistas, Escoffié explicó que su obra busca provocar más que enseñar. Dijo que fue escrita para quienes se sienten ajenos al lenguaje jurídico, “no como una introducción al derecho, sino como una provocación”, y subrayó que toda persona tiene algo que decir sobre las leyes, aun cuando nunca haya leído la Carta Magna.
Habló de un constitucionalismo popular, al afirmar que la gente ya participa en la construcción del sentido de la justicia desde sus propias discusiones y experiencias.
Explicó que el derecho modela la forma en que una sociedad imagina la libertad y el poder. “Pensar que es inaceptable que un presidente se reelija o que el Estado garantice la salud son expresiones de nuestra cultura constitucional”, señaló, al advertir que esas ideas no provienen de los tribunales, sino de los valores políticos que la población asume como propios.
Durante su intervención, Escoffié alertó que el modelo de Estado liberal atraviesa una crisis profunda y que las democracias actuales ya no garantizan ni justicia ni libertad.
Mencionó los casos de El Salvador y Argentina, donde, afirmó, se observan dos caminos distintos hacia el autoritarismo: la concentración del poder estatal en el caso de Bukele, y la entrega total al mercado bajo el gobierno de Milei. “Ambos son pasillos distintos del mismo infierno”, expresó.
Explicó que el título de su libro es un oxímoron deliberado: hablar de anarquismo desde el derecho implica una contradicción que decidió habitar conscientemente. Recordó que algo parecido ocurrió con su obra anterior, País sin techo, que fue criticada por urbanistas sin haberla leído. “Decidí que todos mis títulos serían provocadores —dijo entre risas—, porque exhiben la superficialidad del debate académico.”
Definió Anarquismo jurídico como una “conversación a distancia”, un texto que busca abrir grietas en el discurso legal y cuestionar la autoridad de quienes lo monopolizan. “La primera rebeldía es perderle el miedo al derecho”, subrayó.
Al comentar la obra, Fabián Recéndez destacó que Escoffié “pone al derecho a tambalearse sobre su propio pedestal” al tratarlo no como un dogma, sino como una práctica cultural viva. Afirmó que el libro “rompe la solemnidad del discurso jurídico y devuelve a las palabras su potencia política, la de incomodar y provocar reflexión incluso en quienes creen estar del lado de la ley”.
Por su parte, Brisa Celeste Márquez Román, al leer un texto inspirado en el libro, resaltó que “la primera gran insurrección es defender la esperanza” y reivindicó a la colectividad como el espacio desde donde puede reconstruirse el futuro.



