En 1971, el entonces presidente Richard Nixon suspendió la convertibilidad del dólar en oro. Así acabó, de facto, con el acuerdo de Bretton Woods, de 1944, que había creado un sistema monetario internacional para encauzar la recuperación económica de la posguerra. El entonces secretario del Tesoro, John Connally declaró: “El dólar es nuestra moneda, pero el problema es de ustedes”. Esa dualidad sigue siendo válida en esencia, en un contexto financiero muy distinto, tanto en Estados Unidos como en el entorno internacional.
Su significado ha variado, ciertamente, pues si entonces la política monetaria de Estados Unidos definía las condiciones financieras globales, hoy expresa el efecto de una gran deuda gubernamental y un distinto escenario político que replantea el papel dominante del dólar. Connally, en versión 2.0, indica que la naturaleza del problema sigue siendo la misma: el dólar como moneda nacional es un problema global.
Adam Tooze, prolífico historiador económico, formula una pregunta relevante respecto a cómo pensar en el cambio económico radical; un entorno que se expresa, hoy, de modo notorio. Se trata, afirma, de la dificultad para comprender el sentido de la historia económica.
El asunto que aborda es el sistema monetario global y, puntualmente, el futuro del sistema basado en el dólar de Estados Unidos. El modo de plantear la cuestión, según Tooze, debe apreciarse según las condiciones históricas particulares; es decir, la dinámica del sistema monetario y financiero.
¿Qué viene después del dólar? Una apreciación inicial es que “el sistema dólar se ha reinventado repetidamente”. No se trata de su función como moneda de reserva internacional. En 1971, el dólar se convirtió en una moneda fiduciaria; es decir, una moneda emitida por el gobierno sin respaldo de un activo físico, como ocurría con la convertibilidad en oro. Los bancos centrales mantienen reservas en dólares para mantener estable el valor de sus monedas, y facilitar el comercio internacional.
Puesto que la moneda de reserva no tiene respaldo físico, su función global se asienta en la estabilidad económica del emisor. Si en un momento el problema fue que Estados Unidos no tuviera suficiente oro para respaldar al dólar, hoy la cuestión es que la deuda en relación con el producto generado restrinja la capacidad de pago.
La cuestión, en general, apunta a una erosión de la importancia del dólar. Entre los argumentos que se proponen para ubicar la situación actual del dólar destacan las condiciones geopolíticas, puesto que hoy no todos los principales centros financieros están en su órbita. El dominio económico y financiero de Estados Unidos se ha reducido en términos relativos y hay otros espacios alternativos de diversificación.
Para Tooze, considerar el sistema dólar que comenzó en 1971 combina distintas etapas de la historia financiera. Así que un problema es caracterizar al sistema dólar. Es común, dice, señalar que desde la Segunda Guerra Mundial el dólar reemplazó a la libra esterlina como moneda de reserva en el mundo, pero en ese proceso el dólar se ha reinventado varias veces y de distintas maneras y hoy, por ejemplo, su configuración es muy distinta que en el periodo anterior a la crisis financiera de 2008. Es esa sucesión de formas las que caracteriza al sistema dólar. Y como se ha dicho en el debate al respecto: el sucesor del dólar es el dólar, dicho de otro modo, ha tenido repetidas metamorfosis. El significado de ese privilegio monetario y financiero, es decir, el problema sigue siendo global.



