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Eduardo Cerdán, El pánico fue un cachorro dormido [Premio Bellas Artes de Novela José Rubén Romero 2025]

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Por: BEATRIZ PÉREZ PEREDA •

La Gualdra 686 / Literatura / Entrevistas

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Cuando uno recupera un hecho traumático o nos enfrentamos al recuerdo de una persona que nos dañó, no obtenemos algo bien articulado. Hay muchos vacíos, palabras sueltas, ecos.
Eduardo Cerdán

 

Eduardo Cerdán nació en Xalapa, Veracruz, y tiene 29 años. Es narrador, editor, docente y gestor cultural. Es autor de los libros de cuentos Pasos en la casa vacía (2019), Los niños volvieron de noche (2021) y Había un perro bajo la cama (2022). Compiló la antología La lectura al centro. 55 autobiografías lectoras (2022). Este 2025 obtuvo el Premio Bellas Artes de Novela José Rubén Romero 2025 con su libro El pánico fue un cachorro dormido.

Ha recibido el segundo Premio Nacional de Relato Sergio Pitol 2015 y obtuvo mención honorífica en el Concurso Latinoamericano de Cuento Edmundo Valadés 2022. Fue becario del FONCA en Novela (2022), del PECDA en Cuento (2021) y del curso de verano de la Fundación para las Letras Mexicanas en Narrativa (2015). Estudió la maestría en Literatura Comparada en la UNAM, donde también ha impartido clases, y fue profesor en la Universidad Veracruzana.

Ha colaborado como editor en la revista Cuadrivio, el proyecto Punto de Partida UNAM, el Grupo Planeta México y Literatura UNAM, además de haber sido conductor en TV UNAM. Actualmente es coordinador de la Escuela de Escritura de la UNAM y editor en la Editorial de la Universidad Veracruzana.

Eduardo Cerdán 2025
Eduardo Cerdán 2025

Beatriz Pérez Pereda: Acabas de ser ganador del Premio Bellas Artes de Novela José Rubén Romero 2025 con tu libro El pánico fue un cachorro dormido, cómo te sientes, los premios Bellas Artes siguen siendo un gran referente en la literatura mexicana.

Eduardo Cerdán: Me parece rarísimo que hayan premiado mi novela. No la envié confiando en ella: yo estaba en una fase más bien recelosa y medio desesperada. Me daba miedo que se quedara en el puro intento porque en general le temo a la escritura estéril, aunque conozca muy bien sus beneficios. De hecho, apenas unas semanas antes del fallo le había pedido a una escritora, buenísima para acompañar procesos de escritura, que trabajara conmigo la novela, a ver si yo aún podía sacarla del limbo o si debía desecharla (es la primera que escribo, así que esto era probable). Por eso estoy tan sorprendido. Me da gusto que éste no sea un premio segmentado (como los hay para jóvenes o “de primera novela”), porque eso significa que hubo manuscritos de todo tipo y aun así el jurado apostó por una propuesta diferente. En este premio se privilegiaron novelas realistas durante mucho tiempo, pero tanto en 2024 como en 2025 hubo un evidente cambio de dirección. Ojalá que se mantenga.

BPP: Has mencionado que esta novela tiene un contenido y estructura “extraña”, también se conoce tu admiración y estudio hacia la obra de Amparo Dávila, Dueñas, Adela Fernández, etc., esta novela con la que ganas el Rubén Romero, en qué sentido es “extraña”, con qué tradición y autores dialoga tu obra.

EC: Sí converso mucho con esas cuentistas siniestras que he estudiado desde la academia, porque todo lo que he escrito tiene que ver con la estética de lo extraño, pero aquí me enfrenté al reto de sostener la trama en una mayor extensión (aunque no demasiado, porque la novela es brevísima). Es un libro algo raro porque formalmente está dislocado y además trabaja con contradicciones. Mezcla lo fantástico con un realismo crudo, el humor con lo grave, lo delicado con lo grotesco. Hay aspectos góticos, que por definición llevan a ambientes que parecen detenidos en el tiempo, pero también referentes que hablan de nuestra época. Pensé que ésta sería la historia de un tipo que se fuga, pero lo principal es más bien por qué se fuga. La escribí gracias a una beca y en su momento propuse que estaría compuesta sólo por monólogos (como hicieron Schwob y Akutagawa) que en conjunto narrarían la caída del protagonista. Luego me di cuenta de que esos monólogos no bastaban: amplié los recursos y en ese camino quise sumar algo alucinado (para esto me ayudaron Armonía Somers y Marosa DiGiorgio), algo melancólico a lo Guimarães Rosa, algo del gótico sureño (pensé mucho en Flannery O’Connor y Cormac McCarthy)… También incluí algo de los relatos orales de Xalapa y de Veracruz, que obviamente me nutrieron. En fin. Por esta mezcolanza digo que la novela es extraña.

Eduardo Cerdán. Foto de Guillermo Armenta Ugalde
Eduardo Cerdán. Foto de Guillermo Armenta Ugalde

BPP: El jurado del premio dijo que tu libro es una novela coral que entrelaza múltiples voces y géneros literarios, que tiene una construcción fragmentaria e hiciste una declaración que me parece muy interesante, que “intenta proponer un lenguaje del daño”, platícanos un poco más cómo desarrollaste esto y si tu propuesta se inserta en estas escrituras híbridas (en cuanto a la difícil clasificación de una obra en un género literario, así como el uso de recursos de un género usado en otro)

EC: Fíjate que sí hay algo de hibridez porque en algunos momentos juego con lo documental (noticias, posts en redes, algo más cronístico) y también con el discurso visual (capítulos en negro, caligramas, voces que se mueven en la página, una tirada de tarot). Tiene que ver con eso que dije del “lenguaje del daño”. Cuando uno recupera un hecho traumático o nos enfrentamos al recuerdo de una persona que nos dañó, no obtenemos algo bien articulado. Hay muchos vacíos, palabras sueltas, ecos. Además mi protagonista vive una suerte de animalización, así que no sólo se enfrenta al trauma y al recuerdo velado del abuso, sino que pierde su lenguaje en el camino.

 

BPP: El título de dos de tus libros tiene que ver con perros, en algunas de tus fotos en redes y en portadas apareces con tu mascota, cuál es tu relación con los perros y los animales y la naturaleza en general, ahora que es un tema fuerte y necesario en la literatura: el cambio climático, los animales, nuestra relación con ellos y sus derechos, etc.

EC: Los perros son lo más importante para mí porque la mía me vinculó con la vida cuando yo no le encontraba sentido. Simplemente por estar, sin palabras, mi perra es mi toma a tierra. Llegó con mucho miedo tras vivir en la calle, así que el nuestro ha sido un vínculo de sostén mutuo. Los perros me fascinan porque, además de que tienen su lenguaje, fundan otro para comunicarse con nosotros. Muchos animales pueden hacerlo, pero la domesticación de los perros los vuelve especiales. También son centrales en lo que escribo. Mi libro de cuentos más reciente, Había un perro bajo la cama, justamente habla de esas presencias: son relatos no sobre perros, sino con perros, que es como yo entiendo la vida. La novela que recibió el premio iba a ser un cuento de ese libro, pero enseguida me di cuenta de que la historia daba para un mayor desarrollo. En el manuscrito también hay una conversación constante con los animales. Me parecía importante que eso catalizara una reflexión más amplia, fuera de la propia especie y la angustia demasiado humana del protagonista. También aparece por ahí el rumor del cambio climático, por la transformación del paisaje y el envenenamiento de los ecosistemas. Es sólo un rumor, pero está. El protagonista trabaja en un laboratorio, así que su mundo debía estar poblado por esa conciencia del entorno y de los cuerpos.

BPP: Desde 2021 coordinas la Escuela de Escritura de la Dirección de Literatura y Fomento a la Lectura de la UNAM, cómo ha sido y cómo llevas esta experiencia siendo tú mismo un escritor y no sólo un burócrata.

EC: Me gusta mucho la gestión cultural. También soy editor desde hace varios años, pero creo que la escritura se lleva mejor con la gestión que con la edición, porque editar implica llenarse de demasiadas voces ajenas que a ratos pueden saturar e impedir que uno escriba lo propio. En cambio, en mi trabajo de gestión han estado al frente los públicos escritores y lectores. Creo que el hecho de que yo mismo sea parte de esos públicos me ayuda a entender tantito mejor las necesidades. Constantemente me pregunto qué querría aprender si me acercara por primera vez a un programa como el que coordino, por ejemplo. Imparto clases desde los 19 años, por otro lado, y esa experiencia me ha sido muy útil en la parte didáctica. Por mis traumas en espacios de formación literaria, también estoy muy al tanto de lo que no quiero replicar. Conviene que, dentro de ámbitos así, tanto docentes como estudiantes como gestores nos hablemos y nos oigamos como pares. Por eso siempre diseño y programo actividades desde la escucha.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_686

 

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