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La fotografía de Ruth Lechuga

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Por: Elena Poniatowska •

Para alegría de todos los mexicanos, es un gusto saber que la revista Artes de México, editada por la historiadora Margarita de Orellana y el escritor Alberto Ruy Sánchez, resguardan el acervo fotográfico de la reconocida coleccionista e investigadora Ruth Lechuga, a quien conocí porque fue amiga de Mariana Yampolsky.

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Alberto y Margarita conforman una pareja muy guapa. Ambos son altos y accesibles. Siempre sonríen y tratan con enorme cariño a los artesanos a quienes protegen. Para mí era una felicidad encontrarlos en la Feria del Libro de Guadalajara porque además de que su estand era el más bello de todos, ellos entregaban la alegría y los maravillosos colores de Artes de México a todos los visitantes y lectores.

Tanto Ruth Lechuga como Mariana Yampolsky publicaron su obra en Artes de México, una revista que desde el primer momento causó sensación en la cultura nacional. Durante varios años retrataron las artes populares de nuestro país: tradiciones, fiestas, danzas, costumbres, rituales e indumentaria de los pueblos indígenas de México, al grado de que ambos acervos tuvieron el reconocimiento de Memoria del Mundo por la Unesco en el año 2021.

De origen judío-austriaco, Ruth Deutsch Reiss, conocida como Ruth Lechuga, apellido de su esposo, el radiólogo Carlos Lechuga, llegó a México en 1939 al estallar la Segunda Guerra Mundial para escapar de los nazis. El presidente Lázaro Cárdenas había expropiado el petróleo, y como refugiada, Ruth asistió a una escuela nocturna para revalidar sus estudios en Austria, donde cursó siete años de latín, además de hablar francés.

La joven Ruth Lechuga comenzó a tomar fotos de México a partir de 1948, cuando visitó Bonampak, en Chiapas, y quedó impresionada no sólo por su belleza, sino por la presencia de los lacandones. Una experiencia que la sedujo y más tarde la hizo abandonar su profesión de médico para viajar por su “nueva patria” en burro, canoa, avioneta, camión, acompañada por su padre, Arnold Deutsch, quien se fascinó con la arqueología de nuestro país.

Ruth Lechuga murió el 19 de septiembre de 2004 a los 84 años en la Ciudad de México y nos heredó –además de su colección de 10 mil piezas de arte popular indígena que actualmente conserva el Museo Franz Mayer– su acervo fotográfico, que resguarda la revista Artes de México. Ese tesoro protegido por las alas de dos altos arcángeles, Maggie y Alberto, representa más de 60 años de fotografía.

Desde hace ocho años, Myriam Yarelli Ramírez Alonso coordina su acervo fotográfico, una labor invaluable para el arte y la cultura mexicana que ha requerido de mucho esfuerzo.

–Myriam, ¿cómo funciona el acervo fotográfico de Ruth Lechuga?

–Ruth trabajó mucho tiempo con Artes de México y antes de morir dispuso en su testamento que quedara en resguardo de esta editorial, con la idea de que se siguiera estudiando y difundiendo su fotografía. Entonces, Artes de México, después con otros socios interesados en este acervo y en las culturas de México, crearon la Fundación Ajaraca en 2016, en la que Celia Chávez de García Terrés resultó socia fundadora y nos ayudó muchísimo desde el principio para elaborar un inventario de las fotos: mover cajas, describir las imágenes, porque Celia sabía mucho del arte popular y del contenido de las fotos.

–¿Qué han encontrado en este acervo, Myriam?

–Todo llegó en cajas, Elena. Tenemos un acervo extraordinario de fotografías de toda la República y hemos registrado fotos de 23 estados.

–¡Ruth trabajó una barbaridad!

–Ruth viajó por todo México y reunió cerca de 30 mil negativos, muchas transparencias y también muchas impresiones que ella hizo en vida. En total son 77 mil 678 piezas las que se resguardan. Con la Fundación Ajaraca, a partir de 2018, comenzamos a organizar, clasificar y trabajar con estas extraordinarias imágenes. Se ha hecho limpieza, digitalizaciones de todos los negativos y la catalogación de los mismos.

–Qué bueno que estén tan bien preservados.

–Siempre intentamos seguir avanzando en todos los cuidados que necesita la foto porque tenemos fotos análogas. En la catalogación pudimos también identificar 36 pueblos indígenas y más de 175 fiestas tradicionales, que son la Semana Santa, el Día de Muertos, fiestas patronales y muchas celebraciones decembrinas. También hay carnavales y 18 ramas artesanales distintas. Ruth tenía especial interés en registrar personas: artesanas, artesanos, su trabajo y sus espacios. Todo eso lo dejó en sus fotografías. Además, tenemos cerca de 450 localidades que hemos identificado gracias a que ella anotó en sus hojas de contactos mucha información de años, lugares, danzas, fiestas y, en algunos casos, nombres de personas que vemos en las fotos. Esto nos ayudó muchísimo, obviamente, a hacer la catalogación, documentarlas y, a partir de eso, darlas a conocer a las comunidades de donde surgieron.

–Es una labor invaluable.

–Hemos ido a algunos lugares como Chiapas. El año pasado fuimos a Huejutla, Hidalgo; a Coyutla, Veracruz, y a seis pueblos purépechas de Michoacán, y fue muy enriquecedor mostrar las imágenes a las personas que muy entusiasmadas nos hablaron de ellas.

Margarita de Orellana, editora de la revista, es una de las principales promotoras del arte popular mexicano, además de impulsar a los artesanos de diversas regiones del país para que sigan participando en concursos de barro, cerámica, textiles, pintura, y su capacidad de entrega ha sido esencial en estos testimonios que nos regalan las comunidades retratadas por Ruth Lechuga.

–¿Qué les contaron, Margarita?

–Veían al artesano en la foto y decían: “este es mi papá… este era mi abuelito… ella es mi mamá y yo no tenía una foto de ella…” o “no la había visto tan joven” o “nosotros conocimos al hijo de ese señor”, e historias como esas que enriquecen nuestro trabajo. Son unos artesanos de San José de Gracia, en Michoacán.

“Hay una historia muy bonita con el pueblo San José de Gracia: ahí vivía un gran artesano que era líder, y una vez que regresé de un concurso de cerámica en Tlaquepaque, le dije a Ruth: ‘este señor te manda muchos saludos’. Ella lo conocía muy bien y me contestó: ‘¿estaba sobrio?’. Y así, hay personas que nos dicen: ‘Yo me acuerdo que venía Ruth’ o ‘conoció a mi abuelo’, y esas historias enriquecen y alegran nuestro trabajo.

–Myriam, en las fotos de Ruth Lechuga aparecen muchos personajes que no conocemos.

–Cuando estábamos haciendo esta investigación, trajimos a varios antropólogos, ya que no había una información exhaustiva, para que nos ayudaran a reconocer estos pueblos donde ellos trabajaban. Fue muy interesante porque nos enriquecieron mucho con sus comentarios. Hay secuencias, series de mujeres tejedoras que extienden los hilos cuando arman el telar de cintura. También están “las pastoras” de la fiesta de diciembre, las pastorelas que en Michoacán también son muy valiosas, la señora que hace miniaturas de barro y otras piezas que hacen en San José de Gracia con las anotaciones de Ruth: “Michoacán 1973, Ocumicho”.

Alberto Ruy Sánchez, quien me muestra una tras otra las fotografías del acervo, es un gran especialista en Ruth Lechuga.

–Alberto, ¿Ruth Lechuga fue pionera en México al dedicarse a este trabajo?

–Conjugó muy bien todos sus intereses de coleccionar, de promover la obra de artesanas y artesanos para que pudieran seguir haciéndolas según sus costumbres y de registrarlas fotográficamente, estudiarlas y conservarlas. Eso también es valioso de su fotografía, ver los diferentes momentos del trabajo textil, pero también de la cerámica, de las fibras naturales de tantas ramas. Ruth tenía una idea del arte popular que está aquí como su manifiesto: es un arte vivo, no es algo del pasado, no ha cambiado. Los que cambian son ellos, sus portadores, y eso es muy importante.

–Qué bueno, Alberto, que Ruth no lo vendió a Estados Unidos y se conserva aquí.

–Ruth era austriaca, pero nunca se había mostrado su fotografía en Austria y ahora Myriam va a llevar al Instituto Cultural de México en Viena una exposición sobre artesanas mexicanas con 30 fotografías. La exposición se llama Volver a Viena: creadoras mexicanas de arte popular en la lente de Ruth Deutsch, porque su apellido de nacimiento no era Lechuga. Conservó el Lechuga porque los artesanos no hablan alemán. Atesoramos fotografías de más de 40 años de viajes de Ruth, de 1946 a 1991, en el registro que tenemos aquí, el cual se complementa con fotos suyas antes de llegar a México. En Europa también hay fotografías de ella jovencita, en excursiones; le gustaba la montaña, explorar y caminar. Otras fotos son de la Ciudad de México del Día de la Virgen o Corpus Christi, cuando visten a los niños de inditos con sus huacalitos. Hay otras de la Danza de Negritos con sus máscaras acompañados por la “tuna”.

–Ustedes dos resguardan desde hace años un tesoro y lo hacen con mucho amor. Tú y Maggie merecen un gran reconocimiento de parte de la antropología de nuestro país.

–Sí, es nuestro tesoro, y para mantenerlo se requiere un esfuerzo enorme. Hay un sitio de Internet donde la gente puede comprar copias de este acervo, que consta de más de 400 fotos. Hay una sección para venta en línea y con los donativos se ha hecho todo este trabajo. Fíjate, Ruth fue muy agradecida con Lázaro Cárdenas. En su momento, simpatizó con el PRD, y cuando ya estaba enferma, Margarita le habló a Cuauhtémoc Cárdenas y le dijo que Ruth estaría muy feliz de conocerlo porque quiso mucho a don Lázaro. Para Ruth fue un momento de mucha felicidad.

Artesanías de cera, cerámica, chicle, cuerno, cartonería, fibras vegetales, instrumentos musicales, joyería, juguetes, lacas y bules, lapidaria, madera, máscaras, metales, miniaturas, muertitos, nacimientos, pintura, pintura popular, talabartería, textiles y vidrio, además de testimonios de fiestas populares, danzas y celebraciones se encuentran en las fotografías de Ruth Lechuga que captó durante 60 años y que forman parte del imaginario artístico y cultural de la segunda mitad del siglo XX.

En 2002, Artes de México, en coedición con el Museo Franz Mayer, publicaron el libro Una memoria mexicana, coordinado por José Antonio Rodríguez, y años más tarde, en 2011, Alberto Ruy Sánchez y Margarita de Orellana dedicaron el número 100 de la revista a la obra fotográfica de Ruth Lechuga con el título Los otros rostros de México, un homenaje póstumo a su invaluable colaboración y a la belleza de sus imágenes.

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