La Gualdra 700 / José Alfredo Jiménez / 100 Años
Por Carlos Alberto Torreblanca Padilla
A mí quien más me gusta es José Alfredo Jiménez, que no había leído un libro en su puta vida y escribió canciones maravillosas, para morirse.
Joaquín Sabina (Sabina y Menéndez 2006:359)
Como que me quiero acordar que la primera vez que escuché a José Alfredo Jiménez, cantaba la canción de “Ella” en la sala de la casa, mi padre la repetía junto con “Un mundo raro” en la consola tocadiscos. Para ese entonces apenas habían pasado cuatros años de su muerte, pero como hasta la fecha, seguía presente con sus canciones.
En las nocturnas reuniones con los bohemios amigos del barrio en Fresnillo, con guitarras en manos, acostumbrábamos a entonar las canciones del rey de la canción ranchera, afinando la garganta con algunas bebidas espirituosas. Qué le debo a la vida, que después me llevaría por el camino de Guanajuato, tierra que no conocía. Me instalé en el INAH Guanajuato, a través de las comisiones para atender denuncias de hallazgos arqueológicos, comencé a recorrer el Estado siguiendo a José Alfredo Jiménez.
Llegué al “bonito León Guanajuato, su feria con su jugada, donde la vida no vale nada”; cuentan con un amplio patrimonio arqueológico destruido por el crecimiento urbano y demográfico. Posteriormente, aunque la frase dice “No pases por Salamanca, que ahí me hiere el recuerdo, vete rodeando vereda”, sí llegué a recorrerla apoyado con los salmantinos para el rescate de su patrimonio arqueológico.
“El Cristo de tu montaña, el cerro del cubilete” fue nuestra salvación en una ocasión, debido a que nos internamos por la sierra en búsqueda de senderos para cortar caminos, entre San Felipe y Guanajuato capital, en un momento nos extraviamos, pero el cristo de la montaña apareció en el horizonte como punto de referencia, indicando el Cerro del Cubilete y con ello retomamos el rumbo correcto a nuestro destino. También transité por el angosto “camino a Santa Rosa, la sierra de Guanajuato” para ver, tras lomita, a Dolores Hidalgo.
En una expedición, junto con mis colaboradores, fuimos a La Montesa, en el municipio de Villa García, Zacatecas, con la finalidad de registrar un sitio rupestre. Al concluir nuestra estancia en el lugar, durante el retorno a Zacatecas, José Alfredo Jiménez nos acompañó con sus canciones, haciendo ameno el camino. Repasamos todas sus canciones y recordábamos distintos momentos cada uno con sus letras.
Esto viene a colación porque la canción del Jinete me remitió a La Quemada; recordé que Antonio Aguilar, el charro zacatecano, aparece en una escena, montado a caballo, trotando desde la Pirámide Votiva, pasando por la cancha del juego de pelota y termina en el Salón de Las Columnas. Cuando inicia la escena, aparece a un costado de la pirámide Votiva, y la primera estrofa de la canción dice: “por la lejana montaña, va cabalgando un jinete”, qué coincidencia la referencia a la montaña, debido a que las pirámides representaban a la montaña sagrada.
En fin, José Alfredo Jiménez, se inmortalizó por sus canciones, se convirtió en el símbolo de canción ranchera en México, su tumba en Dolores Hidalgo es un monumental sombrero charro y un colorido sarape. En el centro de su ciudad natal, se recuperó la casa donde nació y ahora es un museo dedicado a este destacado cantautor; tuve la oportunidad de recorrerlo, si bien tiene una museografía tradicional, las innovaciones tecnológicas valen la pena, además de los textos, hay audio para escuchar sus canciones y ver escenas de películas donde participó.
Es interesante leer la opinión de varios artistas sobre este destacado compositor guanajuatense, en particular la de Joaquín Sabina, lo cual me remite a una entrevista que le hiciera Javier Menéndez Flores, donde le comenta su admiración por José Alfredo Jiménez: “‘Que te den lo que no pude darte / aunque yo te haya dado de todo…’, ¡No se puede escribir mejor!… ‘Cuántas cosas quedaron prendidas / hasta dentro del fondo de mi alma…’, ¡Mira qué versos! ¡Ni Mallarmé lo mejora! ‘Cuántas luces dejaste encendidas, / yo no sé cómo voy a apagarlas’. Es que no se puede escribir mejor…” (Sabina y Menéndez 2006: 359).
Se cumple un centenario del nacimiento de José Alfredo Jiménez, y seguiremos escuchando y dedicando canciones, hoy es parte del patrimonio cultural mexicano, así que agradezco a este importante compositor “por el día que llegaste a mi vida…”.
Sabina Joaquín y Javier Menéndez Flores
2006 Yo también sé jugarme la boca. Sabina en carne viva. Ediciones B, Argentina.
*Centro INAH Zacatecas.
https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_700



