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■ La ciudad se conformó gracias al descubrimiento de yacimientos argentíferos en 1546

Zacatecas, de campamento minero a ciudad de gran relevancia: cronista

■ Fue conocida como la Atenas de Nueva España y la civilizadora del norte, afirma

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Por: Jaqueline Lares Chávez •

Al cumplirse 479 años del descubrimiento de las minas de Zacatecas, la fecha invita a reflexionar no sólo sobre los hechos fundacionales de la ciudad, sino también sobre la importancia de mantener viva la memoria colectiva y el orgullo por el legado histórico. Así lo expresó el cronista del Estado, Federico Priapo Chew Araiza, quien compartió un recorrido por los sucesos que dieron origen a una de las ciudades más emblemáticas de México.

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De acuerdo con el cronista, es necesario aclarar que Zacatecas no tuvo una fundación ni una conquista en sentido estricto. “Lo que ocurrió fue el descubrimiento de yacimientos argentíferos en 1546. Fue este hallazgo el que dio pie a la conformación de la ciudad”, explicó. Ocho años antes, en 1538, ya había llegado a la región Pedro Almendez de Chirinos, explorador enviado desde la Nueva Galicia, pero fue el 8 de septiembre de 1546 cuando se asentaron formalmente Juan de Tolosa y Diego de Ibarra, acompañados por un franciscano políglota, Jerónimo de Mendoza.

El encuentro entre los españoles y los pueblos originarios zacatecos no estuvo marcado, en un inicio, por la violencia. Juan de Tolosa prohibió a sus acompañantes agredir a los naturales, mientras Mendoza fungía como mediador. “Por eso no puede hablarse de una conquista”, señaló Chew Araiza. 

Las primeras construcciones surgieron de manera improvisada, sin un trazo urbano definido, pues se pensaba que la riqueza de las minas sería pasajera. Sin embargo, la abundancia de plata cambió el destino de Zacatecas. Con el hallazgo de vetas como las de Vetagrande y Pánuco, la ciudad creció rápidamente y atrajo a otros expedicionarios, entre ellos Cristóbal de Oñate y Baltasar Temiño de Bañuelos. El encuentro de estos cuatro personajes (Tolosa, Ibarra, Oñate y Bañuelos) en enero de 1548 quedó plasmado en el escudo de armas de la ciudad.

El cronista explicó que, desde la llegada de Juan de Tolosa y Diego de Ibarra, el 8 de septiembre de 1546 día en que se celebra a la Virgen de los Remedios, el asentamiento recibió el nombre de Minas de Nuestra Señora de los Remedios de los Zacatecas, convirtiendo a esta advocación mariana en patrona del lugar. Posteriormente, el rápido crecimiento llevó a que en 1585 Baltasar Temiño de Bañuelos gestionara y obtuviera el título de ciudad para las minas, y tres años después, en 1588, se les concediera el reconocimiento de “Muy noble y leal ciudad” junto con un escudo de armas.

Chew Araiza destacó que, en apenas 42 años, Zacatecas pasó de ser un campamento minero a una ciudad de gran relevancia en la Nueva España, cuya riqueza en plata y minerales sostuvo a la Corona durante siglos. Incluso hacia finales del siglo XIX y principios del XX, la minería continuaba siendo prolífica, y hasta hoy el estado se mantiene como uno de los principales productores de plata a nivel mundial.

El proceso de poblamiento estuvo acompañado por la llegada de diversos grupos indígenas aliados. En 1591, arribaron a la región mexicas y posteriormente 400 familias tlaxcaltecas, guiadas por el capitán mestizo Miguel Caldera, uno de los primeros zacatecanos nacidos en la ciudad. “Traer a los tlaxcaltecas fue estratégico explicó, porque eran un pueblo con un alto grado de civilización: conocían la agricultura, la ganadería, la cocina y tenían técnicas avanzadas de hilados, lo que ayudó al proceso de aculturación y evangelización de los pueblos seminómadas locales”.

La influencia de Zacatecas se extendió más allá de sus fronteras. Juan de Oñate, hijo de Cristóbal, emprendió expediciones hacia el norte en 1592 que culminaron con la fundación de Nuevo México, estableciendo misiones y ciudades que consolidaron la presencia novohispana en la región. Además, a partir del auge minero, se impulsó la creación del Camino Real de Tierra Adentro, ruta que conectaba a Zacatecas con la Ciudad de México y, más tarde, con Nuevo México, convirtiéndose en una vía fundamental para el intercambio comercial y cultural.

La riqueza material se acompañó de un notable desarrollo cultural y religioso. Diversas órdenes (franciscanos, dominicos, agustinos y jesuitas) llegaron para atender el crecimiento poblacional y llevar a cabo la evangelización. En el siglo XVIII, el Colegio de Propagación de la Fe de Nuestra Señora de Guadalupe se convirtió en un centro desde el cual partieron misiones hacia el norte del continente. “Zacatecas fue conocida como la Atenas de la Nueva España y la civilizadora del norte”, subrayó Chew Araiza.

Pero el legado no se limita al ámbito religioso o económico. De Zacatecas surgieron personajes clave para la historia de México, como Juan Ignacio María de Castorena Ursúa Goyeneche y Villarreal, considerado el primer periodista de América y promotor de la educación femenina; y Juan de Oñate, recordado como “el adelantado” por sus expediciones hacia territorios lejanos.

A 479 años de aquel 8 de septiembre de 1546, el cronista invitó a reflexionar sobre la importancia de conocer la historia y fortalecer la identidad colectiva. “Cuando somos conscientes de nuestros orígenes, generamos un sentimiento de pertenencia y orgullo. La grandeza de México dependió en buena medida de la riqueza de Zacatecas, y debemos reconocer que aquí floreció una alta cultura que exportó conocimiento y civilización hacia el norte”, afirmó.

Para Chew Araiza, el desafío actual es recuperar ese orgullo frente a los problemas contemporáneos. “Ciertamente, los tiempos actuales no sólo en Zacatecas, sino en todo el país, son complejos. Pero cuando volteamos al pasado y vemos la riqueza histórica y cultural de esta ciudad, sentimos orgullo, cariño y amor por nuestra tierra. Y ese amor nos invita a cuidarla, protegerla y engrandecerla”, reflexionó.

De cara al próximo año, cuando Zacatecas cumpla 480 años de su fundación, el cronista hizo un llamado a redescubrir la historia y transmitirla a las nuevas generaciones. “Conocer nuestro pasado nos permite valorar lo que somos. Ojalá que más zacatecanos se interesen en su historia y se dejen fascinar por ella. Así podremos seguir celebrando, no sólo por tradición, sino con plena conciencia de la grandeza de Zacatecas”.

Hoy, en la víspera de los 480 años, la ciudad se erige como un testimonio vivo de la fusión cultural, la riqueza minera y la resiliencia de sus habitantes. Un lugar que no sólo dio brillo a la Nueva España y a Europa, sino que sigue siendo motivo de orgullo para México y, en particular, para quienes lo llaman su hogar.

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