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El Museo Zacatecano, Wirikuta y la reconfiguración de la identidad cultural

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Por: Víctor Hugo Ramírez Lozano •

La Gualdra 677 / Ruta sagrada a Wirikuta / Patrimonio Mundial

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Este año se cumplen tres décadas de la apertura del Museo Zacatecano, el cual marcó un hito en la vida cultural de nuestra ciudad. Distinguiéndose de los demás, nació en un ambiente cultural muy diferente, más consolidado y quizás con más compromisos, pues su creación en 1993, se dio cuando el Centro Histórico de Zacatecas ya había sido inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial, y no antes como los otros museos. Sus colecciones “semilla” fueron la de Hierros Forjados Coloniales, la de Retablos Populares Mexicanos y la principal, y más fuerte: la de Arte Huichol, centrada en la colección formada por el doctor belga Enrique F. Mertens y que el Gobierno del Estado había adquirido durante la gestión del Gral. Pánfilo Natera.

Autor Andrés Valenzuela. Sin título. Mural de estambre. Cera de campeche sobre madera. 1966. 88 x 636 cm.
Autor Andrés Valenzuela. Sin título. Mural de estambre. Cera de campeche sobre madera. 1966. 88 x 636 cm.

La Colección Mertens, introdujo formalmente una expresión cultural que, hasta ese momento, permanecía en gran medida ajena a la narrativa identitaria de Zacatecas, si bien por un tiempo estuvo exhibida en algunos salones del Instituto de Ciencias (hoy Prepa 1) a modo de una caja de las maravillas, como una recopilación de objetos bellos, coloridos bordados con punto de cruz, curiosos e intrigantes, pero en general ajenos a los valores culturales vigentes en aquel momento. La cultura wixárika -la huichol- con sus profundas raíces espirituales y su vibrante cosmogonía, era vista como algo distante, desconectada de la idiosincrasia local. Sin embargo, el tiempo y una comprensión más profunda de la naturaleza propia de la cultura y su dinámica, han comenzado a desdibujar algunas ideas ¿fronteras? Preconcebidas.

Bordado Huichol. Autor anónimo. Flores de peyote, Colección Mertens. Museo Zacatecano
Bordado Huichol. Autor anónimo. Flores de peyote, Colección Mertens. Museo Zacatecano

La presencia de la Colección Mertens en el corazón de Zacatecas, justamente en la antigua Casa de Moneda y Ensaye, fue, en sí misma, un acto de “puente cultural”. Al exhibir la riqueza del arte huichol, el Museo Zacatecano no sólo ofreció una ventana a una tradición artística, sino que también inició un diálogo largo y silencioso sobre la interconexión de los pueblos y sus territorios espirituales. Poco a poco, la percepción de su presencia en Zacatecas ha ido transformándose, dejando de lado las divisiones territoriales políticas y superando los caprichos orográficos de la geografía mexicana.

Durante los siglos del virreinato, del XVI a los primeros años del XIX, los polos de desarrollo minero a la vera de la Ruta sagrada a Wirikuta, primordialmente los de Zacatecas, esperaban con ansia a las peregrinaciones de huicholes provenientes de la costa del Nayar, pues consigo traían cargamentos de sal, la cual era necesaria para el beneficio de la plata en el proceso de amalgamación de patio; dicha sal, por su mayor pureza que la saltierra traída de las salinas de San Luis Potosí, funcionaba mejor en las reacciones químicas y por lo tanto, recuperaban más metal con menos gastos, pues además, la adquisición salina se hacía por intercambio de bienes y servicios, y no estaba gravada con algún impuesto. Así, su ruta entre Zacatecas y Guadalupe, por ejemplo, se trazaba siguiendo las haciendas mineras, justo sobre lo que hoy ocupa el boulevard metropolitano. El espacio sagrado para unos, y económico para otros, se unía dando lugar a la convivencia e interdependencia de ambos. Tanto de ida como de regreso de Wirikuta, los peregrinos ofrecían su mano de obra en los centros urbanos, rancherías y haciendas ganaderas como jornaleros, trabajadores agrícolas y también en las faenas propias de la minería. Algunas mujeres eran empleadas en labores domésticas y vendían sus artesanías.

Aquel trajín de siglos y convivencia en un mismo espacio, al menos hasta mediados del siglo XIX, entretejieron un tapiz cultural e identitario, del cual apenas podemos darnos una mínima idea. Hoy, la cultura universal se concibe en una dimensión más robusta, con una fuerza capaz de formar y transformar el espíritu humano, desvinculada de las líneas cuasi arbitrarias que fragmentan territorios y se plasman en los mapas.

mapa corredor biocultural y amenazas
mapa corredor biocultural y amenazas

Esta reconfiguración de la identidad cultural cobra una relevancia aún mayor al considerar el reconocimiento de la Ruta sagrada a Wirikuta en la Lista del Patrimonio Mundial por la UNESCO. Este camino ancestral, vital para la cosmovisión wixárika y que fue necesario para el sostenimiento de la minería y algunas comunidades rurales, atraviesa vastas extensiones de territorio, su trayecto tiene una extensión de 450 kilómetros, inicia en el corazón del territorio huichol, latiente entre los estados de Nayarit, Durango, Jalisco y Zacatecas; atraviesa Zacatecas y culmina cerca de Real de Catorce en San Luis Potosí.

Museo Zacatecano. Antigua Casa de Moneda. Foto Victor Hugo Ramírez Lozano
Museo Zacatecano. Antigua Casa de Moneda. Foto Victor Hugo Ramírez Lozano

Paradójicamente, mientras el mundo se prepara para honrar esta ruta milenaria, muchos zacatecanos aún persisten en la noción de que la cultura wixárika «no es de aquí». Esta resistencia subraya la persistencia de viejos paradigmas que se aferran a una visión restrictiva de la pertenencia y la identidad.

El desafío actual radica en armonizar la riqueza de la herencia cultural wixárika con la identidad zacatecana contemporánea. Cuando se creó el Museo Zacatecano se sembró una semilla. Gracias a sus salas y a la colaboración de varios investigadores y asociaciones como Conservación Humana A.C. en distintas etapas de su consolidación, hemos logrado un mejor entendimiento de las formas de convivir, pensar y amar de los wixáritari. 

El reciente reconocimiento de la Ruta sagrada a Wirikuta como Patrimonio Cultural de la Humanidad, ofrece una oportunidad invaluable para que Zacatecas, lejos de la promoción turística y mercadológica, abrace plena y responsablemente su rol como parte de un territorio cultural mucho más amplio, que hilvane, como sus hilazas de colores, lo ancestral y lo moderno.

Es tiempo de reconocer que la cultura no se confina a las demarcaciones político-administrativas. Por el contrario, fluye y se entremezcla con la tierra, dando frutos y enriqueciendo a todos aquéllos que están dispuestos a ver más allá y a reconocer la profunda conexión que nos ha reunido en un mismo crisol, en el cual, se funden identidades y -también- se separa la escoria. Sólo así podremos construir una identidad más sólida y auténtica, que integre a la sociedad y aquilate de manera más justa nuestro patrimonio compartido.

Las manos que se han levantado a favor de este reconocimiento el 12 de julio pasado en la 47ª. reunión del Comité del Patrimonio Mundial en París, no sólo han avalado la importancia que la Ruta sagrada a Wirikuta representa para la humanidad, sino también, ponen de manifiesto el calibre cultural de Zacatecas, pues a esta última inscripción se suman la del Itinerario Cultural del Camino Real de Tierra Adentro (2010) y la del propio Centro Histórico de Zacatecas (1992). 

Esto convierte a Zacatecas en un verdadero punto de referencia mundial; un lugar donde dos venas culturales que nos dan identidad se encuentran: una precortesiana y otra hispana, que se han hallado su cruce en nuestra ciudad, al pie del cerro de la Bufa. Zacatecas es, como un punto de cruz -único e irrepetible- que forma parte del infinito bordado de la cultura universal. ¡Qué maravilla y enhorabuena por México!

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_677

 

 

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