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■ Utilizan apenas el 3% del tiempo diario para actividades recreativas

Mexicanos, con poco tiempo para descanso y la realización personal

■ Falta de tiempo afecta marcadamente a las mujeres, limitando su propio autocuidado

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Por: ALEJANDRA CABRAL •

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo (ENUT) 2019, apenas 3% del tiempo diario de los mexicanos se emplea en actividades recreativas, culturales o de esparcimiento. La mayoría del tiempo se reparte entre el trabajo remunerado, el doméstico no remunerado y los traslados, dejando poco margen para el descanso o la realización personal.

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En México, la falta de servicios básicos como el agua dentro del hogar puede marcar la diferencia entre tener acceso al ocio o no, como lo evidenció un estudio de Corona y Miranda (2024), basado en los microdatos de la ENUT 2009-2019. El riesgo de no realizar actividades recreativas aumenta 30% cuando no hay agua entubada dentro de la vivienda y 37% si es necesario acarrearla desde otro lugar, concluyó el estudio.

Mientras que las mexicanas dedican en promedio 30.8 horas semanales al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, los hombres solo destinan 11.6. La “pobreza de tiempo de los mexicanos”, como lo han denominado artículos de investigación, afecta marcadamente a las mujeres, limitando su participación en la vida cultural, comunitaria y en su propio autocuidado.

Desde los años setenta, el sociólogo Stanley Parker advirtió que las prácticas de ocio están atravesadas por el tipo de empleo y el origen de clase. 

El Catalogue of Leisure Activities (CaLA), una herramienta que clasifica más de 280 actividades de ocio en nueve categorías ha retomado esta perspectiva. Estudios que han utilizado el CaLA en países europeos han demostrado que las personas con mayor escolaridad o mayores ingresos participan de manera más constante en actividades como el turismo cultural, la escritura, el cine de autor, la jardinería especializada, la fotografía o la participación en clubes de lectura o asociaciones civiles. 

En cambio, aquellas con menos recursos o con largas jornadas de trabajo se concentran en formas de ocio más inmediatas, de bajo costo o que no requieren planificación, como el consumo de televisión, el uso de redes sociales o escuchar música.

Por otra parte, el crecimiento del ocio digital puede presentar ventajas, como demostró un estudio longitudinal con más de diez mil participantes adultos en China. Los investigadores Bian y Xiang (2023) encontraron que tanto el ocio activo como el digital pueden reducir el riesgo de depresión, aunque con distintos mecanismos.

Las actividades presenciales como el deporte o las reuniones cara a cara protegen la salud mental porque fortalecen los vínculos sociales consolidando redes de apoyo, pero el ocio digital también se asoció a una menor vulnerabilidad a la depresión, al ofrecer espacios de evasión y control personal en entornos cotidianos marcados por la presión o la precariedad, señalaron los autores.

Sin embargo, el estudio sí encontró diferencias entre el ocio receptivo, como ver televisión o películas, y el ocio activo cognitivo, como la lectura, ya que este último mostró una asociación más consistente y significativa con una mejor salud mental.

Otros estudios han explorado el uso de videojuegos como una forma legítima de ocio serio, señalando que los jugadores desarrollan habilidades, vínculos sociales o creatividad a través de ellos. Sin embargo, este tipo de actividades aún suelen ser consideradas como formas banales de entretenimiento, a pesar de su creciente complejidad narrativa y expresiva.

En este sentido, la sociología del ocio también recuerda que prácticas como el grafiti o los juegos de azar rara vez se reconocen como actividades culturales o edificantes, pese a que cumplen funciones recreativas, identitarias y comunitarias para amplios sectores de la población.

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