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Desmenuzar las estatuas: Alpha, de Julia Ducournau [Cannes 2025]

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Por: SERGI RAMOS •

La Gualdra 677 / Desayuno en Tiffany’s, mon ku / Cine / Cannes

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En Alpha, largometraje de Julia Ducournau presentado en competición oficial por la Palma de Oro en el Festival de Cannes, coexisten por lo menos tres películas.

Tres en uno

La primera entronca con Titane, su anterior largometraje ganador de la Palma de Oro en 2021, con una aproximación del cuerpo marcada por el género fantástico. Allí, retomaba la idea de una hibridación entre el hombre y la máquina desde las coordenadas del body horror, con una evidente influencia de David Cronenberg. Esta vez, parte de otro género, la ciencia ficción distópica, en una realidad donde un virus contamina a los adultos transformándolos poco a poco en estatuas de mármol.

La segunda película funciona como el referente histórico de la primera, la que se oculta tras el símbolo de las estatuas. Desde los créditos de inicio, en el que vemos un brazo lleno de marcas de pinchazos de aguja, entendemos que esa epidemia no es otra cosa que la aparición del SIDA a inicios de los años 1980. Sus víctimas: los homosexuales y sobre todo los heroinómanos, que se pinchan en los rellanos de los edificios o se mueven en las discotecas marginales. Como Amin, el tío de Alpha, la joven protagonista de trece años.

La tercera película es un melodrama que abarca el ámbito familiar. Alpha, tras emborracharse en una fiesta, se hace un tatuaje con una aguja usada. Inmediatamente, su entorno teme que haya sido contaminada por el virus, y se ve aislada y acosada. Su madre, médica en un hospital, ve con angustia cómo su hija puede estar infectada por el mismo virus del cual fue víctima su hermano Amin. Esta relación entre madre, hija y tío, sobre la dificultad de crecer y de acompañar el crecimiento, constituye el verdadero núcleo de la historia, cuyo resultado acaba viéndose perjudicado por el dispositivo estético de Ducournau.

Una estética de la agresión

Alpha navega entre estas tres películas, proponiéndole al espectador atar cabos, y pasar de una a otra. Los créditos de inicio mostraban los pinchazos en las venas de Amin, y cómo Alpha los unía con el trazo de un rotulador. 

La realizadora francesa apuesta por oscilar entre lo real y lo simbólico, saltar entre distintas épocas y crear múltiples niveles de realidad sin cumplir plenamente su programa de desorientar al espectador. Dota a cada época de un tono cromático específico o a la madre de un peinado distinto, marcas que le sirven de guía.

Ducournau aspira a filmar la fragilidad de los cuerpos enfermos, a pesar de que los convierta en mármol. Pero al mismo tiempo maltrata a sus personajes, desbocando emociones, atravesando y golpeando las carnes o sometiéndolos a convulsiones permanentes. Su mirada aparentemente empática despliega una estética de la agresión que no deja espacio para que sus personajes puedan respirar, ni para que el drama familiar pueda alcanzar un pleno desarrollo.

También chirría la aplicación de la estética del horror, directamente extraída de Titane, a un núcleo esencialmente dramático, con tremendos resultados para el espectador. Música enfática, montaje epiléptico, primerísimos planos… Una gramática enfurecida que compartió con otras cintas mostradas en competición, y con la que se pretende triturar sin piedad a los personajes y al espectador.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_677

 

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