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lunes, 17 enero, 2022
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El Gas Natural y la crisis energética en Europa

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Por: José Luis Pinedo Vega •

Este invierno, en Europa la calefacción resultará hasta 10 veces más cara que el invierno anterior.

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El Gas Natural (GN) aporta el 24.7% de la energía que se consume en el mundo entero. Es la menos contaminante de las fuentes de energías fósiles -produce 30% menos CO2 que el petróleo y 45% menos que el carbón-. Pero, aunque el GN es indispensable no es la más abundante. Al ritmo de consumo actual las reservas de Gas Natural tendrán una duración de 25 años, mientras que las de petróleo 53.5 años y las del Carbón 139 años. Las principales reservas están en Rusia (19.9%), Irán (17.1%), Qatar (13.1%), Turkmenistán (7.2%), Estados Unidos (6,7%)…

Los precios del gas en Europa han subido drásticamente durante varios meses y particularmente el mes de diciembre. El martes 21 de diciembre 2020, el precio de referencia europeo, el TTF holandés, aumentó un 22% para ubicarse en 180.27 euros por Mega Watt hora (MWh); diez veces superior al observado hace un año y 90% más alto que a principios de diciembre. Una casa habitación en España consume entre 5MWh y 15 MWh por año, de tal forma que solo en gas el consumo es del orden de entre 900 y 2700 euros por año.

¿A qué se debe esta situación y cuáles son las consecuencias económicas, sociales y geopolíticas de esta crisis?

El 60.7% del consumo de energía de la Unión Europea (UE) se importa. El gas representa el 21% de su consumo total y está sujeto a variaciones de precios que no puede controlar. El 77% de las importaciones europeas de gas llegan mediante gasoductos. El 23% restante se transporta por barco en forma de gas natural licuado (GNL). Este proviene de Estados Unidos, Qatar y Argelia. El precio del gas licuado es del orden del doble que el gas que puede llegar por gasoductos, aun así, es la única forma de asegurar el abasto desde lugares lejanos.

Los principales proveedores de la UE son Rusia (41%) y Noruega (16,2%). Luego vienen Argelia, Qatar, Nigeria y Estados Unidos.

Los aumentos de precios actuales se deben principalmente al aumento de la demanda y la reducción de la oferta.

En el 2021 la demanda aumentó debido, a que el invierno 20-21 fue frío y largo, y a la reactivación de la economía tras la primera etapa de la pandemia. Por otra parte, la ausencia de vientos en el Mar del Norte, provocó una reducción en la producción de energía eólica y por tanto aumentó la demanda de gas para producir electricidad.

Adicionalmente en el 2020 se sucedieron numerosos incidentes: trabajos de mantenimiento en los gasoductos rusos, un incendio en uno de ellos el verano pasado, la reducción del tránsito de gas ruso por Ucrania debido a las tensiones entre los dos países, operaciones de mantenimiento en depósitos en el Mar del Norte y el cierre del sitio de producción de GNL más grande de Noruega después de un incendio.

Pero esas son las causas que se manejan en los medios. En los hechos ha gravitado mucho la reactivación de la Guerra Fría, y el embargo a Irán -dos de los frentes de la OTAN-. La nueva Guerra Fría comenzó con la incorporación a la OTAN en el 2004 de 7 antiguas repúblicas soviéticas –Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania, Rumania, Eslovaquia y Eslovenia- y prosiguió con el surgimiento de los movimientos pro-occidentales, la Revolución Naranja en Ucrania en el 2004 y en el 2008 la Revolución Rosa en Georgia. Vladimir Putin interpretó que esos movimientos no eran accidentales, sino que se trataba de una estrategia de Occidente para neutralizar a Rusia y para extender la influencia de la OTAN a Ucrania, país estratégico para Rusia.

Para impedir que Ucrania se le fuera de las manos, Putin en 2013 decidió la intervención militar de Rusia en Ucrania. Tras la intervención militar, Estados Unidos, Japón y la Unión Europea, le impusieron sanciones comerciales a Rusia. Y, en el 2016, la OTAN instaló una base militar en Rumania, rompiendo el acuerdo de 1991, y en el 2020 instaló otra base militar en Polonia. Según eso ambas bases apuntaban a Irán, pero casualmente están en la vecindad de Rusia.

Rusia, no ha podido contener los intentos de expansión de la OTAN, pero encontró como instrumento de defensa estratégica, el gas, dado que seguirá siendo imprescindible en Europa. Rusia tiene cerca de la quinta parte de las reservas mundiales de gas y es el principal proveedor de la Unión Europea.

Y tras la embestida de la OTAN, Rusia voltea hacia el Este. Desde el 2008 China ha sido el principal socio comercial de Rusia. Asia, tuvo un invierno tan largo como Europa, y un repunte económico más importante que Europa. China se está convirtiendo en el mayor importador mundial de GNL. Así que es el mejor cliente potencial, si de vender gas se tratara, pero no se trata de eso.

En Europa las importaciones de GNL cayeron un 35% en el tercer trimestre. La entrada del invierno de 2021-2022 y la caída de las temperaturas apuntan a un nuevo aumento de la demanda de energía para calefacción. Y la limitación en la capacidad de exportación de Noruega refuerzan la dependencia de Europa respecto a Rusia. A través de Gazprom, Rusia, entrega lo que debe entregarse según los contratos europeos, pero no aumenta su capacidad de exportación a pesar de que lo puede hacer. El crecimiento en la demanda de gas en Europa le da a Rusia la oportunidad de ajustar las relaciones políticas y comerciales.

Sin embargo, persisten las tensiones diplomáticas entre Bruselas -sede de la OTAN- y Moscú por causa de Ucrania.

Para contrarrestar las consecuencias de la pérdida de influencia en Ucrania, Rusia necesita que se termine de construir el gasoducto Nord Stream 2 -de 1 200 kilómetros- que pretende llevar gas ruso a Alemania sin pasar por Ucrania, Polonia o los países bálticos- Tal proyecto fue fomentado por la ex canciller conservadora Angela Merkel. Pero el nuevo gobierno alemán parece tener como prioridad el contener a Rusia fuera de Ucrania en lugar de facilitar el suministro de gas. El ministro de Economía alemán, Robert Habeck, amenazó de «graves consecuencias» para el nuevo oleoducto en caso de agresión rusa contra Ucrania. La nueva jefa de diplomacia, Annalena Baerbock, también amenazó el 12 de diciembre con el «cierre» de Nord Stream 2 en caso de una escalada en Ucrania.

Así las cosas, no se vislumbra el fin de la crisis energética en Europa. Y no se trata de una simple confrontación entre oferta y demanda. Sin duda Europa es víctima de las estrategias de la OTAN, de bloquear a Irán y a Rusia, los países con mayores reservas de gas. Rusia, está haciendo lo que le queda por hacer, utilizando al gas -el hermano menor de los energéticos- como instrumento de contención y defensa. ¡Quien lo fuera a pensar!

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