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One battle after another, de Paul Thomas Anderson

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Por: ADOLFO NÚÑEZ J. •

La Gualdra 701 / Cine

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En el filme Moonage daydream (2022), dirigido por Brett Morgen y enfocado en la vida y obra de David Bowie, hay un breve momento en donde el multifacético artista reflexiona sobre su compromiso continuo de crear un trabajo, ya sea musical o visual, que sea capaz de capturar o representar la quintaesencia de cada año; una obra que reproduzca lo más fundamental y característico de ese momento en particular del tiempo y el espacio.

Al igual que David Bowie, en la actualidad siguen existiendo artistas que buscan algo similar, es decir, un retrato fidedigno de esas complejidades que distinguen a lo que se entiende como el presente o el ahora. En un momento de la historia donde las divisiones ideológicas y políticas son cada vez más notorias, explícitas y hasta celebradas, es común que también exista cierta indiferencia o hasta un adormecimiento colectivo frente a estos conflictos. En el cine no es la excepción.

Leonardo DiCaprio como Bob Ferguson, en One battle after another
Leonardo DiCaprio como Bob Ferguson, en One battle after another

Durante la última década, el cine hollywoodense ha establecido la evasión y el escapismo como principal norma, siendo pocos los cineastas que todavía buscan la confrontación hacia la audiencia, imponiendo su visión autoral y enriqueciendo el sello que los caracteriza. Entre los realizadores contemporáneos que aún llevan su cine hasta las últimas consecuencias, se encuentra Paul Thomas Anderson.

Aunque la filmografía de Anderson ha sido muy elogiada por la crítica, no es un realizador extremadamente popular con las grandes audiencias, pues su cine suele evitar condescendencias y obviedades en sus argumentos. El cineasta tiene un interés particular por personajes a la deriva, repletos de defectos y de actitudes cuestionables. Anderson nunca los juzga, simplemente los deja ser dentro de sus universos de ficción, y siempre resultan entrañables. 

Adaptación libre de la novela Vineland (1990) de Thomas Pynchon, One battle after another (2025) se trata de una reconciliación parcial entre Anderson y el público masivo, pues si bien se trata de una producción de más de 100 millones de dólares, también es un filme desafiante, incómodo y provocador. 

Sean Penn como el coronel Steven J. Lockjaw, en One battle after another
Sean Penn como el coronel Steven J. Lockjaw, en One battle after another

La cinta centra su atención en “Los franceses 75”, un grupo de rebeldes con sensibilidades anárquicas y que operan bajo acciones violentas en contra de la autoridad. Entre sus integrantes se encuentran Perfidia Beverly Hills (Teyana Taylor) y Bob Ferguson (Leonardo DiCaprio); ambos entablan una apasionante relación y conciben a una hija.

Dieciséis años después, el grupo se disuelve, Perfidia desaparece y Bob se ha convertido en un alcohólico y drogadicto ensimismado. Su hija, Willa (Chase Infiniti), es una adolescente que trata de convivir lo mejor que puede con su padre, sin saber mucho de sus acciones pasadas. En contraparte, el coronel Steven J. Lockjaw (Sean Penn), tiene motivos tanto profesionales como personales para capturar a Bob, Willa y a lo que queda de aquel movimiento revolucionario, que en el presente se ha reorientado para apoyar a migrantes ilegales.

A medio camino entre el drama familiar, el thriller político y la comedia negra, One battle after another propone un retrato desolador de un país marcado por la violencia, el racismo, los grupos paramilitares, la supremacía blanca y los revolucionarios alejados de la idealización. Repleta de imágenes que hacen un paralelo alarmante con la realidad, como un campo de detención para migrantes, o una caótica manifestación en contra de la policía que termina en tragedia, se trata también de una reflexión autoconsciente del propio Anderson sobre el temor a traer hijos a un mundo que literalmente se está desmoronando. 

Como el Bob de DiCaprio, el realizador sabe que ha llegado demasiado tarde para generar cambios significativos o, dicho de otra manera, para ser el protagonista de su propia historia. Lo único que les queda es darles esa misma fortaleza a sus hijos, llenos de incertidumbre, pero con esa vaga esperanza de que tal vez algún día las cosas mejoren. Tal y como ocurre en el emocionante clímax de la cinta, que sean capaces de alcanzar el terreno más alto y salir victoriosos por su cuenta. Al final, propone Anderson, es quizá la batalla más digna por la que vale la pena luchar.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_701

 

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