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sábado, 21 mayo, 2022
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Sofía Vasilevna Kovalevskaya: una de las vidas más fascinantes de la historia de la ciencia. (parte 1/2)

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Por: Juan Manuel Rivera Juárez •

Sofía Vasilevna Kovalevskaya, más conocida como Sonia, nació el 15 de enero de 1850 en Moscú en el seno de una familia burguesa rusa. Tuvo dos hermanos: la primogénita Anna (a la que llamaban familiarmente Aniuta), y su hermano menor, Fyodor. Los padres de Kovalevskaya tenían una buena formación y gozaban de una posición económica desahogada.

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En su autobiografía cuenta Kovalevskaya que cuando se trasladaron a vivir a su hacienda en Palibino (actualmente en Bielorrusia), les faltó material para empapelar las habitaciones y entonces utilizaron (para terminar de arreglar el cuarto destinado a los niños), las notas de un curso de matemáticas recibido por su padre e impartido por el eminente matemático ruso M. V. Ostrogradski, célebre por compartir con Gauss el teorema de la divergencia. Comenta Kovalevskaya que, con apenas siete u ocho años, se pasaba horas y horas mirando aquellos símbolos y fórmulas extrañas, tratando de averiguar qué página seguía a otra. También recuerda con cariño a su tío paterno Pyotr Vasilevich Krukovsky, que le hablaba con mucho entusiasmo de cuestiones matemáticas. Relata: “…no podía a esa edad entender esos conceptos, pero actuaron sobre mi imaginación, inculcándome una veneración por las matemáticas como una ciencia elevada y misteriosa que abre a los iniciados en ella un mundo nuevo y maravilloso, inaccesible a la mayoría de los mortales”.

Joseph Malevich (quien fue su tutor), describe a Kovalevskaya como una jovencita de apariencia agradable y atractiva, cuyos ojos marrones reflejaban una gran inteligencia y bondad, muy atenta y receptiva a sus clases, que asimilaba rápidamente. Otra influencia importante en su vida la obtuvo del físico N. P. Tyrtov. Quien se sorprendió (significativamente) cuando vio que Kovalevskaya no sólo había leído un libro de física que le había dejado a su padre, sino que además fue capaz de reconstruir sin ninguna ayuda las fórmulas geométricas que se requerían para poder entender los capítulos de óptica. Al ver esto solicitó con insistencia al papá de Kovalevskaya (en principio renuente, a que su hija estudiara matemáticas), que le permitiera proseguir sus estudios en esta ciencia, ya que daba sobradas muestras de capacidad. Lo que surtió efectos, porque Krukovsky (su padre) le buscó un excelente profesor, A. N. Strannoliubsky, con quien Kovalevskaya progresó muchísimo en cálculo y quizás en otras áreas de las matemáticas.

Una vez finalizada su etapa en la enseñanza secundaria, Kovalevskaya intentó ingresar en la universidad para continuar sus estudios en matemáticas. Pero no sólo se encontró con la oposición de sus padres, sino con la más frontal resistencia del sistema. A las mujeres les resultaba imposible en aquella época ingresar en las universidades de casi todos los países y la Rusia Zarista (no era la excepción), a lo más que podían aspirar era a matricularse en una especie de curso superior para mujeres, en los que se privilegiaba la enseñanza literaria en detrimento de la científica.

Kovalevskaya y su hermana Anna, pensaron en marcharse al extranjero, para lo cual una de ellas debería casarse. Entonces se puso de moda un tipo especial de matrimonio por conveniencia. Se buscaba a un hombre liberal, que se prestara a fingir un matrimonio legal con el único objetivo de ayudar a su esposa a eludir las trabas y dificultades de una sociedad que discriminaba brutalmente a las mujeres. Después, cada uno haría su vida por su cuenta. Aniuta eligió a un publicista y editor, con una gran afición por la biología, Vladimir Onufrievich Kovalevsky. Pero éste prefirió a Sonia. Tras algunas peripecias que no vienen al caso, Sonia y Vladimir se casaron el 27 de septiembre de 1868, se fueron a vivir a San Petersburgo, donde al menos podría asistir a algunas clases en la universidad, eso sí, siempre que fuera acompañada de su marido. Allí conoció al matemático P. L. Chebyshev.

En 1869 Sonia y Aniuta, acompañadas por Vladimir se instalan en Heidelberg. Allí, aunque no era legal, si los profesores lo autorizaban podía asistir a clase. Así consiguió escuchar a magníficos profesores, como Hermann von Helmholtz, G. R. Kirchhoff, R. W. Bunsen, Leo K ̈onigsberger y Paul DuBois-Reymond. Kovalevskaya se dio cuenta rápidamente que si quería progresar en su carrera académica, debía buscar el apoyo de un matemático importante. Por esta razón se trasladó a Berlín con la intensión de trabajar con Karl Weierstrass (el fundador del moderno análisis matemático y una de las figuras más destacadas de las matemáticas del siglo XIX). Kovalevskaya estaba consciente de que, aunque no pudiera entrar en la universidad, si lograba trabajar con Weierstrass, obtendría suficiente reconocimiento como matemática y eso le podría abrir muchas puertas (por ejemplo, a la hora de conseguir un trabajo).

Weierstrass era un fervoroso católico y recalcitrante soltero que también se oponía a la presencia de la mujer en la universidad, sin embargó tres fueron las razones que lo obligaron a cambiar de opinión: Primero, que como consecuencia de la guerra franco-prusiana, el número de sus alumnos disminuía alarmantemente; segundo, que venía recomendada por sus amigos y colegas de la Universidad de Heidelberg; y tercero, que Kovalevskaya superó la prueba –resolver un conjunto de problemas– a la que la sometió, con rapidez y originalidad. Como no obtuvo permiso de las autoridades de la universidad para que asistiera a clase, Weierstrass tomó la decisión de darle clases particulares dos veces por semana, convencido ya del talento que atesoraba Kovalevskaya.

He aquí una de las anécdotas de Kovalevskaya. Bunsen había jurado que ninguna mujer pisaría su laboratorio de química y menos aún si era rusa (Por esa razón rechazó a Yuliya Lermontova, amiga de Kovalevskaya). Sonia visitó a Bunsen quien, impresionado por su belleza y su encanto natural, modificó su postura. Poco después alertó a Weierstrass, haciéndole saber que Kovalevskaya era una mujer peligrosa. Por ese tiempo las peleas y desavenencias entre Sonia y Vladimir eran cada vez más frecuentes, hasta que un día Sonia explicó a Weierstrass –que estaba confundido por la forma tan extraña de comportamiento que tenían estos supuestos esposos– cuál era la situación real de su matrimonio. Para ayudarla, Weierstrass se ofreció a dirigirle la tesis. Tras dos años de intenso trabajo Kovalevskaya escribió tres trabajos, dos de los cuales –según Weierstrass– eran más que suficientes cada uno por separado para otorgarle el grado de Doctora. Los nombres son Sobre la teoría de ecuaciones en derivadas parciales. Sobre la reducción de cierta clase de integrales abelianas de rango tres a integrales elípticas y Notas suplementarias y observaciones sobre la investigación de Laplace sobre la forma de los anillos de Saturno.

En la próxima entrega continuaremos con esta fascinante historia.

Sé parte de la Unidad Académica de Ciencia y Tecnología de la Luz y la Materia (LUMAT). Informes: http://lumat.uaz.edu.mx/; https://www.facebook.com/LUMAT.UAZ; https://twitter.com/LumatUaz.

*Docente Investigador de la Unidad Académica
de Ciencia y Tecnología de la Luz y la Materia. LUMAT.
[email protected]

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