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viernes, 27 mayo, 2022
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Evocando mi juventud y al Zacatecas de ese entonces

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Por: ÁLVARO GARCÍA HERNÁNDEZ •

A mis casi 29 años como docente universitario, recuerdo que en mi época de estudiante las cosas no estaban tan mal, no recuerdo realmente algún evento que reprimiera nuestras eventuales marchas donde gritábamos consignas y mentadas de madre al gobernante y rector en turno; evoco con melancolía las tocadas de rock de aquellos grupos como Mr. Máquina, Amanecer, The four winds y otras bandas igual de gloriosas que amenizaban las campañas de convergencia universitaria y ABCD; yo comulgaba en ese entonces con los últimos. Me sentía en esos ayeres, identificado con las ideas revolucionarias que perseguían la igualdad, la justicia y la paz social, partiendo de una universidad fortalecida, con libertad de cátedra y con muchos maestros que nos inspiraban realmente con sus ideas y con su amplio conocimiento y vasta cultura. Era un privilegio ir a clase, mi Prepa I, la del edificio antiguo del Instituto de Ciencias; se respiraba revolución, autonomía y lucha de ideas; era un templo del conocimiento en el que interactuaban alumnos y maestros sin improvisación, con una alta calidad en su forma de trasmitir su sabiduría. No teníamos ni celulares, ni internet y nuestra biblioteca era rústica pero suficiente; no había butacas por ello, llegaba muy temprano para apartar una buena posición en el aula y disfrutar las cátedras de mis muy queridos profes, a quienes recuerdo con mucho aprecio y a los cuales no quiero referirme por temor a que se me escape alguno. Ya en este renglón, creo necesario agradecer a los dioses y al universo por tal prodigio y por la enorme oportunidad que me dieron mi Madre UAZ, mis maestros y hasta mis compañeros. Era el tiempo del heavy metal: Scorpions, Wasp, Kiss, Def Leppard, Twisted Sister, Mötley Crüe, Ratt, Judas Priest, Iron Maiden, Motörhead, Deep Purple, Black Sabbath, etc. También fueron tiempos de pagar medio en los camiones y aguantar a los choferes que se pasaban de lanza y hacían rabietas o aventaban el dinero cuando veían nuestras credenciales; igualmente, el pago de media entrada en la Sala 2000 fue un buen aliviane, de otra forma ni como invitar a la novia. Nuestra credencial de estudiante era realmente poderosa para los estudiantes más necesitados. No había dinero en las bolsas, escaseaban la ropa y los zapatos aunque fueran CANADÁ, ni soñar en los de marca; pero los anhelos desbordaban nuestras juveniles mentes, nos motivaba la explotación laboral que padecían nuestros padres, con salarios más jodidos que los de ahora y con jornadas de trabajo igual de extenuantes que las de hoy; nos sentíamos libres con toda y nuestra hambre y pobreza; subíamos algunos amigos y yo, a ver la Ciudad de Zacatecas desde la Bufa sin ninguna restricción que no fuera la de aguantar el frío, para lo cual, más de alguna vez, nos sirvieron de fogata las coronas secas de los hombres ilustres; caminábamos de noche a disfrutar la avenida Hidalgo; los policías no se metían con uno, pues no traíamos ni auto, ni dinero para tomar alguna bebida, menos algún otro estimulante. Los domingos acudíamos a la fayuca a comprar el cassette metálico que prometía un excelente sonido, seleccionábamos las mejores rolas y disfrutábamos al máximo cada una de ellas; éramos creo, una generación sana y positiva salvo algunas excepciones que siempre las hay. El estado mantenía su hegemonía y no nos preocupábamos mucho por la democracia, pues antes de las elecciones ya sabíamos quién iba a ganar, así que no era una cuestión fundamental, para nosotros la alternancia en el poder simplemente no existía. Problemas de inseguridad siempre los hubo, algunos más graves que otros, sin embargo, no recuerdo un evento tan miserable como el cometido contra nuestros hermanos normalistas de Guerrero; no advierto temor en mi juventud en relación con el estado, ni haber padecido persecución o discriminación alguna, tal parece ser que la también funesta experiencia del 68 nos protegía; ahora tal episodio ha sido limitado a un NO SE OLVIDA, por lo que considero que los jóvenes deben mirar de frente a las autoridades y sentar las bases de un nuevo trato, a partir del cual, los estudiantes en México constituyan un sector privilegiado y protegido por leyes e instituciones. Reconocemos importantes avances desde la Cuarta Transformación, ya hubiéramos querido los jóvenes de los 80`s y 90`s becas como las que dan hoy, y otras posibilidades que garantizan su desarrollo profesional a sabiendas que sobre los hombros de nuestros muchachos descansa el presente y el futuro de nuestra Nación. Sin duda, los jóvenes de hoy tienen más oportunidades de salir adelante y aunque los tiempos también son más complejos, su entusiasmo y energía, habrán de sacar a flote y materializar sus legítimas aspiraciones como las que yo tuve siendo joven.

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