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Las mujeres mexicanas que construyen bienestar en ambos lados de la frontera

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Por: Verónica Díaz Robles •

Hay una historia que casi nunca aparece en los titulares de las grandes economías, la historia de las mujeres mexicanas que, cada día, desde el otro lado de la frontera, sostienen familias, construyen patrimonios y hacen crecer a dos países al mismo tiempo.

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Un estudio presentado por nuestra querida Presidenta de México, la Dra, Claudia Sheinbaum Pardo, revela que las mujeres de origen mexicano en Estados Unidos, tanto inmigrantes como nacidas allá, aportan más de 1 billón de dólares al año a la economía estadounidense.

Son 14 millones de mujeres, casi 8 millones con empleo activo. El 69 por ciento trabaja, a pesar de que su edad promedio es apenas 30 años, catorce menos que el promedio de las mujeres en ese país; son jóvenes, trabajan con una claridad de propósito que asombra, el 82 por ciento tiene como meta construir patrimonio para su familia.

Esto significa algo muy sencillo, pero muy poderoso, las mexicanas no migran para sobrevivir solas; migran para construir.

Pero también significa algo más profundo, el 50 por ciento considera que fundar un negocio propio es el camino para avanzar, un porcentaje que supera al promedio de las mujeres estadounidenses.

No son trabajadoras marginales de la economía del norte,son uno de sus motores más activos.

Para Zacatecas, esta historia no es abstracción. Nuestro estado recibe alrededor de 33 mil millones de pesos al año en remesas.

Una parte significativa de ese flujo viene de manos de mujeres, ellas pagan la colegiatura, reparan el techo, cuidan a los abuelos, sostienen pequeños negocios en los municipios, son el eslabón invisible entre la economía del norte y el bienestar de miles de hogares zacatecanos.

Durante años, ese aporte fue tratado por los gobiernos como un dato macroeconómico: flujo de divisas, nada más.

Hoy, nuestra querida Presidenta de México, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, cambia esa visión. Las mexicanas en el exterior son reconocidas como sujetas de derechos, como protagonistas de una historia de dignidad que merece nombrarse, estudiarse y respaldarse con política pública.

Como mujer y como Senadora de la República, acompaño ese reconocimiento desde la trinchera legislativa. La mujer que migra no abandona su tierra: la sostiene desde la distancia con una fortaleza que pocas veces recibe el crédito que merece.

En cada remesa que llega a un hogar zacatecano, vive el trabajo de una mujer mexicana. Ese trabajo merece políticas, merece protección, merece nombre.

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