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■ HISTORIA Y PODER

Anfiteatro, libro de Octavio Cesar Mendoza, dos años después

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Por: MIGUEL ÁNGEL AGUILAR •

Habría que hacer acotaciones urgentes: el poeta Octavio Cesar Mendoza y Gómez nació el 31 de mayo de 1974, rápido se distinguió por ganar el premio nacional de la juventud y a pesar de que a veces no traía para el camión, se casó con una de las mujeres más bellas del ambiente literario, rápido el mariscal panista y empresario Marcelo de los Santos lo indexó para que escribiera sus discursos y proclamas cuando fue alcalde de la ciudad y posteriormente Gobernador de la entidad, ahí Octavio fue diestro en el lenguaje y su militancia panista, férrea, inexorable, anti obradorista de toda la vida, fue un dulce sueño que lo llevó a ser envidiado por el mismo.

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Hasta hace poco en el gobierno del pollo gallardo lo hizo director de la célebre casa Ramon López Velarde y en menos de un año hizo añicos la buena fama de la casa, pues sin presupuesto alguno, se ufanaba que no se podía publicar a nadie  hasta que pasaran por exhaustivos exámenes de un dizque comité de críticos tipo “la habana, donde los escritores se tardan hasta 3 años en revisiones” y rápido vimos afuera de su oficina ostentosas camionetonas, era el secretario general de gobierno-mejor conocido como “el uñas largas”- que se lo llevó de nuevo a sus oficinas centrales, para desde ahí, volver a las lides de la escritura automatizada, los discursos invertidos, los propósitos indelebles, propagandísticos.

Son apenas 28 poemas, divididos en 4 actos, el fondo es de la editorial universitaria de Querétaro, 500 ejemplares, el autor un potosino, 18 hojas en blanco para llegar al primer poema, 84 páginas, epígrafes, dedicatorias y un conjunto de poemas, el poeta se desata, plantea 4 actos, en todos hace gala de su manejo del castellano, pero solo llegamos a una conclusión: es un libro muy personal dedicado a sus ilustres muertos y a sus diatribas con la vida.

Si, la ciudad, los pobres, Dios, el amor, representa la acumulación de conocimientos, la preparación, simboliza la protección divina, la paciencia, el equilibrio, la inteligencia, la moderación, es descubrir la verdad escondida, es el poeta curandero, psiquiatra de sus propios renglones, hay jerarquías, espiritualidades de grandes misterios, muy preparado el vate, quizás frio, enemigo de sus enemigos y es su propio santuario.

Todo libro nuevo -a pesar del paso de dos años para llegar a nuestros lares- es pureza, es soledad, silencio, severidad, rigor, gestación y resignación en la escritura de un libro, el peso de la religión y la meditación en la lectura de textos sagrados, se dice persona de gran calidad moral, entre las interpretaciones de sus poemas podemos ver la evocación de mujeres frías, educaciones estrictas, madres severas, el perdón, el retiro.

El titulo de algunos poemas: “yo no elegí mi nombre”, “he vuelto a soñar que habito”, “mi ciudad no se avergüenza”, “sube a mi lecho en llamas”, “no detengas tus pasos”, “pobre de los pobres”, “el regresará de entre los muertos” y otros mas que simbolizan los sentimientos ocultos apenas sugeridos, la cavilación, la posibilidad de manifestar los sentimientos reales, hay reserva-el mismo lo admite- mucha introspección, relaciones largas, estancadas en un compás de espera.

Nos muestra a un poeta con apariencia adulta, poseedor de gran sabiduría, intuitivo con gran dominio de lo oculto, en lo aparente sin deseos de relacionarse con nadie, no otorga su confianza a nadie, en lo profesional indica trabajo sedentario. Místico, teológico, en todos los poemas observamos a un poeta silencioso que actúa para sí y que no trasmite sus conocimientos fácilmente, aunque en sus poemas no sean egoísta y abra sus heridas. Insoportables, tristes, fúnebres, sentenciosos como:

“pobre de los pobres

Que se cuidan de no hablar fuerte

Y miran el lodo de sus pies

Sin asombro ni molestia”

Cuando el pueblo mexicano es considerado uno de los más politizados del mundo, entonces su poema es un instructivo débil, un tema superado, un alebrije. Estamos ante un librito en donde nadie nos ayuda pudiendo hacerlo, se nos niega cooperación, hay sentimientos ocultos, destructivos, nos muestra a una persona farisaica que sabe más de lo que dice y que calla, que puede hablar para cambiar el sentido de las cosas a propósito y tiene acceso a conocimientos ocultos y descubiertos, para su propio beneficio.

Es un poeta capaz de crear procesos lentos y perniciosos, Esconde pasiones terribles, sentimientos de venganza, celos enfermizos pues dicta “volvamos al origen de la ira, contemplemos el milagro de la posesión demoniaca en los cerdos que se arrojan al vacío, cuando la palabra amor los roza”.

O sea…

Hay procacidad, atrevimiento, descoco, insolencia, imprudencia y desfachatez, algunos dirían es un poeta zafado, petulante y fresco, con licencia para ser osado, guarnecido y raído pues “en la página 53 afirma: que la abundancia colme sus colmenas, mientras envidia las migajas de pan que arrastran las hormigas, que su dolor de ser se vuelva soportable…”.

Qué difícil ser poeta, publicar un libro y ser incomprendido.

O más bien, comprendido de tal manera.

Este es uno de los libros más importantes y extravagantes de su cosecha, verosímil con su sobriedad para explicarse, muy confianzudo en su ritmo solipsista, es decir, el yo y más yo más allá del ego y re afirma, nos da la razón. Con mucho colmillo:” no detengas tus pasos ante mi poema y sigue tu camino hasta la multitud”.

Eso hacemos mi Tavo.

Nota importante: mi hermana lucero -la cual lo emplea también seguido para su revista arreglando estilos y otros detalles- me regaló unas cajas con libros y revistas y otros enseres, ahí estaba el librito blanco del poeta multipremiado Octaviondo, me lo shuté, lo leímos, lo degustamos, lo ratificamos.

Aleluya.

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