La Gualdra 693 / Medio Ambiente
En unas semanas se llevará a cabo uno de los mayores eventos climáticos del mundo, la denominada “Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático” (COP30). El sitio es la ciudad de Belém, una maravillosa metrópoli enclavada en el norte de Brasil perteneciente al estado de Pará. Es considerada la puerta de entrada a la Amazonia, quizá el reservorio ecológico más importante del planeta.
El evento reunirá a más de 190 países —en el cual México tendrá una participación relevante—. Los temas generales que se abordarán son: los principios de la sustentabilidad, justicia social, cooperación, atender tratados internacionales, protección de los ecosistemas, mitigación del cambio climático, entre otros.
En cuanto al anfitrión, Belém se convirtió un rico campo de diálogo y reflexión desde distintas instituciones y esferas de la sociedad en torno a la modernidad, la cultura y la protección ambiental. A lo largo del año, este evento ha permeado en todos los estratos de la población. No obstante, para ciertos sectores representó una efímera oportunidad de crecimiento económico, otros cuestionaron su elección como sede, considerándola inapropiada —algo que, desde mi punto de vista, resulta absurdo—. El gobierno brasileño invirtió en modernización urbana e infraestructura.
Por otro lado, grupos ambientalistas criticaron las potenciales emisiones de aviones que llegarán a Belém, aunado a que la apertura de carreteras y pistas áreas deforestaron decenas de hectáreas de la selva amazónica, algo contradictorio en un evento ambiental. A su vez, líderes indígenas indican que la conferencia no atiende las causas reales de los desequilibrios ambientales.
Por ello, surge el cuestionamiento, ¿realmente hay interés en la sostenibilidad? Este concepto apareció como un paradigma dogmático que pretende regular nuestra forma de producir y relacionarnos con nuestro entorno. Ante ello, quiero hacer una reflexión basada en la obra de Enrique Leff llamada Racionalidad Ambiental (2004). ¿Es posible el crecimiento económico y la protección de la naturaleza? La realidad es que la acumulación de capital ha generado una “gran aceleración”, extinción masiva de especies, alteración de los ciclos biogeoquímicos, marginalización, agotamiento de recursos, alteración del clima, entre otros impactos negativos.
Pero, ¿es un problema técnico o científico? Tal vez no. Hay algo que escapa de una mera solución tecnológica, la conciencia. El hiperconsumo ha propiciado una desvinculación del mundo real; existe una imperante manipulación constante del deseo producto de la mercadotecnia y una imperiosa necesidad de producción que confronta los límites de la naturaleza. Por tanto, el discurso sobre la sustentabilidad resulta ser una cortina de humo ante la crisis global. La sustentabilidad se convierte en un maquillaje de la economía para el control de los medios de producción y para legitimar a la apropiación degradante de la naturaleza. La disociación atenúa que no haya una apropiación del entorno, no cuidamos aquello que parece alejado de nuestra cosmovisión. Leff, aboga por una racionalidad ambiental que consiste en recuperar el orden simbólico del mundo y darle el verdadero valor a lo natural.
Nuestras acciones están llevando a una muerte entrópica del planeta, es decir, el fin de la energía para producir. Gastamos energía por más de 4,600 millones de años —aproximadamente la edad de la Tierra—. Durante este tiempo, día tras día, la Tierra recibe una considerable entrada de calor; una parte se regresa al espacio y otra permite las diferentes variedades climáticas, la diversidad biológica y los ecosistemas. El potencial energético es tal que ni con todo el gasto anual de energía de la humanidad en un año nos acercamos a la energía calorífica que recibe en un solo día en la tierra.
Bien, de acuerdo con el informe del IPCC (International Panel of Climate Change) en 2019 las concentraciones de bióxido de carbono superan a las estimadas en dos millones de años; estamos sobrepasando de 1 °C de aumento promedio de temperatura global; el nivel del mar es el más alto desde 1900; y tan solo de 1960 a la fecha, se ha extinto un 35% de especies conocidas… y los datos catastróficos continuarían. Examinemos, ¿el modelo de sustentabilidad es realmente viable? ¿Por qué se adoptó con éxito? ¿Realmente responde a crear una conciencia ambiental?
No pretendo enfundar miedo ante un cataclismo global; en cambio, considero necesario replantearnos nuestra manera de convivir con el entorno. La sustentabilidad debe incorporar soluciones a la desigualdad social, la corrupción en la administración pública, la obsolescencia programada, la marginalización centro-periferia, el desabasto de agua, la migración forzada, la extinción masiva de especies, el tráfico de sustancias ilícitas, los impactos negativos de la tecnología y el cambio de uso de suelo.
Finalmente, ¿qué entendemos por crecimiento? En su caso, ¿puede haber crecimiento con límites ambientales? Probablemente, el modelo actual está obviando las condiciones lógicas de nuestro planeta y su finitud en muchos sentidos.
* Estudiante del DEN UAEH, UAZ .
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