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Un año sin Alberto Huerta

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Por: JÁNEA ESTRADA LAZARÍN •

Editorial Gualdreño 713

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Y lo escribí. En la libreta negra de pastas duras. Porque sólo escribiéndolo podría llegar al recuerdo de tu mirada, a veces brillante.
Alberto Huerta

 

Estuve revisando los correos de Alberto porque este 22 de abril se cumple un año de su partida. Algo me decía que podría encontrar una sorpresa y pacientemente revisé los envíos que hizo semanalmente desde el año 2013 hasta el 2019, cuando decidió dejar de enviar mensajes, contestar llamadas, venir cada semana a Zacatecas desde Jerez, y permanecer en su casa sin tener contacto más que con su familia. 

Su alejamiento de todos, o casi todos, fue una decisión que tomó después de que muriera su amiga Yani Pecanins, en junio de 2019; a ese fallecimiento le habían antecedido los de otros amigos suyos muy cercanos, como el del Torque, o el del escritor Juan Bañuelos por mencionar algunos de ellos; el caso es que nada ni nadie pudo hacer que retomara sus actividades normales. Pensamos en un inicio que sería pasajero.

Cuando pasaron los meses, a menudo me llegaban noticias de que algunos amigos habían intentado verlo, tocaban a la puerta de su casa y la respuesta casi siempre era la misma: “No quiere ver a nadie”.  Y respetamos que no quisiera vernos. Así era él. Yo a menudo le mandaba correos o mensajes en FB; otros amigos de él hacían lo mismo, y nos quedábamos con la tranquilidad de que por lo menos los leía aunque no contestara. El 13 de enero de 2025, cuando cumplió 80 años, supimos que vio en línea el homenaje que le organizaron sus alumnos del taller de escritura creativa; pero el 22 de abril nos enteramos de que había fallecido. Su no querer ver a nadie no fue pasajero. Pero así fue él.

Encontré entre todos los correos dos documentos muy importantes, además de los cientos de textos que fueron publicados aquí: una obra de teatro y un libro inédito de cuentos.  La obra de teatro, “La palma de la mano” (farsa en un acto), dijo que estaba disponible para ser montada, siempre y cuando le pidieran autorización para hacerlo, tiene fecha del primer día de junio de 2018, y me decía en el correo que la difundiría con gente de teatro por si hubiera alguien interesado. Creo que no lo hizo.

El libro de cuentos realizados entre el 2009 y el 2010, me lo envió en el primer correo que tengo registrado, el 25 de agosto de 2013. Quería publicarlo. Yo le pregunté que si lo publicábamos cuento por cuento en La Gualdra y él me contestó que quería se hiciera en una sola edición, como libro completo, pero que me mandaría un cuento cada semana para este espacio que fue suyo durante 6 años. Tampoco publicó ese libro de nombre Como la piel que muda la serpiente, y que es, además, un libro muy bueno.

También encontré un correo en donde me decía sorprendido que había recibido muy buenos comentarios de JJS, sobre un cuento -publicado aquí, en La Gualdra 171, del 20 de octubre de 2014- llamado “Una rosa”. Y hoy quiero compartirlo con ustedes nuevamente, para recordar a Alberto Huerta (1945-2025) en el primer aniversario de su fallecimiento, y a quien tenemos presente siempre.

“Digo, una rosa roja. Eso dije entonces.  Cuando esperábamos el fin del mundo. Fin apocalíptico. Eso digo ahora. Después de catorce años. La mitad de catorce son siete. Siete. Como siete son los enanos del cuento de Blanca Nieves. Y siete son los días de la semana. También siete los pecados capitales. Un gato tiene siete vidas. Siete son los sacramentos. Las maravillas del mundo son siete. El arco iris tiene siete colores. Siete las notas musicales. Siete. Siete y siete nos da catorce. Ahora vivimos en 2014. Una rosa roja. No dos, ni tres, ni cinco… Mucho menos un ramo de dos docenas de rosas. Una… y roja. Sólo una. Roja. No blanca. Tampoco rosa. Nunca amarilla. Una rosa roja. Repito ahora después de catorce años de haber escrito en una libreta de pastas duras y negras: Una rosa roja. ¿Por qué no blanca? ¿O rosa? ¿O amarilla? ¿Por qué una sola flor? ¿Por qué la anotación? En la libreta sólo está escrita esa frase. Todas las demás páginas están en blanco. Una rosa roja. Eso dije hace catorce años y repito ahora. Como pude decir gardenia, magnolia, jazmín, azucena, gladiola, alcatraz, clavel, margarita… y pienso en ella. No sé si le gustan a ella las rosas, o los nardos, o las orquídeas, o petunias… y puedo sentir su mirada, escuchar el sonido de su voz… Una rosa es una rosa. Sólo eso… Una rosa… No un crisantemo, ni un nardo… Sólo eso… Una rosa. Ésta es mi voz. Sólo mi voz. ¡Un carajo! Eso dije entonces. Hace ya mucho tiempo. Catorce años. Ahora no digo nada. Suspiro. Nada más suspiro. Una rosa roja. Y lo escribí. En la libreta negra de pastas duras. Porque sólo escribiéndolo podría llegar al recuerdo de tu mirada, a veces brillante. Como un ascua. Quedan las cenizas. Grises. Como talco. A veces. Cuando no te ganaba el enojo. La ira. Tu voz. Tu palabra. A veces. A veces no. Una rosa. Tú. Tú imagen en la oscuridad y nada más. Nada. Un sueño. Un sueño más. Sólo un sueño. Y digo: la rosa. Dije. Una sola rosa. Y hace calor. Y nada. Nada. Nadie. El miedo que me quiebra. Me rompe. El miedo”. Alberto Huerta

Que disfrute su lectura.

Jánea Estrada Lazarín
[email protected]


Nota: El 22 de abril, a las 4 de la tarde, se llevará a cabo el “Huerta Fest”, para conmemorar el primer aniversario luctuoso de Alberto Huerta, en la Ciudadela del Arte.

 

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