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La tradición estridentista

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Por: Mario Alberto Medrano •

La Gualdra 708 / Poesía / Libros

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La poesía mexicana (o la que es escrita por mexicanos o la que es escrita en torno a México) tiene una gama de posibilidades, va del nacionalismo al poeticismo, de los clásicos a la vanguardia, de los avatares extranjeros al arraigo a la tierra y sus orígenes. 

Un grupo que siempre se presentó como radical, siempre estuvo entre el desafío y la rebeldía, fue el de los Estridentistas, a saber: Manuel Maples Arce, Germán List Arzubide, Salvador Gallardo, Humberto Rivas, Luis Ordaz Rocha y Miguel Aguillón Guzmán; otros tantos, artistas gráficos, Fermín Revueltas, Leopoldo Méndez, Jean Charlot, Ramón Alva de la Canal, Xavier Guerrero y Máximo Pacheco, Germán Cueto…

De éstos, he tenido el gusto de leer uno de los libros de poesía más honestos y frontales: El pentagrama eléctrico, de Salvador Gallardo. Escrito en 1925, este poema centenario, ha caminado con enorme vigencia a lo largo de la historia de la poesía mexicana. 

El sonido del jazz, de los cláxones, el metálico entender el mundo, era parte del telón de fondo de este libro de poesía. Estridente, flamante, escenográfico, El pentagrama eléctrico es una muestra original y sincera de una ars poetica genuina y trascendental, pues busca de la palabra, la imagen y el sonido un efecto particular, alejado de las convenciones de la historia poética o literaria. 

Cabaret
El jazz extiende su lecho clandestino
y teje una maraña de deseos
Una corriente voltaica
            Se desprende la pila de las vértebras
Y vibra en los timbres de los senos

La primera vez que me enfrenté a este libro fue mientras coordinaba el proyecto editorial del Colegio de Ciencias y Humanidades. Salvador Gallardo, nieto del poeta estridentista, nos ofreció para publicar dos libros en uno: El pentagrama eléctrico y El huerto de las tentaciones, este último inédito. 

Ambos libros, con un perfil similar, nos dejaban entender una fascinación por la imagen poética y por el sonido del timo versal. En Salvador Gallardo, en su Pentagrama eléctrico, cabe todo el ruido de una ciudad, toda la sexualidad abierta y en descubrimiento, el tropo y su definición. 

La lujuria arrastra por mis venas
           todo un rosario de brasas
Y el chorro brusco de tus palabras
           es un flagelo sádico

Este año, la Universidad de Guanajuato ha lanzado una edición facsimilar de El pentagrama eléctrico, en la que se reúne no sólo el libro con su portada original de don Ramón Alva de la Canal, con aquella tipografía estrambótica, sino que también se acompaña de un libro de ensayos de estudiosos de este movimiento vanguardista: en suma, es una edición crítica de aquél publicado en 1925.

Sin duda ésta es una versión fiel a su esencia, es volver a leer con los ojos renovados a un autor trascendental, enigmático e innovador como lo fue Salvador Gallardo. He leído este libro, sus poemas caóticos, “donde la luna esquirola/se ríe de los focos/comunistas”, donde el profundo ruido de las caracolas explota en tonalidades de un sonoro color, aquí donde los colores se escuchan y la cromática tiene ritmos y vocales.

Celebro la aparición de este Pentagrama eléctrico, en esta nueva edición, muy cuidada y bella. Es buen momento para leer de nuevo a Salvador Gallardo y revalorar no sólo su trascendencia literaria, sino la de un grupo incómodo y necesario para la vanguardia poética de nuestro país. 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_708

 

 

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