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El derecho de las audiencias y ¿el “derecho” a mentir?

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Por: BENJAMÍN MOCTEZUMA LONGORIA •

El tema de hoy era: MORENA ¿A DÓNDE IR? Pero el debate noticioso, y de gran envergadura social es: ¿las audiencias tienen derechos, o solo existe el derecho a la mentira de la que profusamente abusa nuestra derecha recalcitrante, desde los monopolios capitalistas de la Comunicación?

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En un artículo anterior, que intitulé “La colonia ideológica y politiquera…” dije que “… entre los individuos, como entre las naciones…”, el Capital oculta y justifica la existencia de relaciones sociales injustas. El Capital no ventila que su poderío descansa en la explotación del Trabajo y que las naciones poderosas acrecientan su poder económico al explotar a los pueblos más débiles. A partir de eso, “… si quieren saber de tu pasado, no lo menciones. Es preciso decir otra mentira…” e inventar la existencia de “un mundo raro”, del que han de desprenderse un gran cúmulo de mentiras.

Nuestra derecha corrupta, embustera, hipócrita, vinculada a la criminalidad y traidora a la patria (todos conceptos descriptivos, no despectivos) padece de una enfermedad crónica. Sin duda, la llevará a mayores derrotas. Verse diariamente en el espejo, negarse a sí misma y creer que al que mira es otro es enajenarse por sí misma. En mi pueblo dirían que “solitos se ensartan”.

Quienes tienen menos de 25 años de edad no vivieron esos grandes reportajes de “el chupacabras” que, durante mucho tiempo, difundió el evasor fiscal Ricardo Benjamín Salinas Pliego, a través de “esta noche en HECHOS” de TV Azteca, que aún conduce Javier Alatorre. Fue una monumental mentira que resulta de la premeditación y alevosía intención de mentir, causar terror, engañar y guardar en el baúl de los recuerdos la moral, ética, profesionalismo, interés social y la veracidad. Así es su concepción de “libertad de expresión”, su libertad de mentir y engañar.

Durante el período de los gobiernos neoliberales, que consistió en el trasplante de un modelo económico neocolonialista (por sus rasgos políticos se le puede llamar el PRIANismo), fue muy notorio el amasiato entre los monopolios de la comunicación y los gobiernos neoliberales que, simbióticamente, alimentaron compulsivamente su hambre de dinero y poder. En ese contexto encaja el reportaje de la niña Paulette Gebara Farah de cuya torcida trama legal y mediática no se han disculpado las autoridades judiciales, ni los monopolios de la televisión mexicana.

Tampoco se han atribuido responsabilidades, desde legales, profesionales, morales o éticas cuando los medios inventaron la desaparición del niño “monchito” atrapado bajo los escombros de un terremoto en México, réplica de falsedades que resurge con el invento de fantasía de la niña “Frida Sofía” en el terremoto del 19 de septiembre de 2017 del que se divulgaron muchas mentiras, a todas luces con premeditación, sobre una niña que nunca existió.

Con el “argumento” de la libertad de expresión y de un profesionalismo inexistente, se han realizado diversos montajes sobre operativos que realizó la televisión mexicana con la dirección, apoyo, sugerencia o convenios con el director de Seguridad Pública Genaro García Luna, como el realizado por Carlos Loret de Mola, en TELEVISA, sobre una falsa banda de secuestradores en la que involucraron a la francesa Florence Cassez e Israel Vallarta, cuyos casos han quedado judicialmente resueltos pero ponen en tela de juicio la moralidad y profesionalismo no solo de Loret de Mola, sino de algunas réplicas mediáticas como las de Ciro Gómez Leyva.

Esto, y muchas otras cosas más resurgen, cuando el Gobierno de la República pone a consulta y debate los lineamientos sobre los cuales se regirá la garantía de los derechos de las audiencias de contar con información oportuna, veraz y plural, intenciones reglamentarias que se derivan de la actual Ley de telecomunicaciones y ésta del Artículo 6 Constitucional donde ese objetivo ya se señala. Igualmente, se recoge, como parte de los mismos lineamientos, la causa de la Ley de Derecho de Réplica. O sea, durante décadas, nuestra derecha (bien representada en algunos monopolios de la comunicación) nunca se ha opuesto a informar oportuna, veraz y pluralmente. Que no lo hagan es otra cosa. Sin hipocresía, ahora sí defienden su “derecho” a mentir.

Mienten al pegar el grito de que se coarta la libertad de expresión, que se avecina la persecución y encarcelamiento a periodistas por opinar diferente al gobierno. Leí las 33 páginas de los lineamientos, Ley de Telecomunicaciones, Ley del Derecho de Réplica y los Artículos 6 y 7 constitucionales. En ningún lado, se atenta contra el derecho a la información y/o la libertad de expresión. Eso es una mentira más. Solo se puede estar en contra de esos lineamientos por ignorancia, enajenación política o, principalmente, porque persiguen el abierto propósito de hacer uso de la mentira, pues la veracidad libera, democratiza, ensancha derechos y combate el engaño, la traición y las injusticias sociales.

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