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El juego

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Por: GERARDO ROMO •

«Lo perdí todo, familia, esposa, hijos, casa», dice el hombre a su flaca sombra.

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“Soy ludópata”, confiesa al coro efímero de la soledad que lo acompaña.

Hace cuarenta años extravió su franca sonrisa entre la ruleta, los dados y las máquinas tragamonedas. 

Tras innumerables batallas con el azar, hasta el alma perdió su gramaje.

Nació en el barrio de nadie, un espacio donde la pobreza es propiedad comunitaria y el juego, la sobrevivencia.

Ahí comenzó su apuesta por las apuestas, siendo un chamaco que sin saber de futbol llenaba al azar los marcadores: Real Madrid, 1; Valladolid, 4. Y así hasta agotar las opciones, las quinielas.

Eso sí, el Melate nunca le latió. Y la Lotería menos, pues aunque no cursó la primaria, su intuición le dijo siempre que en ambas opciones el triunfo matemáticamente es imposible.

Pero para apostar no hay que saber ni matemáticas, historia o geografía, solo confiar que con 100 pesos puedes ganar 50 mil o que en un abrir y cerrar de ojos, la diosa Fortuna en sus pechos dorados colocará el universo en tu mano para empacharte de una mordida y te atragantes en la prosperidad prometida.

Nuestro hombre asegura estar tranquilo, nadie lo molesta, se despierta cuando quiere, trabaja a su ritmo, sin presiones, come huevo cocido, huevo estrellado, huevo con chorizo, huevo frío, tibio, con hielo… mañana, tarde y noche. 

Qué más puede comer aquel acostumbrado a ser servido aún en la miseria… a la mesa del rey diminuto, tan frágil como colérico cuando el circo no marcha a su gusto, como siempre, como nunca.

Solo rinde cuentas a sí mismo. Y no le salen.

En esa soledad frente al espejo hay una verdad que cala hondo. Nadie aguanta a un jugador.

Y el jugador no aguanta la  realidad, pierde en la calle, en la escuela, de noche, de día, está harto, pero contento de jugar con su desdicha a la que le sonríe de vez en cuando.

El jugador pierde tanto que cree ganar perdiendo, la perdición con él perdió la paciencia.

Cuando la pirinola gira todos ganan, menos él.

A sus 65 sigue; juega, 24 por 24, no descansa, creo que ya hasta la ruleta se descompuso y las tragamonedas se empacharon de desdicha.

Pero nuestro hombre sabe que la siguiente… será la buena.

Ahora sí, verdad de Dios.

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