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Paco Beverido, traductor

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Por: Educación Dual •

La Gualdra 725 / Teatro

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Para hablar del Paco traductor hay que hablar primero del Paco lector. Desde la infancia fue minucioso y sistemático, cuando un autor o un tema le interesaban los perseguía con voluntad y firmeza, así fue con Salgari y Verne, igual que con Christie y Simenon, antes de llegar a los dramaturgos o los teóricos de las artes escénicas. 

Leía desde recetarios de cocina mediterránea, ensayos sobre Ibsen o novelas de Camila Lackberg. Coleccionaba y comparaba las ediciones, las releía, las anotaba. Nunca dejó de leer novelas de aventura. Y cuando algo le gustaba o le parecía importante tenía que compartirlo (ése es el principio del proyecto de Candileja). 

Empezó por traducir obras que pretendía llevar él mismo a los escenarios, aunque luego tradujo también para que otros tuvieran la oportunidad.

Él mismo cuenta en la presentación de El juego del amor y del azar, que fue en 1995, cuando la Universidad de Sonora lo invitó a dirigir, que eligió esa obra de Marivaux a partir de las características del elenco propuesto. Poco conforme con las traducciones que tenía de la obra, se dispuso a hacer su propia versión para la puesta en escena, y así se adentró en los complejos juegos de palabras y expresiones idiomáticas del dramaturgo, y lo delicado de trasladarlas a un español comprensible hoy en día. 

Fascinado por la forma en que Marivaux retrata la complejidad de los seres humanos y sus relaciones a través de la lengua, Paco siguió leyéndolo para sí. 

Diez años adelante, en 2005, a fin de participar en la décima edición del festival internacional Junio Musical, decidió montar La segunda sorpresa del amor, en cuya traducción me invitó a participar. El texto fue publicado por el entonces Instituto Veracruzano de Cultura. 

El marivaudage, término derivado del estilo característico de Marivaux, resulta en una suerte de juego de seducción en el que predominan la galantería, la adulación y la sátira. Es un estilo considerado retorcido y preciosista, mezcla de lo trivial con la reflexión profunda, del refinamiento con lo vulgar, y lo salpica todo de regionalismos y acentos locales. Sus personajes se disfrazan, cambian de identidad, engañan para revelarse al final. 

A las críticas que lo acusaban de no escribir en buen francés (expresadas nada menos que por Voltaire y D’alembert), Marivaux respondía que sólo había copiado el lenguaje y las situaciones que vivía en los salones que frecuentaba. 

Las primeras traducciones al español, hechas en la España del siglo XVIII, parecen ser más bien interpretaciones libres o adaptaciones, basadas sobre todo en la ampliación lingüística, con innumerables compensaciones y trasposiciones. Conforme pasó el tiempo, la traducción se hizo más apegada al original, siendo lo ideal un equilibrio entre una traducción fiel y una idiomática. Sin embargo, la mayoría de las traducciones existentes conservan, naturalmente, un castellano muy ibérico. 

Habrían de pasar más de diez años, durante los cuales se hizo de ediciones diversas tanto en español como en francés, para que Paco reuniera el corpus casi completo de las obras de Marivaux. 

Cuando la salud de Paco derivó en problemas para desplazarse, se refugió en el trabajo de escritorio y, además de su labor editorial dentro de la revista Tramoya, entre muchas tareas autoimpuestas, se impuso la traducción de las obras de Marivaux. El volumen publicado en la Colección del Universitario presenta las primeras seis de una veintena en la que trabajó en tiempos recientes. O trabajamos, pues me permitió intervenir en esa empresa. Para ello nos reunimos más o menos una vez a la semana. Me mostraba una impresión del borrador en turno, porque le gustaba trabajar sobre papel, hacer anotaciones y subrayar en físico hasta que no quedaba lugar en los márgenes, para luego ir incorporando las correcciones al documento digital que reimprimiría para seguir trabajándolo. Aprendí, además, mucho sobre el teatro de Molière y Racine, y la Commedia dell’Arte, que precedieron a Marivaux, y también sobre la influencia que éste pudo tener en a finales del siglo XIX y principios del XX.

La herramienta principal de Paco, o punto de partida, era el Théatre complet, con prefacio de Jacques Sherer y presentación y notas de Bernar Dort, aunque cotejaba las versiones y las notas de otras ediciones. 

En muchas ocasiones me enviaba por correo electrónico o hasta por Whatsapp preguntas concretas y luego borradores para su revisión cuando no quería esperar a que nos reuniéramos.

Las últimas obras que me envió están entre las últimas escritas por Marivaux; Los actores de buena fe, La alegría imprevista, La comadre, La provinciana y “L’épreuve”, cuyo título no se decidía a dejar como “La prueba”. Falta rescatar de su computadora los borradores de otras obras, como La colonia y La esposa fiel

Paco tenía un conocimiento más académico de la lengua francesa y yo quizá más coloquial, lo que nos llevó a largas charlas acerca de los aspectos culturales que podía reflejar cada parlamento de las obras y cómo podían restituirse en español sin que se perdiera el aire de la época y el lugar en el que habían sido creados. Si bien dice una expresión popular, para referirse de la lengua francesa, es que es la «lengua de Molière”, el francés de los siglos XVII y XVIII no es el mismo de hoy, como pasa, por supuesto con el español y con cualquier idioma. Para despejar dudas yo me apoyaba en un diccionario histórico e iba rastreando el origen y evolución de un término o locución. 

En varias ocasiones le propuse prestarle ese diccionario para que él mismo hiciera sus búsquedas, y siempre me decía que prefería preguntarme. Supongo que era su manera de mantener el tema sobre la mesa. 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_725

 

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