Lionel Scaloni, técnico de la Albiceste, dijo que sólo se trataba de futbol. Pero es mucho más que eso. En la memoria reverberaron Maradona y las Malvinas. Estaba prohi-bido mencionarlas. Nadie dijo nada de traerlas en el recuerdo. Hoy, sin embrago, tienen otro héroe: Lionel Messi, quien no necesitó marcar goles para dar el triun-fo a Argentina. Encontró el momento oportuno para enviar los pases con los que Argentina se impuso 2-1 a Inglaterra, en un duelo agónico y cargado de símbolos. Una vez más está en la final de la Copa del Mundo.
Para algunos, la Albiceste gozó de un supuesto favoritismo de la FIFA, pero por sí sola consiguió meterse al duelo decisivo ante España. Está ante el umbral de un bicampeonato; si lo logra será el cuarto título tras coronarse en 1978, 1986 y 2022. La Furia Roja regresa a una final después de 16 baños y pretende su segundo campeonato.
Inglaterra, en contraste, se despidió de otro Mundial donde tuvo algunos momentos dignos de recordar, pero se marcha con la parado-ja de ser el padre del futbol como lo conocemos y con un solo título, el de 1966 envuelto en la polémica.
La magia de un genio
Messi, considerado uno de los mejores jugadores en la historia, hizo valer su condición de genio al enviar los pases para que anotaran Enzo Fernández y Lautaro Martínez. Aunque insistieron en que todo se reservara al terreno del futbol, esta rivalidad suele elevar la tensión al traer al presente el recuerdo de la guerra de las islas Malvinas en 1982.
El festejo de la victoria no se salvó de la polémica que ha perseguido a los albicelestes. Giovani Lo Celso, Nicolás Otamendi y otros jugadores desplegaron ante su afición una manta con la frase “Las Malvinas son argentinas”.
La Junta Internacional de Futbol Asociación, organismo independiente encargado de modificar las reglas del juego, establece que “los jugadores no pueden portar ni exhibir mensajes, declaraciones o imágenes de naturaleza política, religiosa o personal”.
El código de conducta para los estadios de la FIFA señala que “pancartas, banderas, volantes y otra parafernalia que sea de naturaleza política, ofensiva y/o discriminatoria están prohibidos”.
Esta rivalidad nació en el Mundial México 1986 por lo reciente de la herida que dejó la guerra. En sólo cuatro minutos, Maradona jugó con la picardía y el genio para regalar la Mano de Dios y el Gol del Siglo en el estadio Azteca.
La Albiceleste apeló a su amuleto más querido: la camiseta alternativa color azul marino. El anecdotario mundialista recuerda que hace poco más de 40 años salieron de emergencia a buscar a Tepito una playera para jugar contra los ingleses en aquel Mundial.
La afición albiceleste no perdona la historia. Seguidores argentinos quemaron banderas inglesas desde el jueves a las afueras de Buenos Aires. El ambiente hostil llevó a las autoridades estadunidenses a reforzar el operativo de seguridad en el estadio Atlanta, donde resonaron abucheos cuando se entonaron los himnos de ambas naciones.
El comienzo en la cancha fue ríspido. El silbante estadunidense Ismail Elfath, quien antes fue señalado de beneficiar a la estrella argentina Lionel Messi en duelos pasados, debió intervenir en un par de jugadas debido a los choques continuos entre los futbolistas hasta que el encuentro tomó un ritmo más fluido.
Ante la marca inglesa, Messi desplegó su fino toque como guía en el ataque y con jugadas a balón parado, mientras Fernández se arriesgó con un tiro que pasó por arriba del arco.
Inglaterra se había mantenido fiel a su estilo del contragolpe, estrategia que la llevó a triunfar en el torneo y ahora también le permitió sacudir primero las redes, aun cuando sus dos mejores hombres, Jude Bellingham y Harry Kane, fueron maniatados.
En una falla de la zaga argentina, Declan Rice rescató el balón para cederlo a Moran Roggers, quien desbordó por el costado derecho y envió un pase al área, donde de manera inesperada apareció Anthony Gordon (55) junto al poste izquierdo para mandar el balón a la red.
Parecía que los Tres Leones resistirían, pero Argentina igualó en el tramo final con una perspicacia de Messi al mandar un pase retrasado a Fernández (85), quien sin marca disparó desde fuera del área como una mensaje directo de que la contienda seguía abierta.
Así, con el tiempo casi agotado y entre la presión de evitar la prórroga, Messi marcó la dirección del juego al rescatar el balón tras un rebote y dar un pase a Martínez (90+2), quien sentenció el juego ante la mirada atónita de los ingleses. La Albiceleste está de nuevo en la final.



