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jueves, 18 agosto, 2022
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Besar al detective, de Élmer Mendoza

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Por: Miguel Ángel De Ávila González •

La Gualdra 507 / Libros

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En esta novela, Edgar el Zurdo Mendieta, de la policía ministerial de Culiacán, investiga un par de crímenes extraños: el primero la muerte de un adivinador trashumante que ha sido asesinado con mucha saña; el segundo, el de un vulgar ladronzuelo.

Como el Zurdo no ha encontrado ninguna pista convincente acude al hospital en donde se encuentra Samantha Valdés, la jefa del cártel del Pacífico, para que uno de sus secuaces le dé algún indicio que le permita resolver los casos que le han sido encomendados. Este favor se lo cobran caro; solo por preguntar queda obligado a sacarla del hospital, lo que ocasiona otra balacera.

Samantha había sido traicionada por uno de sus subalternos ─el Tizón, que obedece las órdenes del Señor Secretario─, cayó en una emboscada y salió mal herida con un balazo en un pulmón. Gracias los buenos oficios de un médico, la lideresa burla la muerte y convalece en el hospital que es tomado por el ejército y la policía federal. Mientras Samantha se recupera, sus guaruras convenientemente disfrazados de enfermeros y afanadores, entran y salen como si nada.

Los métodos del Zurdo no son ortodoxos, ni es un policía ministerial honesto, por sus nexos con los sicarios, sus procedimientos no se rigen siempre por la legalidad, lo que queda muy bien reflejado en la forma de investigar. Los buenos no siempre son buenos, ni los malos siempre malos, y en esta novela mucho menos. Los que un día están del lado del bien, al día siguiente, si no están muertos, pueden estar del lado del mal, y viceversa. El Zurdo Mendieta es un claro ejemplo de esto, está a medio camino entre ambos bandos.

Enamorado de Samantha, lo mismo que de Edith, la amiga de la agente Gris Toledo y de Susana -su exmujer, madre de su hijo Jason- el detective se muestra no muy bien dotado en las artes de la inteligencia emocional. Destituido como policía ministerial, pero no encarcelado, el Zurdo anda a salto de mata hasta que se entera que su hijo Jason, radicado en Los Ángeles, ha sido secuestrado. Cuando el Zurdo cruza la frontera para localizar a su hijo, salen más personajes, interviene el FBI y nadie sabe quién maneja los hilos de la madeja.

Estamos acostumbrados a las historias más extravagantes y nos hemos vuelto expertos en aceptar lo que nos platiquen porque los sucesos cotidianos nos han preparado para lo que sea: túneles que se construyen bajo los penales de alta seguridad, actores y actrices que sostienen encuentros con capos para entrevistas y escribir el guion para su filme autobiográfico.

La trama principal de la novela es el asfixiante, el violento y caótico mundo del narcotráfico y la lucha policial contra esa lacra social, un negocio que mueve miles de millones de dólares que pasan de manos a otras con facilidad. El destino final de la droga es el mercado de Estados Unidos. También estamos dispuestos a creer que la droga camina sola hasta el consumidor final.

Las novelas del narco son el resultado de la cultura de los testigos que prefirieron el anonimato de las fuentes no reveladas, de los trascendidos, de los rumores, de las palabras tras bambalinas. Y, desde luego de la impunidad. La trama de Besar al detective deja claro que cuando de esto se trata nadie sabe quién está detrás de la trama, nadie sabe quién mueve la cuna, o dicho de otra forma: las carambolas golpean en todas direcciones.

* * *

Élmer Mendoza, Besar al detective, Random Hause, México, 2018

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la-gualdra-507

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