Escribe Johannes Cremerius en su introducción a “Neurosis y genialidad” (Taurus, 1979): “El genio, como lo por completo distinto, extraño, no puede ser entendido a partir del nivel corriente de experiencia y se convierte en algo inquietante -participa así del destino de todo lo completamente “otro” y ajeno-“ Y añade Carlos Castilla del Pino, prologuista de la obra citada, los errores de la “historia clínica”: “derivan de dos circunstancias: a) del carácter selectivo de la historia clínica, en la que, sin saberlo, se introduce el sujeto epistémico que es el médico; b) del hecho de que, las más de las veces, el lenguaje del paciente ni tan siquiera es respetado y se “traducen” directamente a un metalenguaje médico, que es otro modo de introducirse, intempestivamente, el sujeto epistémico en el objeto -el organismo- médico”. Quizá sólo desde la literatura se pueda hacer justicia a esa otra racionalidad, superación de lo cotidiano e institucionalizado, que aflora en el genio y se extingue en los laberintos de la burocracia. Durante el arduo diálogo que mantienen Alicia Western, genio juvenil de las matemáticas, que a sus veinte años se recluyó voluntariamente en el hospicio para pacientes psiquiátricos “Stella Maris”, y el doctor en psiquiatría Edward Cohen, quien dejó por infidelidad a su esposa y, tras tres años, la logró reconquistar, se introducen una serie de cuestiones acerca de las matemáticas que constituyen las auténticas preguntas que se deben hacer al respecto. Por supuesto, la primera es ¿qué son las matemáticas? Y la respuesta es: un producto del inconsciente. ¿Insatisfactoria?, ¿inaceptable?, ¿inane?, ¿una locura? Desde la escuela de filosofía de Oviedo se dice que los objetos de la matemática son manchas de tinta en un papel, si se le cuestiona a los seguidores de Mario Bunge habrán de recordar que las matemáticas son meras ficciones. Una simulación, un “hacer como si” existieran esos objetos. ¿Por qué no han de ser las matemáticas un misterioso producto del subconsciente, que es otra manera de decir que no se sabe qué son, si el mismo Poincaré relataba que las soluciones a los problemas le llegaban de pronto, cuando cogía el tranvía? Pero Alicia lo dice mejor, las matemáticas: “Quieren hacer algo con el mundo que tu no has pensado todavía. Lo quieren poner en cuestión”. Menciona esto de sus alucinaciones, pero estas vienen del subconsciente, como las matemáticas. ¿Y si son lo mismo? Es interesante cómo Alicia reitera el error de la teoría de la esquizofrenia de Gregory Bateson: “La enfermedad mental difiere de la enfermedad física en que el sujeto de la enfermedad mental es siempre y solamente la información”. Esta idea se rechaza porque no toma en cuenta la fisiología patológica del paciente. ¿Qué es la matemática? “en ultima instancia es una iniciativa basada en la fe. Y la fe es un negocio incierto”. Es decir, la matemática es una construcción que responde preguntas que nadie ha hecho, y que quizá nunca nadie haga. El ejemplo que pone es la teoría de Topos de Grothendieck, un nombre recurrente en la novela. ¿Es así? “la innovación y el descubrimiento están en guerra con la comprensión común” Lo nuevo adviene como lo extraño, lo otro que a veces amenaza. Sirva de ejemplo la bomba atómica que el padre de Alicia ayudó a construir. ¿Se tiene por el común de las personas una idea, siquiera vaga, de lo que es una bomba atómica? ¿del poder que se desata en ese instante? Se relata cómo durante la explosión de una bomba de prueba el padre de Alicia alcanzó a ver, a través de los anteojos para la radiación, los huesos de sus manos. ¿Hay una teoría que unifique las matemáticas? ¿se pueden encapsular todas las matemáticas en un conjunto de reglas? Sea como sistema formal, o quizá como “programa de Langlands”, la respuesta de Alicia es negativa. Las matemáticas no se identifican ni con su reconstrucción axiomática ni tienen una unidad. Son múltiples y las inferencias que guían su construcción no son deductivas. ¿Y el rigor? “Se trabaja en un problema y se deja de lado por un tiempo. Pero no se va. Reaparece en el desayuno, o mientras se toma una ducha. Y dice: echa un vistazo a esto, ¿qué piensas? Entonces te sorprendes porque la ducha esta fría, o el jabón. ¿Es esto hacer matemáticas? Me temo que sí”. Por supuesto, los profesores de matemáticas no dirán cosas similares en el salón de clases. Quizá ni siquiera enseñen a hacer matemáticas, pues nadie sabe cómo se hacen. Lo que se explica en un aula son algoritmos ya desarrollados, reglas bien sabidas, recetas que funcionan para obtener una división o el producto de dos números. Pero no se pretende enseñar a demostrar teoremas o a inventar conjeturas necesitadas de demostración. En suma, como dijo Kant de la filosofía: las matemáticas, que consisten en hacer demostraciones, no se enseñan pues no se sabe qué enseñar. Lo que se hace es mostrar cómo se ha hecho una demostración antes y que idea de rigor prevalece en la época histórica que nos corresponde vivir. Pero las preguntas importantes no están ahí. “Stella Maris”, novela de Cormac McCarthy, publicada por Alfred A. Knopf en 2022.
Una nota acerca de “Stella Maris”.


