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■ El proyecto universitario ha conquistado concursos nacionales

Jóvenes ingenieras rescatan la raíz femenina de la industria cervecera

■ Orgullo de Río Grande fusiona la tradición del norte y la innovación

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Por: Jaqueline Lares Chávez •

En el semidesierto zacatecano, donde la tradición agrícola y el carácter del norte definen el ritmo de vida, dos jóvenes ingenieras alimentarias decidieron apostar por la innovación, la ciencia y la identidad. Así nació Cervezaki, una cerveza artesanal creada en Río Grande, Zacatecas, por Dulce Melisa Delgado Rivas y Ana Cristina de la Rosa Aguilar, egresadas del Instituto Tecnológico Superior Zacatecas Norte, quienes transformaron un proyecto escolar en una propuesta con visión empresarial y sello propio.

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La historia de Cervezaki no comenzó como un negocio, sino como una idea académica. “La idea surgió en una clase, fue para un proyecto… la idea inicial era solamente dejarlo en un protocolo”, recuerdan. Sin embargo, el destino del proyecto cambió cuando tuvieron la oportunidad de llevarlo a la práctica. A pesar de los obstáculos iniciales (entre ellos la autorización por tratarse de una bebida alcohólica), lograron avanzar. “Ya después nos lo autorizaron y ya fue de ahí de donde empezó a surgir todo”, narran.

Fue en 2022 cuando el proyecto tomó forma. Inicialmente, las jóvenes buscaban desarrollar una barra de frutos secos con zarzamora y quinoa, pero la investigación las llevó a descubrir algo inesperado: la posibilidad de elaborar cerveza con quinoa. “Nos pareció muy interesante… entonces nos fue pareciendo una idea muy atractiva poco a poco”, explicó Dulce Melisa. Ese hallazgo marcó el punto de inflexión. La innovación, más que la comodidad, fue el motor que las llevó a elegir la cerveza como su producto final.

Así nació Cervezaki, un nombre que sintetiza su esencia: zarzamora y quinoa, los ingredientes distintivos de esta bebida. Más allá del sabor, la propuesta integra un componente funcional. “No simplemente es una bebida como las demás, sino una propuesta que combina sabor, innovación… ayudando al estrés oxidativo”, señalaron, destacando el aporte antioxidante de sus ingredientes.

El camino no fue sencillo. Sin experiencia previa en la elaboración de cerveza, su aprendizaje fue completamente empírico, apoyado por su formación académica. “No teníamos alguna experiencia, fue meramente empírico… a base de estar viendo un montón de videos, leyendo libros, artículos”, relataron. Los primeros intentos, admiten, estuvieron lejos de ser exitosos: “Los primeros productos sí salieron un poco desastrosos”. Pero la constancia fue clave. Ensayo tras ensayo, ajustando fórmulas y procesos, lograron perfeccionar su producto.

El proceso de elaboración que desarrollaron combina técnica e intuición. Desde la selección de ingredientes (cebada, lúpulo, zarzamora y quinoa) hasta la fermentación controlada y la maduración, cada etapa implicó aprendizaje. “Era de mejorar, era de seguir buscando… hicimos muchas pruebas constantes”, explicaron. La estabilidad del producto, especialmente al tratarse de una cerveza afrutada, fue uno de los principales retos técnicos.

Pero Cervezaki no es solo una bebida: es también una declaración. Desde su concepción, las creadoras buscaron posicionarla como una cerveza hecha por mujeres y pensada para un público que busca sabores más suaves. “Queríamos enfocarnos en sabores más sutiles… ideal para disfrutar entre comidas o en una salida con amigas”, mencionaron. La identidad femenina está presente incluso en la imagen de la marca, cuya etiqueta muestra a una mujer como símbolo.

Esta decisión no fue casual. Durante su investigación, descubrieron que históricamente la cerveza era elaborada por mujeres. “Nos dimos cuenta de que, al contrario de lo que se creía, la cerveza empezó siendo elaborada por mujeres”, explicaron. Retomar esa raíz histórica se convirtió en uno de los pilares conceptuales del proyecto.

En un sector tradicionalmente dominado por hombres, su incursión no pasó desapercibida. “Cuando decíamos que elaborábamos cerveza, muchas personas se sorprendían”, recuerdan. Aunque han enfrentado prejuicios y subestimaciones, consideran que su trabajo ha demostrado lo contrario. “Hemos demostrado que poco a poco lo vamos logrando”, afirmaron.

El respaldo de su entorno fue fundamental. Familiares y amigos no solo apoyaron emocionalmente, sino también en aspectos económicos y técnicos. “Fueron de las primeras personas que probaron los experimentos… aunque no estaban muy buenos, seguían animándonos”, relataron entre risas. Este acompañamiento permitió sostener el proyecto en sus etapas más difíciles.

Uno de los momentos clave en su trayectoria fue su participación en concursos académicos. Lo que comenzó como una obligación escolar se convirtió en una oportunidad de crecimiento. “Obtuvimos el primer lugar… fue la batería que nos faltaba para arrancar”, recordaron. Este logro abrió puertas a competencias en ciudades como Saltillo, Monterrey y Aguascalientes, donde también obtuvieron reconocimientos.

A pesar de los avances, los retos persisten. El financiamiento, los costos de producción y el posicionamiento en un mercado donde la cerveza artesanal suele percibirse como cara son obstáculos constantes. “Sí son cosas caras… y muchas personas no apoyan la cerveza artesanal”, reconocieron. Sin embargo, defienden el valor de su producto. “Es el valor que merece cada una de esas cervezas… por todo el proceso que hay detrás”.

Aunque Cervezaki ha demostrado su potencial en el ámbito académico y en concursos, aún no ha sido lanzada al mercado, pues se mantiene en una etapa de desarrollo y consolidación. No obstante, sus creadoras tienen claro que se trata de un proyecto con proyección a futuro. La meta es dar el salto hacia la comercialización, una vez que cuenten con las condiciones necesarias para producir a mayor escala y cumplir con los requisitos formales. En ese sentido, Cervezaki se perfila como un emprendimiento en construcción, con bases sólidas y una visión definida.

Hoy, Cervezaki representa más que un proyecto universitario: es una apuesta por el emprendimiento joven, la innovación alimentaria y la reivindicación del papel de la mujer en la industria cervecera. Sus creadoras sueñan con llevar la marca más allá de lo local. “Nos gustaría participar en ferias de cerveza artesanal… recorrer diferentes lugares del estado, incluso del mundo”, expresaron.

Además, buscan diversificar su oferta con nuevos sabores, sin perder la esencia que las distingue. La visión es clara: crecer sin dejar de ser una cerveza artesanal, con identidad y propósito.

Para quienes desean emprender, su mensaje es directo: enfrentar el miedo. “El miedo es uno de los obstáculos más grandes… pero hay que darse la oportunidad de encararlo”, aconsejaron. Su historia es prueba de que incluso las ideas que nacen en un aula pueden trascender, siempre que haya pasión, disciplina y resiliencia.

En cada botella de Cervezaki hay más que una bebida: hay ciencia, historia, identidad y el testimonio de dos jóvenes que decidieron romper moldes desde Río Grande, Zacatecas. Aunque hoy permanece como un proyecto en desarrollo, todo indica que su historia apenas comienza.

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