spot_img

Más trumpistas que Trump

Más Leídas

- Publicidad -

Por: LUCÍA MEDINA SUÁREZ DEL REAL •

Alguna vez me dijeron que no tenía sentido leer el periódico después de las 12 del día porque ya no encontraría ahí noticias, sino historia. Esto cada vez es más cierto por el vertiginoso ritmo al que gire el mundo. Sin embargo, siempre valdrá la pena conocer la historia porque un día cualquiera una amanece pensando que dio un salto en el tiempo de 30 o 50 años atrás. 

- Publicidad -

El secuestro de Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores en territorio venezolano y su extracción hacia Estados Unidos para presentarlo en la Corte de Nueva York se convirtió lógicamente en el suceso que obligó a dar por terminado el descanso navideño de la atención pública internacional. 

Todavía con muchos cabos por atar, lo que es claro y casi unánime, es que se trató de una operación ilegal violatoria del derecho internacional e incluso de las propias leyes internas de Estados Unidos. 

Por ello, hasta los propios conciudadanos de Trump manifestaron su repudio a estas acciones con protestas en Washington D.C, Los Ángeles, Nueva York, Dallas, San Francisco, Filadelfia, Seattle, Pittsburgh, Chicago y varias ciudades más pequeñas. En consonancia también criticaron la invasión parte de su clase política como Bernie Sanders, Alexandria Ocasio-Cortez, Nancy Pelossy y en menor medida algunos líderes de su partido como el senador Rand Paul quien afirmó que se dejaba un precedente inconstitucional. 

En la escena internacional también predominó el rechazo del atropello. Salvo sus eternos aliados, como los mandatarios de Israel y Argentina respectivamente, predominó el rechazo al atropello. Entre ellos estuvo el del Papa León XIV, los presidentes de Colombia, México, Brasil, Chile Cuba y otros más moderados que sin ninguna simpatía por Maduro reprocharon la ilegalidad de la operación, como Pedro Sánchez de España o la líder ultraderechista Marín Le Pen. 

Las razones de tremenda osadía son confesas. Trump declara abiertamente su interés de hacerse con el petróleo de Venezuela, el país con mayores reservas probadas en el mundo. Y también exige que el gobierno de ese país corte (o atenúe) lazos con Rusia, China, e Irán. 

A la pregunta sobre en qué beneficia a la población estadounidense que Trump intervenga en Venezuela, J. D. Vance con mucha transparencia responde que por principio por la apropiación de los recursos naturales del país sudamericano; segundo, les permite presionar a sus enemigos; y tercero como demostración del poder militar de ese país. Y como corolario, advierte que se trata de “su vecindario” que Venezuela no es Irak, en el sentido de que está a miles y miles de kilómetros, sino que pertenece al mismo continente; reitero, a “SU vecindario”. La doctrina Donroe (antes Monroe) en toda su expresión. 

La honestidad de Trump y sus halcones es fiel a su estilo. Es quizá incluso la causa de su popularidad. Siempre caen mejor los cínicos que los hipócritas, y la verdad es que su política, en general, no es tan distinta a la de sus antecesores, aunque es, eso sí, más estruendosa.

Basta ver que el número de deportaciones en el periodo de Obama es superior al de la era Trump, para corroborarlo. Y sin embargo al demócrata se le cree afable, simpático y medianamente pro-latino.

Con respecto a los anhelos imperialistas tampoco hay mucha diferencia. Sólo que antes la hipótesis del petróleo era la deducción lógica de leer entre líneas los movimientos geopolíticos, pero daba margen de acusar de paranoicos a quienes la visibilizaban. 

El presidente estadounidense actual carece de esa elegancia. No encubre su sed petrolera ni con el esbozo de la palabra “democracia”. No salva siquiera la honra de María Corina Machado a quien nos pintaron como ídolo de multitudes y hoy se admite con toda honestidad que no tiene fuerza, o si quiera el respeto de la población venezolana que supuestamente había dado a su candidato el triunfo electoral. 

A pesar de que no tuvo piedad con quien parece ser su empleada del año, a Trump no le faltaron aplaudidores en México. No les desincentivó el cinismo, tampoco la violación al derecho internacional -a ellos, que tanto admiran el estado de derecho-, ni la pérdida de vidas humanas, o la amenaza de que el siguiente sea Colombia, el mismo México uno de sus lugares favoritos, un país europeo. 

En algunos sectores nada fue argumento suficiente para despertar sino ya la crítica, el pensamiento crítico. Por el contrario, en la más elocuente demostración de convicción democrática amenazaron a quienes piensan distinto con etiquetar a los servicios migratorios de Estados Unidos para que lo tomaran en cuenta cuando expidieran las visas. 

Ni qué decir. Salieron más trumpistas que Trump. 

- Publicidad -

Noticias Recomendadas

Últimas Noticias

- Publicidad -
- Publicidad -