México se está liberando, paso a paso, de una pesada dependencia económica de Estados Unidos. Con ello, de su dependencia política e ideológica. Aunque, hay resabios procolonizadores, como los encarnados en las dirigencias del PRI y del PAN. No se cansan de pedir la intervención, incluso militar, del imperio estadounidense no sólo para garantizar la dependencia, también para ser tutelados por los extranjeros.
Es increíble, pero cierto. Nuestra derecha corrupta navega traicionando a la patria con la esperanza de que, como Judas, les den un puñado de monedas que probablemente no les cumpla el imperio. Tal como sucede con la fascista venezolana María Corina Machado, premio nobel por promover la guerra, el injerencismo e intervencionismo militar en su propia patria. Pero el imperio gringo sólo los usa, se limpia con ellos, les da una patada en el trasero y luego los envía al basurero de la historia.
Nuestra derecha es traidora a la patria, carente de principios y valores, se entrega a los brazos de los neocolonizadores, sin escrúpulos, con fanático y enfermizo orgullo. También es torpe, miope, ingrata, ingenua, evidencia su pobreza intelectual y su nulo interés en hacer algún aporte propositivo para el desarrollo de una “patria ordenada y generosa”. Al contrario, y sin resultados, hacen todo por un fracaso que no se cumple.
El período neoliberal había fortalecido esa dependencia al permitir la destrucción de su planta productiva, la privatización de paraestatales y de muchos servicios públicos, incluyendo cárceles y hospitales que terminaron como negocios en manos de la iniciativa privada mexicana y extranjera; la ampliación del desempleo y la miseria, la caída del salario se ubicó entre los más bajos del mundo. Incluso, por debajo de naciones muy pobres, como Haití. Eso fue tierra fértil para abaratar los costos de producción de la industria fuereña que, durante la globalización, llegó como inversión extranjera a México y a muchas otras partes del mundo. Así, Estados Unidos se desindustrializó, proceso que quieren revertir con aranceles y amenazas de todo tipo.
La virulencia del imperio gringo no obedece a su fortaleza; al contrario, responde a la emergencia de evitar su tendencial derrumbe. Por eso, Donald Trump habla de “hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande (Make America Great Again)”, en ese esfuerzo no necesita del derecho internacional pues sus superpoderes “solo tienen límites en mi propia moralidad, en mi propia mente”, señaló en entrevista al The New York Times (8 de enero del 2026).
Ese pensamiento y comportamiento dictatorial y fascista explica su desprecio por las leyes de su propio país, al derecho internacional y ve en las instituciones internacionales un obstáculo a su permanencia y expansión imperial. Por eso, ordenó la salida de 66 organismos. Con ello deja de gastar en lo que concibe como obstáculo a su imperio y pretende evitar la rendición de cuentas. Por otro lado, anuncia que en el 2027 debe incrementarse el gasto militar pasando del billón de dólares (2026) al billón y medio. La intención es muy clara.
Paralelamente, ha criticado a la industria armamentista de USA la lentitud con la que produce las armas de destrucción masiva y presiona por su modernización. El dictador imperial tiene en claro que él ya vive un momento de guerra y carrera armamentista. Su perspectiva de recobrar la grandeza de EEUU tiene como apuestas la presión, chantaje, extorsión, piratería, injerencismo, guerra y colonización. Para Donald Trump, la crisis del imperio solo tiene como salida el arrebatar la riqueza de otras naciones con el uso de la fuerza bélica.
A esos propósitos responde la invasión armada a Venezuela, con el secuestro del presidente Nicolás Maduro Moros y su esposa, la diputada Cilia Flores, dejando más de cien muertos y muchos heridos. Pero, en mi opinión, hasta el momento fracasó en sus objetivos de someter y colonizar a la nación bolivariana.
La estructura de gobierno está enraizada en la sociedad venezolana, cimentada en las comunas populares; la estructura de gobierno quedó intacta, evidenciando que cuando hay un proyecto de nación socializado los dirigentes son necesarios pero no indispensables. Los lineamientos de una Venezuela independiente y autodeterninada siguen siendo la guía de su pueblo y gobierno. La invasión no acrecentó los partidarios de la derecha asesina, y ha causado el rechazo del mundo, no solo de América.
Contrario a la propaganda gringa, no existe el cártel de los soles, sólo el yacimiento más grande petróleo en el mundo. Tampoco hay una dictadura, solo una democracia directa y participativa; el petróleo no ha pasado a manos de las transnacionales yanquis, Venezuela sigue comercializando con Irán, India, Suráfrica, China y Rusia; tampoco gobierna Donald Trump en el país invadido. Las mentiras flotan, mientras vemos otro aborto de conquista de una bestia imperial que se derrumba.



