El 8 de marzo no es solo una fecha conmemorativa. Es memoria. Es conciencia. Es historia viva.
Recordar el 8M significa mirar las historias de vida de millones de mujeres que todos los días sostienen a México. Mujeres que trabajan sin descanso, que cuidan, que acompañan y que escuchan. Mujeres que, muchas veces en silencio, han sido sinónimo de sustento, fortaleza y comunidad.
Pero también significa honrar a las mujeres valientes que nos antecedieron. A quienes alzaron la voz cuando hacerlo implicaba riesgos. A quienes abrieron camino para demostrarnos que el llamado “techo de cristal” podía romperse.
Ahí están ejemplos que forman parte de nuestra historia: Leona Vicario, que participó en la lucha por la independencia; Josefa Ortiz de Domínguez, símbolo de valentía y convicción; Hermila Galindo, pionera del feminismo en México; Elvia Carrillo Puerto, defensora del voto femenino; y Rosario Castellanos, quien desde la palabra defendió la dignidad y la igualdad de las mujeres.
Gracias a esa lucha constante, hoy hablamos de igualdad sustantiva no como una aspiración lejana, sino como un derecho que debe hacerse realidad en la vida cotidiana de todas.
En los últimos años México ha dado pasos importantes. Desde el Congreso de la Unión se han impulsado reformas para fortalecer la igualdad sustantiva, combatir las violencias contra las mujeres, garantizar su participación en la vida pública y consolidar derechos como la paridad en la toma de decisiones.
También se han fortalecido marcos legales como la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, la protección de los derechos políticos de las mujeres y políticas públicas que reconocen el trabajo de cuidados.
Porque nadie se equivoque: las mujeres no pedimos concesiones, exigimos nuestros derechos.
Gracias a la fuerza de nuestras ancestras, hoy tenemos más oportunidades. Y ahora nos corresponde a nosotras asegurarlas plenamente para las generaciones que vienen. Para que cada niña, cada adolescente, cada joven y cada mujer mexicana pueda vivir en un país más justo, más igualitario y libre de violencias.
México vive, sin duda, un momento histórico.
Tuvieron que pasar dos siglos de vida independiente para que por primera vez una mujer asumiera la más alta responsabilidad del país.
La llegada de la doctora Claudia Sheinbaum a la Presidencia no es solo un hecho político: es el resultado de décadas de lucha de millones de mujeres mexicanas.
Como ella misma lo ha dicho con claridad: “No llego sola, llegamos todas.”
Esa frase resume el momento que vive nuestro país.
Desde la Cuarta Transformación sabemos que la igualdad no puede quedarse en el discurso. Debe convertirse en derechos, oportunidades y bienestar para las mujeres de México.
Y también lo ha dicho nuestra Presidenta: “Es tiempo de mujeres, porque cuando una mujer llega a un espacio de decisión, abre camino para muchas más.”
Por eso el 8 de marzo no es solo memoria. Es también compromiso.
Compromiso para seguir construyendo un país donde ser mujer sea motivo de orgullo, nunca de violencia o discriminación. Donde la igualdad sustantiva sea una realidad y donde ninguna mujer tenga que luchar sola.
Porque cuando las mujeres avanzamos, avanza Zacatecas y todo México.
Y hoy, más que nunca, es tiempo de mujeres.



