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jueves, 29 febrero, 2024
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Por la paz mundial ¡Hasta la victoria!

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Por: ANTONIO GERSHENSON •

Han pasado 85 años cuando Otto Hahn y Fritz Strassmann, científicos dedicados al estudio experimental de la actividad de los átomos y el uranio, encontraron que después de muchos ensayos, la reacción a dicha manipulación fue la liberación de una cantidad de energía hasta entonces impensable. Se descubrió la fisión nuclear.

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Es también en ese momento cuando surge la idea de construir un artefacto bélico que le diera a Estados Unidos un poder inusitado. Surge así una de las amenazas más letales para la población mundial: la potente bomba atómica.

De ahí en adelante, la incertidumbre respecto de la paz ha permanecido en el mundo como uno de los conflictos que afectan a millones, no sólo en lo económico y en lo ambiental, además, es factor de inestabilidad emocional, que genera el miedo colectivo. La vulnerabilidad de la población se hizo más patente, ya que hablamos de una posibilidad de destruir a la humanidad en unos cuantos segundos.

Cabría la pregunta de ¿quién es la autoridad más alta para poner un alto definitivo al amago que venimos soportando por más de ocho décadas?

La voz unánime de millones en el mundo se manifiesta en las calles, a través de miles de mensajes en las redes sociales, en publicaciones pagadas en periódicos y otros medios o en comunicados dirigidos directamente a aquellos protagonistas involucrados en el conflicto bélico; todas esas personas conscientes, son en sí, una gran autoridad.

La bondad, entendida como un acto solidario, y el instinto de supervivencia, son apenas dos fuerzas que nos han mantenido a salvo de una catástrofe nuclear. Y si abundamos en las leyes biológicas que nos han ayudado a rebelarnos contra la destrucción total, apelaríamos al instinto de supervivencia, que no es otra cosa más que la defensa de la vida y la salud. Lamentablemente, las voces de protesta no son escuchadas en muchas ocasiones, aunque sí dejan un precedente y un aviso a los gobiernos agresores. No pocas veces la represión es la única respuesta de aquellos gobiernos que están continuamente poniendo en peligro la paz mundial.

Las agresiones armadas han continuado con resultados altamente destructivos, además de la pérdida de infinidad de vidas humanas civiles. Los conflictos no se resuelven; quedan a merced de la amenaza de utilizar la fuerza letal de una bomba como la lanzada en Hiroshima. Ejemplos recientes: la guerra en Ucrania y los desproporcionados ataques con misiles de alto poder contra la población palestina e israelí.

El 9 de agosto de 1945 la venganza de Truman quedó en la historia universal, como una actitud de barbarie. Nada que ver con los códigos de guerra ni con la proclamación estadunidense de ser el país más libre y avanzado del mundo: “(…) Los japoneses comenzaron la guerra desde el aire en Pearl Harbor. Ahora les hemos devuelto el golpe multiplicado…”

El camino hacia la amenaza nuclear, ya era, desde entonces, una sombría realidad.

El presidente estadunidense estrenó de la peor forma uno de los hallazgos científicos más importantes del siglo XX. Lo que fue una posibilidad de producir electricidad en grandes cantidades y a menor costo, fue un fracaso para la inteligencia humana. La creación de la bomba atómica no ha beneficiado en ningún momento a ninguna persona, excepto a quienes han ganado obscenas cantidades de dinero por fabricar un arma tan perjudicial.

Es importante recordar que un grupo de científicos insistieron en que la ciudad de Hiroshima no debería ser bombardeada por los desconocidos alcances destructivos. Truman no tuvo la capacidad de escuchar.

En el mundo, las múltiples peticiones para lograr la paz duradera y sin amenazas de guerra nuclear han tenido poco éxito. Todavía falta mucho para lograr que los gobiernos tengan la conciencia de que no necesitamos bombas ni armamento con tecnología avanzada para producir gran cantidad de muertes ni masacres para resolver problemas políticos, religiosos, económicos o de cualquier tipo.

No sólo millones de voces han sido ignoradas, también han recibido respuestas absolutamente incongruentes. Por ejemplo, el recientemente fallecido, Henry Kissinger, político alemán-estadunidense del Partido Republicano, es el responsable de múltiples actos bélicos que dañaron a millones de personas en diferentes países.

El ex secretario de Estado, multiseñalado de belicista y cómplice de asesinatos masivos y otros tantos selectivos, fue un gran defensor de la política intervencionista. Sin embargo, recibió el desprestigiado premio Nobel de la Paz.

X: @AntonioGershens

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