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jueves, 8 diciembre, 2022
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¿Abrazos no balazos?

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Por: RICARDO ARTEAGA ANAYA •

Desde el proceso electoral, el ahora Presidente Andrés Manuel López Obrador, planteaba una estrategia para combatir la inseguridad fuera de lo común, es decir, fuera de la típica estrategia de enfrentar al crimen, a la delincuencia organizada y la inseguridad, con violencia, enfrentamientos directos y armados a los grupos delictivos y una guerra que ha dejado cientos de miles de muertos en el país, la estrategia cuyo eslogan ha sido conocido como el de abrazos no balazos.

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La polémica en torno a las declaraciones bajo dicho eslogan, buscan hacer creer en la conciencia colectiva, que el Presidente busca abrazar a los criminales, que su intención es la de permitir que el crimen organizado controle al país impunemente, se desvirtúa de esta forma la verdadera estrategia de combatir la inseguridad desde sus orígenes: la falta de oportundiades, la injusticia, desempleo, desigualdad, entre otras.
Los grandes medios de comunicación, dan una gran cobertura al número de muertos pero no son capaces de analizar el origen de la violencia en el país, las vías para reducirla, combate a la corrupción, etc, optan por callar y no dar cobertura a las cifras alcanzadas por la Unidad de Inteligencia Financiera, el incremento de habitantes en los Centros de Readaptación Social, etc. Por otro lado el Presidente y la 4T optaron por atacar el origen de la violencia en el país implementando programas sociales a través de becas escolares, apoyos económicos para jóvenes sin empleo y recién egresados de una licenciatura para que puedan capacitarse en algún oficio u profesión mientras que reciben un apoyo económico para evitar que los jóvenes continúen siendo la principal fuente de elementos del crimen organizado.

Se han aplicado incrementos al salario mínimo como nunca en la historia, lo que incrementa el poder adquisitivo de las familias y al mismo tiempo un incremento en el salario de millones de trabajadores, hombres y mujeres, que durante décadas padecían las inflaciones sin ver un incremento en sus ingresos, optando por enlistarse en las filas del crimen, viéndose obligados a incurrir en robos, asaltos y en la comisión de otros delitos con tal de llevar el pan a sus hogares.

Por otro lado, el gobierno de la cuarta transformación ha implementado un fuerte combate contra la corrupción, las empresas ya no son obligadas (al menos a nivel federal) a aportar el famoso diezmo a cambio de obra pública o de la contratación de servicios, no hay desvío a través de obras públicas, ni se inflan las compras gubernamentales, se redujo el guachicoleo mediante el cual se ordeñaba a PEMEX con miles de litros de gasolina y de crudo de petróleo de forma clandestina que regresaba a México como gaoslina y con cargo al pueblo, así mismo, la unidad de inteligencia financiera ha logrado congelar una decenas de cuentas de empresas que cuya actividad principal era el lavado de dinero de actividades ilícitas, como del crimen organizado, facturación falsa, entre otras.

El incremento en el salario mínimo, la aplicación de programas sociales y el combate a la corrupción, no significan el cese al cien por ciento de la violencia, esta continúa y durante meses ha encrudecido, tal vez como respuesta al golpe directo en las finanzas del crimen, pero por primera vez en la historia reciente de México, se implementan de forma paralela acciones para combatir el origen de la violencia en el país: la falta de oportundiades, como lo indica la reciente publicación del INEGI, donde se expone el mayor registro de incremento de trabajadores registrados en el seguro social y la disminución en porcentaje de algunos delitos.

La pacificación del país es, sin duda, una de las tareas más complejas para los gobiernos Federal y Estatales y la exigencia más sentida de la ciudadanía, que no se logrará ni se ha logrado por ningún gobierno con llevar a cabo una guerra contra el crimen, por el contrario, la guerra de Felipe Calderón y continuada por Peña Nieto, tiene hoy a algunos de los responsables de dicha estrategia, enfrentando cargos por corrupción al haber beneficiado a determinados cárteles, es decir, que fue una guerra simulada de la que han sido víctimas cientos de miles de mexicanos.

La inseguridad no terminará con una guerra, tampoco con abrazos, pero si con una estrategia planeada e impulsada desde el combate al origen de la inseguridad, buscando el bienestar y progreso de los pueblos, disminuyendo los porcentajes de mexicanos en condición de pobreza, incrementando el empleo y luchando por lograr el crecimiento económico del país, tarea nada fácil en plena crisis mundial, pero que millones de mexicanos continuamos respaldando contra una sangrienta guerra donde los mexicanos somos los únicos que pagamos.

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