La Gualdra 702 / Cine
En el año de 1997, el escritor norteamericano Donald Westlake publicó la novela El Hacha (The Ax), que presenta la encrucijada de un hombre quien, después de perder su trabajo, y ante la incapacidad de conseguir uno nuevo que le planteé la misma estabilidad económica, toma la decisión extrema de eliminar a su competencia con tal de alcanzar el puesto soñado.
Las características de este relato se han vuelto tan atemporales, así como universales, que casi treinta años después de su publicación, el legendario cineasta Park Chan-wook (Oldboy, 2003; The Handmaiden, 2016) adapta la novela de Westlake, situándola en el contexto socioeconómico de Corea del Sur durante la actualidad, donde el trabajo tiene una fuerte carga tanto de estatus como de identidad. Dicho de otra manera, dentro de la cultura surcoreana, si no tienes un trabajo, no eres nadie.

No other choice / La última opción (2025) sigue la historia de Yoo Mansu (Lee Byung-hun), un hombre de mediana edad quien, luego de trabajar durante veinticinco años en una fábrica de papel, es despedido cuando dicha empresa es adquirida por nuevos dueños, originarios de Estados Unidos.
Luego de tres meses sin conseguir un trabajo igual de estable, el desempleo del protagonista empieza a generar estragos no sólo en su persona, también en el resto de los integrantes de su familia. Así, cada día que avanza esa fortaleza que es su hogar empieza a mostrar más y más grietas. Y aunque es un hecho que ninguno de sus familiares terminará en la calle, sí tendrán que adaptarse a vivir sin algunas de las comodidades que antes habían adquirido.
Mansu no está dispuesto a darse por vencido y, tras varias entrevistas fallidas en otras compañías de papel, resolverá que la única opción viable con la que cuenta es llevar el sistema de eliminación de personal a un plano mucho más literal, asesinando al resto de los candidatos que le puedan ganar en la carrera.
Fiel a su estilo particular, el surcoreano utiliza diversos recursos cinematográficos a lo largo de la narración, que van desde suntuosos juegos de cámara, planos detalles alucinantes, un sinnúmero de planos imposibles, hasta transiciones aceleradas y abruptos cortes de escena. Todos estos elementos convergen bajo una edición de ritmo trepidante que subvierte las expectativas de la audiencia de manera continua.
En un punto medio entre el drama criminal y la comedia negra, entre lo absurdo y lo brutal, el realizador reflexiona en torno al concepto del capitalismo salvaje y cuáles son los límites que dicho sistema les obliga a traspasar a aquellos individuos que se han quedado fuera de él, así como lo que están dispuestos a hacer para volver a reintegrarse dentro del mismo.
De igual manera, No other choice medita respecto a la despersonalización del individuo dentro del ámbito laboral y el modo en el que está diseñada para extenderse hacia los pares o iguales. Mientras se embarca en su extraña y violenta odisea, Mansu descubre, a manera de reflejo que, como él, sus competidores también son víctimas de las mismas fallas del sistema y que experimentan las mismas angustias y dolencias, productos de su fracaso como principales proveedores y jefes de familia.
El filme de Park logra ser, a la vez, tan gracioso como abrumador, y nunca es cruel con sus personajes en un sentido gratuito. No hay una gran revelación ni un triunfo en las acciones de Mansu, quien sólo trata de sobrevivir como una pieza más dentro de la enorme maquinaria de la que forma parte. Esa destrucción de la moral y de la autonomía en un sistema cada vez más automatizado no es una verdad fácil de digerir, pero Park Chan-wook es capaz de enfrentarla con entereza, provocación y libertad, demostrando una vez más porqué es uno de los mejores cineastas del mundo.
https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_702



