La Gualdra 702 / Literatura
Las autoras trazan mapas, geografías humanas y ficcionales para dar vida a imágenes vivas en torno al cuerpo y las emociones. Encuentro una veta prolífica desde las escritoras en el siglo XIX, las teorizaciones sobre la novela histórica, la construcción de la memoria, las identidades, la perspectiva de género, y las corporalidades, conceptos que he revisado a lo largo de varios trabajos en torno a figuras como La Malinche, Leona Vicario, Sor Juana Inés de la Cruz, Isabel de Moctezuma, Frida Khalo; así también, autoras como Gertrudis de Avellaneda, Carmen Boullosa, Laura Esquivel, Mónica Lavín, Laura Martínez Belli, entre muchas otras.
Las figuras de mujeres de la Historia de México que han sido nombradas, valoradas, y rescatadas por otras mujeres que escriben desde la historia, la ficción literaria, y los estudios de crítica. Las narrativas literarias seducen al lector/a y crean un puente entre “la verdad” de los hechos y la “verdad” de los afectos y las emociones (sentir miedo, sentir dolor, sentir tristeza, sentir vergüenza), pues la subjetividad de las protagonistas crea fisuras en su transformación y en sus agenciamientos entre lo oficial y su propia libertad. Begoña Barrera y María Sierra comentan que hay emociones permitidas culturalmente, y hay otras sancionadas, es decir, hay un trasfondo social, cultural, e histórico que legitima o desestima las formas de sentir, en este caso, para dar vida y libertad a una protagonista ficcional:
En esta búsqueda de libertad, los individuos pueden encontrar eventualmente lo que Reddy denomina “refugios emocionales”, una relación, ritual u organización formal o informal que proporciona cierta libertad a los individuos, porque supone la relajación de las exigencias emocionales de un régimen/sistema emocional. En oposición a la libertad emocional, el “sufrimiento emocional” sería el resultado de la imposición de un estilo sentimental restrictivo, que impide a los individuos que viven bajo su normativa transitar hacia otros o maniobrar entre varias opciones afectivas, por quedar siempre sujetos a un patrón que no les permite el autoconocimiento y que coarta sus opciones de construirse más allá de lo que pudiera considerarse –no sin problema–, el “repertorio emocional oficial”.(1)
Escribir sobre mujeres conlleva a reflexionar sobre el lugar que han tenido en la historia y en la historiografía literaria, pues en ambos han estado a la saga; no obstante, desde la segunda mitad del XX, no se puede hablar de una marginalidad. Las editoriales reciben y promueven libros que suscriben lo “femenino”, a veces con claras subversiones, y en otras, con un acento conservador y oficial, tanto en formas literarias como ideológicas.
En la literatura y en la historia se han edificado figuras célebres reconocidas, rescatadas, o mediatizadas por alguien más para ser vistas y leídas, al igual que sus imágenes y sus biografías. En las últimas décadas, se aprecia la lectura crítica de sus biografías y de sus transformaciones como sujetos históricos para humanizarlos/as y desacralizar la mitificación, ya sea negativa o positiva, en medio de estructuras de poder y del discurso patriarcal.
Es importante registrar que los gestos, las emociones, y los afectos posibilitan humanizar su experiencia, pero también pueden generar representaciones estereotipadas, tanto en lo literario como en lo histórico. En el plano de las emociones y la historia, advertimos cómo han permeado diferentes disciplinas y cómo han aportado a los estudios de la Historia y el género, lo que ha provocado reflexiones vitales entre ambos discursos: el literario y el histórico.
*Doctorado en Estudios Novohispanos.
Universidad Autónoma de Zacatecas. México.
(1) Begoña Barrera y María Sierra. “Historia de las emociones: ¿qué cuentan los afectos del pasado? Historia y Memoria, Esp., Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC 2020, Enero-Diciembre, pp. 124-125.
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