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■ Fue un parteaguas en la historia de México por su repercusión política, social y cultural

El Movimiento estudiantil del 68 motivó en Zacatecas a una generación combativa

■ Surgieron organizaciones sociales para la defensa de los derechos de colonos y campesinos, a las que se sumaron estudiantes y docentes de la UAZ.

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Por: MARTÍN CATALÁN LERMA •

El movimiento estudiantil de 1968 representó un parteaguas en la historia de México por su repercusión política, social y cultural; en Zacatecas, en los años subsecuentes propició y motivó la aparición de organizaciones en defensa de los derechos de colonos y campesinos, pero también de la universidad pública.

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En ese momento, el movimiento de estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México y del Instituto Politécnico Nacional se manifestaba contra el autoritarismo gubernamental y por libertad de expresión y democracia.

En septiembre de 1968, en la llamada Marcha del Silencio, el discurso de un estudiante expresó: “el orden, la disciplina y la combatividad han quedado visibles para todos. El silencio en que hemos marchado es nuestro fuerte grito de protesta. Este silencio es mucho más elocuente que las palabras violentadas ayer por las bayonetas. Somos conscientes de que el poder gubernamental puede destruirnos usando sus tanques y sus soldados. Pueden masacrar a los estudiantes y al pueblo, pero nunca, nunca podrán doblegarnos, nunca podrán convencernos de que vivir amordazados y de rodillas es el camino de nuestro pueblo”

Semanas después, el 2 de octubre, la protesta concluyó de manera abrupta con una ofensiva del Ejército Mexicano y grupos paramilitares en contra de los jóvenes concentrados en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco. Como resultado, cientos de muertes y desapariciones.

A pesar de la tragedia, el incidente propició una transformación política y social que evidenció el desgaste del régimen presidencialista del Partido Revolucionario Institucional su ejercicio del autoritarismo durante mucho tiempo. Además, exhibió la intolerancia del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz ante la disidencia y la incapacidad del Estado para dialogar y responder a las demandas sociales.

Al pasar el tiempo, este suceso fortaleció la sociedad civil porque a partir de este momento se inició con una nueva etapa de participación ciudadana, más crítica, que paulatinamente derivaron en transformaciones fundamentales en el sistema político mexicano.

Así, el movimiento contribuyó a la apertura democrática de México y al desafiar el control político y promover la pluralidad de ideas, generó una mayor conciencia social que, a la postre, derivó en transformaciones importantes. 

Así, el 2 de octubre de 1968, fecha de la masacre de Tlatelolco, se ha convertido en un símbolo de la lucha por la justicia y los derechos humanos en México que permanece en la memoria como un recordatorio del costo de la represión y la importancia de la acción colectiva para contribuir con un mejor futuro.

Esa transformación se reflejó en Zacatecas con una generación combativa; surgieron organizaciones sociales cuyo objetivo fue al defensa de los derechos de colonos y campesinos, a las que se sumaron estudiantes y docentes de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ).

El fenecido cronista de la universidad, Uziel Gutiérrez de la Isla, relató que, en 1968, “la juventud universitaria fue el motor de los grandes cambios sociales que se llevaron a efecto en múltiples países. Si bien cada movimiento estudiantil tuvo singularidades, el común denominador fue la ruptura de los jóvenes con el orden establecido. Ellos pusieron en tela de juicio a las sociedades de su época en la que prevalecían grandes injusticias. En México, tales inquietudes posteriormente se dispersaron desde la capital del país al interior del mismo”.
Refirió que la UAZ nació permeada por una educación predominantemente elitista y tradicionalista, hasta que en 1971 se realizó un Simposium de Reforma en el que adoptó como principios rectores de su desempeño el ser democrática, científico, crítica y popular.

En consecuencia, un sector de universitarios emprendió acciones concretas para llevar a la práctica tales objetivos, lo que motivó a los grupos conservadores de la UAZ a tratar de frenar esas iniciativas.

En la década de 1970, la tierra cultivable en Zacatecas pertenecía a 33 familias, hasta que se integró el Frente Popular de Zacatecas, asesorado y dirigido por universitarios, entre ellos Jesús Pérez Cuevas, Aquiles González Navarro, Francisco Valerio Quintero, Abel García Guízar, Luis Medina Lizalde, entre otros que pugnaron por el reparto agrario.

De acuerdo con Gutiérrez de la Isla, tal situación afectó los intereses de la clase adinerada y derivó en la creación del Alianza Universitaria, organización que asaltó de manera violenta la Rectoría en enero de 1977 en donde una de sus exigencias fue la destitución de los universitarios que participaban en el Frente Popular de Zacatecas.

“Después de cuatro meses de pugnas, mediante un complejo proceso de negociación al más alto nivel, se realizó un referéndum que favoreció a Tendencia Universitaria, es decir, a la universidad democrática, científica y popular. Tal movimiento le abrió espacios a las funciones sustantivas de la UAZ anteriormente insospechadas”.

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