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■ La activista denunció el gozo narcisista del poder, especialmente asociado a la masculinidad

Necesaria, pedagogía política basada en ternura, vinculación y cercanía: Ramos

■ Advirtió sobre la reorganización del fascismo, impulsado por personajes como Trump y Milei

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Por: ALEJANDRA CABRAL •

Frente al avance de discursos de ultraderecha y la cooptación institucional del feminismo, la activista y universitaria Margarita Ramos Mier hizo un llamado a construir una nueva pedagogía política basada en la ternura, la vinculación y la crítica sistémica, durante su presentación “Feminismo y Acción Política”.

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“La organización tendrá que surgir desde un lugar que no reproduzca el patriarcado, pero también desde la comprensión de nuestras contradicciones”, señaló durante la charla virtual organizada por el Colectivo Dignidad Popular, con presencia en Ciudad de México, Estado de México y Zacatecas.

La ponente contrastó los llamados feminismos populares −arraigados en la experiencia comunitaria de mujeres que luchan por condiciones dignas de vida− con los feminismos institucionales, enfocados en cuotas de género, políticas públicas y reformas legales. Si bien reconoció ciertos avances, advirtió que estos últimos han sido “instrumentalizados por intereses neoliberales y partidos políticos, lo que diluye su potencia transformadora”.

Como parte del recorrido histórico, recordó el Congreso Feminista de Yucatán de 1916, integrado principalmente por maestras, así como la Ley Revolucionaria de Mujeres proclamada por el EZLN en 1993 y la reciente marea verde, que ha colocado el derecho al aborto (“el cuerpo como primer territorio de defensa”), en el centro del debate público.

Durante la sesión, se proyectó un fragmento de entrevista con la antropóloga Rita Segato, quien advirtió que el creciente atractivo de la derecha entre las juventudes no se basa en una aspiración por el progreso, sino en la seducción del poder. “El poder es una mala palabra”, afirmó. “Cuando se aspira al poder, podemos hacer muchas barbaridades”.

En lugar de seguir reproduciendo esa lógica, Segato propone una pedagogía de la sensibilidad: un modo de actuar político basado en la ternura, la vinculación y el placer de la cercanía. No se trata, dijo, de empatía o compasión (“conceptos que no lograron llegar a destino”), sino de ejercer el cariño como práctica política.

También denunció el gozo narcisista del poder, especialmente asociado a la masculinidad y al dominio sobre cuerpos y territorios. Frente a eso, planteó la necesidad de aspirar al despoder: construir desde la comunicación, la convivencia y el rechazo a la lógica de apropiación.

En este sentido, Ramos Mier alertó sobre la reorganización del fascismo contemporáneo, impulsado por personajes como Donald Trump y Javier Milei, que han sabido usar las redes sociales para capitalizar el descontento juvenil. “El fascismo que creíamos superado se refuncionaliza con herramientas del capitalismo digital para desarticular procesos organizativos desde abajo”, advirtió.

Al cierre, subrayó que el feminismo no debe limitarse a una agenda de derechos: “Es una forma de vida. Lo personal es político”, afirmó, e invitó a politizar lo cotidiano, rechazar las jerarquías y sostener una crítica constante al poder, incluso dentro de los propios movimientos. La forma de organización (mixta o separatista) dependerá, dijo, de que cada colectivo pueda construir espacios más habitables para todas.

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