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La fuerza de Morena está en sus principios

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Por: JOSÉ NARRO CÉSPEDES •

Los grandes movimientos sociales y políticos no fracasan cuando enfrentan a sus adversarios; se debilitan cuando olvidan las causas que les dieron origen. Morena nació para transformar la vida pública de México, combatir los privilegios, erradicar la corrupción y poner en el centro de las decisiones a quienes durante décadas fueron olvidados. Esa identidad no puede diluirse por el paso del tiempo ni por el ejercicio del poder.

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Hoy más que nunca es indispensable recuperar y fortalecer los principios que dieron vida al movimiento: la austeridad republicana, la honestidad, la cercanía con el pueblo y la defensa permanente de las clases trabajadoras y de quienes menos tienen. La autoridad moral ha sido el principal activo de la Cuarta Transformación y debe seguir siéndolo.

Los recientes debates públicos derivados de la participación de legisladoras de Morena en un espacio de entretenimiento digital provocaron una reflexión necesaria. Las propias expresiones de la dirigencia nacional del partido y de la presidenta de Morena recordaron que quienes representamos un proyecto de transformación tenemos la obligación de conducirnos con sobriedad, congruencia y responsabilidad. No se trata de limitar libertades personales, sino de comprender que el servicio público exige un compromiso permanente con los valores que dieron origen al movimiento.

Morena no puede parecerse a los partidos que durante décadas hicieron del poder un espacio de privilegios y excesos. Nuestra responsabilidad es demostrar, todos los días, que la política puede ejercerse con sencillez, con cercanía a la gente y con un profundo sentido de justicia social. Esa es la diferencia que millones de mexicanas y mexicanos respaldaron en las urnas.

Sin embargo, la recuperación de nuestros principios también pasa por enfrentar con firmeza la estrategia de desinformación impulsada por una oposición que, incapaz de construir una alternativa de país, ha optado por la descalificación sistemática.

En ese contexto deben entenderse las acusaciones reiteradas del dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno, quien ha insistido en llamar «narcopartido» a Morena. Se trata de una expresión que forma parte de una estrategia política que incluso ha dado lugar a procedimientos ante la autoridad electoral. Morena presentó una nueva queja contra el PRI y contra su dirigente nacional por la difusión de propaganda presuntamente calumniosa y por el incumplimiento de medidas cautelares emitidas por la autoridad competente. Como señaló la representación del partido: «No vamos a dejar de defender la verdad, a Morena y a la realidad.»

Lo verdaderamente preocupante es que, mientras algunos pretenden construir una narrativa basada en el insulto y la descalificación, los hechos vuelven a exhibir las profundas contradicciones de quienes hoy lanzan esas acusaciones. La reciente detención del exgobernador panista de Baja California, investigado por autoridades por su presunta participación en una red de contrabando de combustible, recuerda que los problemas de corrupción y presuntos vínculos con actividades ilícitas no se resuelven mediante campañas de propaganda ni con etiquetas dirigidas contra los adversarios políticos.

Durante meses, la oposición ha intentado construir una cortina de humo para desacreditar a Morena mediante calificativos sin sustento judicial. Mientras tanto, diversos casos que involucran a personajes de sus propias filas han puesto bajo escrutinio la actuación de quienes hoy buscan erigirse como jueces morales. La justicia debe aplicarse sin distingos, caiga quien caiga, pero siempre con base en pruebas, en el debido proceso y en las resoluciones de las autoridades competentes, no en campañas mediáticas.

Morena debe responder a esa estrategia con serenidad, pero también con firmeza. La mejor defensa no consiste únicamente en acudir ante las autoridades cuando existan expresiones calumniosas; consiste, sobre todo, en gobernar con honestidad, actuar con austeridad y mantenerse del lado del pueblo. Esa fue la promesa fundacional de nuestro movimiento y esa debe seguir siendo nuestra principal carta de presentación.

Porque la transformación de México no se sostendrá únicamente con mayorías legislativas o triunfos electorales. Se sostendrá mientras Morena conserve la autoridad moral que le dio origen, mientras siga siendo el instrumento de quienes durante décadas fueron ignorados y mientras nunca olvide que el verdadero poder reside en el pueblo y que únicamente al pueblo debe servir.

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