Me invitaron a dar una conferencia sobre mi vida y la vida nacional y latinoamericana que me ha tocado. El grupo es como una mesa amplia semanal de debate y exposición; antes estuvo el alcalde de la ciudad, el orate exgobernador de Oaxaca Ulises Ruiz, el intelectual orgánico del panismo Osvaldo Ríos; ha habido de todo y hasta yo, apenas el pasado sábado.
Fui duro, como debe ser, sobre todo con mi misma historia, sin chicanadas, sí optando por una visión global histórica de lo que ha sido nuestro país en los últimos 52 años, los países latinoamericanos que tuve a bien recorrer como reportero e instigador de la historia y la hechicería. Los invitadores me llenaron de elogios y preguntas; duró un aproximado de 2 horas y media y los asistentes cumplieron con los protocolos insensatos.
Lo tuve que repetir: que haya diálogo, exposición, pero también derecho de réplica. La presencia ahí del criminal de la ultraderecha mexicana, prócer del oratismo nacional, el exgobernador de Oaxaca Ulises Ruiz Tello, y su abyecta y viciosa exposición sobre el país fue por demás aceptada por una mayoría incapaz de refutarle la andanada de mentiras y supuestos, cuando el mismo sujeto de marras tiene expedientes por malversación de fondos, connivencia comprobada por sus nexos con el crimen organizado, carpetas judiciales por asesinatos de líderes sociales, malversación de fondos del erario público y un largo expediente de represiones a movimientos populares y traiciones a lo más elemental del estado de derecho.
Peor aún, la reciente presencia de Osvaldo Ríos, dícese abogado y luchador social, pero es un golpeador nato del panismo más gratificante con los odiadores de la cuarta. Grandes cantidades de dinero ha recibido este señor de las bitácoras derrotadas que trata de exponer de manera furibunda los supuestos males del obradorismo, repitiendo una retahíla de condenas tácitas y una orgía verborreica incapaz de aportar alguna cosa visible para un programa alternativo de nación, y lo mismo sucedió: nadie del Grupo Fundadores fue para espetarle que su conducta es inapropiada, que aburren con su lógica ultraderechista, la condena falsa, la ruindad de los desechos de la agenda que solo quiere el golpeteo, ruido de por medio; por eso me bloqueó en el Twitter por haber contestado la infinidad de lenguaraces consignas enfermizas y mal aprovechadas.
Mi exposición giró en la historia de mi familia, las persecuciones y encarcelamientos que tuve y tuvimos mi generación; la presencia en la mesa de Fabián Espinosa Díaz de León y Juan Antonio Rodríguez Chessani bastaba para ser felices y hubo otros compañeros también inolvidables como Gerardo Ávila y su compañera Laura, Emmanuel del Toro, Lupe Zamora, Francisco Pájaro y demás que me ungieron como el no déspota de las letras rebeldes, de la música de protesta, de la búsqueda de la historia revisada, popularizada, dada a conocer de manera masiva y audaz.
Rápido recordé que Fabián Espinosa ha tenido una vida prodigiosa como dirigente mundial de las juventudes estudiantiles y quien tuvo en dos ocasiones la oportunidad de estar frente al líder de Irak, Saddam Husein, en hospitales de guerra, criticando el fanatismo de sus adherentes. Fabián tuvo puestos públicos importantes, acaba de escribir un libro sobre sus experiencias con el cacique exgobernador potosino Gonzalo N. Santos y que pronto presentará en el Senado de la República.
Hace como unos 25 años tuve la oportunidad de entrar a su casa y entonces vi su largo historial de viajes por el mundo con las grandes personalidades del siglo xx.
Juan Antonio Rodríguez Chessani se cuece aparte: exdirigente estudiantil, encarcelado en varias ocasiones por gobernadores aviesos, líder de las muchedumbres ambulantes, escritor de libros, viajero en Cuba, admirador del Che, propagandista de la pluralidad, curioso como sus ancestros italianos y con una gran rama familiar que se expandió a base de mucho trabajo y militancia en la honradez. Él es el principal portavoz del Grupo Fundadores; su autoridad moral y su liderazgo son indiscutibles por su fraternidad, controversia y saber guardar el habla y estar fuerte en escuchar el escándalo.
Presentí que al grupo le urgía saber mi opinión sobre los acontecimientos de San Luis Potosí y el Partido Verde y Morena y el PT y la esposa del gobernador y los recién cumplidos 20 años del gallardismo en la entidad, las posibilidades de que la senadora Ruth supla a su esposo sin que haya desquebrajamiento nacional en las alianzas tupidas y desmedidas.
Sentí también equivocadamente el supuesto endeudamiento ilegal e irresponsable del país con los acreedores mundiales y la espera ansiosa de que se suspendan los apoyos sociales a más de 35 millones de hogares mexicanos por ausencia de “liquidez de fondos del Estado”, pero les recordé que nuestro México es nuevamente colocado como la décima potencia económica mundial, que todo se hace responsablemente, que cientos de miles de millones de pesos ahora son cobrados a los grandes empresarios a los que durante decenios se les perdonaban el pago de impuestos e intereses y que lo que se contrae de deuda externa es acorde al crecimiento global de la economía y las capacidades de la nación para hacerle frente.
Les recordé las suciedades del Fobaproa, donde la deuda privada se convirtió en deuda pública y que el gallinazo Rubén Moreira, actual dizque líder de la bancada priista en San Lázaro, ha gritado y pedido que “Morena no es de izquierda; si lo fueran, ya hubieran suspendido los pagos de los intereses de la descomunal deuda impagable del Fobaproa”, lo que sería muy irresponsable, aunque el mismo pripanismo enloquecido hundió al país por 70 años con esa anomalía. Aún faltan casi 50 años de pagos insólitos de cientos de miles de millones de dólares.
Volví a la sentencia ineludible del pueblo mexicano con sus 70 mil comités seccionales de Morena en el país y los casi 14 millones de militantes y la defensa barrial de los postulados del obradorismo. Analicé el caso de Sinaloa, donde hice historia apuntalando lo sucio del pripanismo al haber gobernado durante casi 100 años esa entidad y de cómo don Rubén Rocha Moya, desde antes de las elecciones de junio de 2021, arrasaba en todas las encuestas locales y nacionales ante sus débiles adversarios ultra ratas. Ahí los derrotados desde antes ensuciaron el proceso, contrataron sicarios, mancillaron casillas para luego endilgarle a los triunfadores que “habían ganado por el narco”.
Le argumentaba a Chessani y a todos: «¿Cómo van a creer, si Morena y la alianza con Partido Verde y PT y toda la Cuarta Transformación cuenta con la simpatía de más del 75 por ciento de la población, millones de militantes, cientos de miles de millones de pesos en financiamiento legal de los organismos electorales, va a necesitar del apoyo de los narcos para ganar? ¡¡Por favor!!
Luego hablé de Argentina y sus barrios más pobres, de mis vicisitudes en Paraguay, la maravilla en Nicaragua y la brujería de Colombia. Todos me abrazaron. Fue obvio que muchos se disculparon por no poder asistir; son excluyentes, perdonavidas, con el instructivo malsano de la dispensa acorralada.
¡¡Mejor!!.



