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La soberanía se defiende con resultados

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Por: Verónica Díaz Robles •

En México hay principios que no se negocian, y la soberanía nacional es el primero de ellos. Nuestra querida presidenta de México, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, lo ha dicho con toda claridad: las operaciones de seguridad en territorio mexicano solamente las realizan las instituciones mexicanas. Ningún gobierno extranjero, ninguna agencia, tiene permitido actuar por encima de nuestra Constitución.

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Durante años se normalizó lo contrario. Se abrieron las puertas para que agencias extranjeras planearan y ejecutaran operativos en nuestro país, como si México fuera un territorio sin dueño. Esa etapa quedó atrás. Hoy existe un protocolo claro: todo agente extranjero debe estar registrado, autorizado por un comité del gabinete de seguridad y obligado a trabajar en el marco de la Constitución y de la Ley de Seguridad Nacional, con informes mensuales de sus actividades. Quien opere fuera de ese registro está violando la ley, y así se le señala, con todas sus letras.

¿Y qué se gana con esa firmeza? ¿Se pierde acaso la relación con Estados Unidos? Todo lo contrario. Compartimos con ese país una frontera de más de 3 mil kilómetros, y precisamente por eso la cooperación es indispensable; pero la cooperación con respeto da mejores resultados que la injerencia.

Los datos lo prueban: trabajando de manera coordinada, con intercambio de información, pero con operativos ejecutados por instituciones mexicanas, la entrada de fentanilo de México a Estados Unidos se ha reducido 70 por ciento desde el inicio de este gobierno, y la colaboración corre en los dos sentidos: a petición de México, Estados Unidos ha realizado incautaciones de armas en su propio territorio, porque cada país debe atender su parte del problema.

Esa coordinación también es interna; el gabinete de seguridad sesiona todos los días y trabaja con los 32 gobiernos estatales, sin importar el partido, porque la seguridad y la justicia no se politizan.

La fórmula que nuestra presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha sostenido con serenidad y con carácter es una sola: colaboración sin subordinación. Cooperar es compartir información y respetar la ley de cada nación.

Subordinarse es permitir que otros operen en nuestro suelo sin informar al Estado mexicano y que pacten con unos grupos criminales frente a otros. La historia reciente ya demostró a dónde conduce ese camino: a más violencia y a menos justicia.

Como legisladora, tuve el honor de respaldar la reforma constitucional en materia de soberanía, que blinda a México frente a cualquier intervención extranjera. Lo hice con la convicción que aprendí en este movimiento: México no es piñata de nadie. Nuestra relación con el mundo debe construirse desde la dignidad, entre iguales, jamás desde la sumisión.

Hoy mi encargo lleva ese principio en el nombre: la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional. Por eso estoy recorriendo los 58 municipios de Zacatecas, porque hay que decirle a la gente que la soberanía no se defiende solamente en los tratados y en las leyes: se defiende con un pueblo informado, organizado y consciente de que este proyecto le pertenece.

En cada comunidad encuentro a mexicanas y mexicanos orgullosos de tener una presidenta que no se dobla y que dialoga con la frente en alto. Ese orgullo también es soberanía: la de un pueblo que dejó de agachar la cabeza.

La soberanía no es un discurso: es la certeza cotidiana de que las decisiones sobre México se toman en México, por los mexicanos y para los mexicanos. Y mientras haya pueblo dispuesto a defenderla, ninguna presión, venga de donde venga, podrá arrebatárnosla.

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