La Gualdra 716 / Entrevistas / Literatura
Alondra es el libro de poesía de Ana Basilio con el cual obtuvo el Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino que cuenta la historia de una mujer cuyo telón de fondo es el Veracruz, un escenario de crímenes, un territorio violentado, pero con voluntad propia, donde se reza con fervor, la pobreza es destino y las abuelas y madres transmiten el conocimiento ancestral de la brujería.
En entrevista con La Gualdra, Basilio charló sobre su proceso creativo, el verso y el tiempo de escritura.
“Partí de una imagen femenina. Yo sabía qué quería contar desde una voz femenina que atraviesa la precariedad, la precarización laboral, pero también cómo eso repercute en todos los estratos; también quería hablar de la violencia que es inevitable para mí no tocarla e incluso no reflejarla a través de los poemas, porque mi contexto me lo grita. O sea, yo en Poza Rica, en Veracruz, volteo y veo la cara de la muerte en todos lados de diferentes formas, entonces no puedo no decirlo.
“Y creo que ese tema, por ejemplo, que tiene tantos vértices y que golpea de diferentes formas, es algo que nos atraviesa a todos, independientemente de nuestra identidad de género o de cómo nacimos, incluso del estatus social donde nacimos. Y desde ese punto creo que a cualquiera le puede tocar las entrañas; además ésta es una exploración a través del cuerpo femenino y que a su vez su cuerpo también es un territorio, y el territorio geográfico sufre violencia y es invadido por otras manos ajenas”, dijo la escritora veracruzana.
“Yo sé que todo lo que dice mi abuela es verdad…”, así comienza este libro, una declaración de intenciones, la mención de una genealogía, el corpus de donde abreva la poeta.

“Yo sabía que quería intercalar los tonos dentro de la historia. Sabía yo que quería contar muchas cosas, entonces tenía que buscar la manera orgánica en que estas historias fueran contadas, en que estas imágenes fueran puestas de una forma armónica, como tal y como decoramos una habitación.
Sabía que tenía que situar estos versos, estas partes más, que algunos dicen como de noticia, más informativas, o algunas otras que son más narrativas y otras también que me gusta mucho en la poesía, y sobre todo al cerrar los poemas, con un cierre y un inicio contundente, que golpee muy fuerte y que sea crudo, y que venga también de la mano con algo pues cadencioso y suave”, dijo Basilio.
Una de las características de Alondra es la diversidad de estilos, un libro de poesía que pasa del verso a la narrativa, a veces con tonos líricos otros periodísticos y a veces con enorme conversacional.
“Alondra la veo como una sola historia bien entrelazada y que bien puede ser una prefiguración de novela o una novela. Al principio yo sabía que iba a contarlo a partir de una voz femenina o de voces femeninas, porque a mí sí me interesaba mucho que no solamente tuviera la perspectiva o la historia de lo que cuenta una voz femenina infantil, sino también una voz femenina de la tercera edad o una voz femenina un poco más grande”.
Para mí es este libro es un registro porque todas estas historias están enriquecidas por un trabajo que yo hice, un trabajo de investigación, un trabajo etnográfico que incluyó platicar con muchas personas, recorrer todas las comunidades en Veracruz, que fue un trabajo etnográfico un poco accidental, pero ahí ya estaban tejiéndose la historia en otra parte de mi mente”.
En referencia al ritmo y trabajo poético, Ana dice que trabajó mucho en la musicalidad del libro, y realizó un constante trabajo de edición.
“Hay intuición en torno al trabajo de oído, pero estuve estudiando mucho como la forma llevar este ritmo, esta musicalidad sostenida en una tensión, en una tensión de historia, no nada más fonéticamente. Ahí tuve enorme complejidad a la que tuve que sumergirme y también que tuve que estar editando y trabajando muchas veces. Sí fue un trabajo de mucha disciplina de día tras día, estar escribiendo mínimo un poema, porque sí estaba yo comprometida con mi proyecto”, afirmó Basilio.
La poeta también reconoció la influencia de una serie de escritores y escritoras que fueron una hoja de ruta para su libro.
“Los libros que me acompañaron los miró como una bibliografía, como si todos nos subiéramos a un barco, a una aventura, entonces tuve mi tripulación específica para el libro, estuve acompañada por Marosa di Giorgio, por Carpentier, por Reinaldo Arenas, por David Huerta, por Cervantes, creo que ésos fueron los más fuertes que me estuvieron acompañando. Y Rulfo, específicamente «El gallo de oro”.
“Me obsesioné con mis lecturas, es también estudiar las voces, las poéticas de los autores, y ésos fueron mi tripulación específica para ese libro, y muchos de ellos son para mí de cabecera y me acompañan, y ahí le agregaría quizás a Vallejo y a Jaime Sabines”, concluyó.



