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Ni subordinación ni silencio: la soberanía como principio irrenunciable

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Por: La Jornada Zacatecas •

La defensa de la soberanía nacional no es una consigna retórica ni un recurso discursivo de coyuntura: es un principio histórico que ha definido la existencia misma de México frente a las presiones externas. En el contexto actual, marcado por la errática política exterior de Donald Trump, el resurgimiento de visiones intervencionistas y una oposición anti patriota, esta premisa adquiere una relevancia ineludible.

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Los recientes hechos en Chihuahua, donde perdieron la vida dos agentes de la CIA en un operativo cuya ilegalidad es incuestionable, colocan en el centro del debate la fragilidad institucional frente a injerencias extranjeras. Más aún, la invitación realizada por la gobernadora panista, Maru Campos, al margen de los canales diplomáticos formales, representa un precedente alarmante que vulnera el pacto federal y erosiona la rectoría del Estado mexicano en materia de política exterior.

México no puede ni debe permitir que, bajo el argumento de la cooperación en seguridad, se abran resquicios para la intervención directa de agencias extranjeras en su territorio. La historia latinoamericana está plagada de ejemplos donde estas “colaboraciones” derivaron en pérdida de autonomía, violaciones a derechos humanos, subordinación política y golpes de Estado como en Chile para derrocar a Salvador Allende.

En un escenario global tensionado por conflictos geopolíticos, disputas comerciales y reconfiguraciones del poder, la soberanía se convierte en un activo estratégico. No se trata de aislamiento, sino de establecer relaciones internacionales basadas en el respeto mutuo, la legalidad y la autodeterminación de los pueblos.

La defensa de la soberanía implica, además, fortalecer las instituciones nacionales, garantizar la transparencia en la cooperación internacional y rechazar cualquier intento de actores internos de actuar como intermediarios de intereses externos. La responsabilidad no es solo del gobierno federal, sino de todos los órdenes de gobierno.

Hoy, más que nunca, México está llamado a reafirmar su independencia y dignidad frente a un entorno internacional incierto. La soberanía no se negocia: se ejerce, se protege y se defiende.

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