La Gualdra 711 / Libros
Por Aída Chacón-Castellanos
Esta es una de esas lecturas que llegan en momentos inesperados, de manera casual, casi por coincidencia. Conocía ya la potencia narrativa de la autora por otra novela que no mencionaré ahora, pero debo reconocer que Salomé (2013), de Elaine Vilar Madriga, fue una narración paralizante, como si cada una de las líneas leídas fuera aporreándome de maneras que no imaginaba.
Todo comenzó con un viaje académico que tenía en puerta. Debía elegir algunas lecturas para acompañarme durante esos días fuera de casa y de la rutina diaria, pero también debía dejar espacio para traer conmigo algunas cosas de Colombia. Estuve únicamente en Bogotá y aproveché cada momento disponible para recorrer museos, librerías y cafeterías. En fin, decidí llevar conmigo libros que pudiera leer en un dispositivo electrónico o escuchar en formato audiolibro. Esa decisión hizo que varios “pedeefes” pendientes me acompañaran.
Primero leí un relato de no ficción, pues tenía una temporada larga de solamente enfocarme en ciertos géneros como el ensayo y algunas otras literaturas del yo. Dejé a Salomé para entretenerme en los recesos mientras almorzaba en algún lugar con pasto de la universidad. Comencé sin mucho ánimo mientras esperaba mi turno para comer algo sencillo y rápido. A medida que la espera se hacía larga y mi turno en aquella fila no llegaba, me fui perdiendo en la lectura. Esta novela se trata de un relato polifónico situado en un momento en el que los humanos capturan exóticas criaturas provenientes de otros mundos y galaxias. Además, esta afición humana por capturar a estos peculiares seres se trata de una demostración del poderío de los gobernantes humanos que expanden los límites de sus territorios a través de la explotación del universo entero.
Una de estas particulares criaturas es Salomé. La narración no puntualiza sus características de manera precisa, pero ella tiene el poder de despertar las más profundas pasiones y de entregar el más grande placer a quienes la poseen. Su nombre es desconocido, pero fue llamada de esa forma porque es la encarnación misma del deseo y es nombrada así por el viejo gobernante que la reclama como una propiedad que necesita en sus manos.
Salomé narra las tensiones políticas de una sociedad profundamente desigual, marcada por prejuicios y un machismo recalcitrante, pero al mismo tiempo refleja una enorme libertad sexual que no es más que otra manera de ejercer el poder de los gobernantes, casualmente todos ellos, varones. En un escenario de ciencia ficción con una marcada influencia de algunos clásicos del género, se desarrollan intricados relatos de sexo y poder. Salomé poco a poco va derrotando a cada uno de los poderosos que la poseen y que pelean por su cuerpo como si se tratara de un ornamento que pueden dominar a su antojo. En este relato Salomé, así como la hijastra del Herodías bíblico, termina por hechizar a los más poderosos y los somete al punto de que ellos cumplen cualquiera de sus deseos. Esto los lleva a su propia e inevitable destrucción.
Además de las intertextualidades obvias, como el nombre de la criatura femenina, podemos encontrar otras enormes similitudes narrativas, por ejemplo, “No tengo fuerzas y, en honor a la verdad, tampoco deseos de negarte ni una sola cosa en todo el universo, siempre que se encuentre entre mis manos ofrecértela”, es lo que el comendador le dice a Salomé al mirarla. Asimismo, Herodes le dice a Salomé “Pídeme lo que quieras y te lo daré. Y le prometió bajo juramento: Te daré lo que pidas, hasta la mitad de mi reino” y ella pide la cabeza de Juan Bautista.
Otras grandes influencias que es posible notar en la hábil pluma de la autora son las de Octavia Butler y Úrsula K. Leguin. Ambas, sin duda alguna, de las más potentes escritoras de ciencia ficción que ha tenido el mundo en el siglo XX. La inteligencia de Elaine Vilar Madruga para tejer en este conflictivo relato un mundo erótico me recordó a Hija de sangre y otros relatos (1995), de Butler. El relato que da título al libro de esta autora, le mereció el premio Hugo (1984) y el premio Nébula (1983); Salomé, así como este relato, se trata de una escritura muy bien pensada y al mismo tiempo, muy perturbadora. Como anotación adicional, Elaine Vilar Madruga también fue galardonada por esta obra en 2013 con el Premio Calendario (2013) y el Premio Agustín Rojas de la Crítica a la mejor novela de ciencia ficción publicada en Cuba.
Finalmente, aquel viaje a Colombia me permitió conocer una ciudad monstruo maravillosa, llena de ruido y muy familiar por su caos cotidiano, pero, además, regresé siendo otra después de esa lectura que transformó de una forma maravillosa mi propia visión sobre la ciencia ficción latinoamericana y caribeña. Por supuesto que también quise poseer a Salomé y compré el libro impreso una vez llegando a México.
* Aída Chacón-Castellanos es doctora en Estudios Latinoamericanos e investigadora posdoctoral del IIFL UNAM. Especialista en narrativa cubana contemporánea y ferviente lectora de escritoras latinoamericanas y caribeñas.



