La Gualdra 707 / Elsa Cross / Poesía
La primera vez que accedí a un volumen de la poesía reunida de Elsa Cross (6 de marzo de 1946, Ciudad de México) fue revelador su contenido. El volumen de sus poemas deja sentir su esplendor y la infinita aspiración lírica. Como parte de una huella que permanece intacta. Con precisión recuerdo las palabras de presentación a su poesía como invitación ponderada para terminar de conocerla al decir que es un ejemplo del tránsito “por una luz persistente”.
La frase me aguijoneó como si fuera aislada o autónoma de algo fuerte; un ejemplo revelador de la escritura por el ejemplo de sus múltiples títulos. Con esta frase inicial sucede la exploración de su poesía. Por un lado, sabía de sus poemas, la había leído de forma intermitente y frecuentado como parte de una reiteración admirable. Su nombre en la poesía mexicana es una realidad confirmada para todos los lectores de una generación como la suya: los poetas que nacieron en México en la década de los cuarenta del siglo XX.
Por esto, al referir dos autoras de su generación, Gloria Gervitz y Elva Macías, es sabiendo que han dejado una estela de pasión inconfundible y sus versos son parte de la huella que permanece. Ya que Migraciones es un poema torrencial, un canto infinito, y Mirador es el título de Macías, pero cuando pasamos revista a Elsa Cross, no se queda atrás, deslumbra con un placer verbal y la determinan los títulos de su entorno lírico: Naxos, Verano, Herencia, Amor al más oscuro, La dama de la torre, Destiempo, Espejo al sol, Las edades perdidas, Paisaje de fuego, Bacantes, Baniano, Canto malabar, Visión del niño Ram, Jaguar, Chapultepec 7:00 a.m., Singladuras, El diván de Ántar, Moira, Casuarinas o de la percepción, Urraca o de los pensamientos, Cantáridas o de las palabras, Los sueños. Elegías, Ultramar. Odas, El vino de las cosas. Ditirambos, Cuaderno de Amargós, Bomarzo, Visible y no y Escaleras; que figuran en la Poesía completa publicada en 2012.
Quizás por eso han señalado los editores de sus poemas que “el hilo que enlaza estos libros conduce por paisajes muy distintos del alma y de la geografía, formando un claroscuro que entreteje, en su valor simbólico y sensible”. O repetir que cada título enumerado permite reordenar o recordar pasajes que son a un tiempo la lectura del pasado y su presencia es la permanente búsqueda. Un reflejo de su voz que se vuelve búsqueda, seducción, un encanto o canto o sobresalto de paisajes que ante el oído prolonga la exploración del idioma y el lenguaje. El primer recuento fundamental de su poesía está inaugurado en un título: Espejo al sol (la edición llevaba el subtítulo: Poemas, 1964-1981 que publicó en 1989). Es el primer resumen de “otros tantos actos de un drama alegórico que relatará las mutaciones del alma en busca de sí misma”. Desde entonces, reafirma sospechas que aspira a quedarse como reflejo de la permanencia y continuar la exploración por obras como Canto malabar y El diván de Ántar que, separados, conjugan el sentir de su condición: los “distintos niveles de la realidad y de conciencia”; en realidad, hay que extenderla la revisión a toda su obra y no existe posibilidad de elegir unos títulos y dejar de lado otros.
Su poesía es parte de ese camino de exploración entre lo verbal y lo visual. El reflejo que en el oído tiene el idioma y el lenguaje. Es, según se puede comprender, su voz, una voz poética que evoluciona y participa de la experiencia de la vida y esa lectura es que perfecciona su canto con esa misteriosa unión de opuestos que bebió con sagacidad de un autor como Octavio Paz. Así, con ese rigor, llaman la atención esa condición trémula y misteriosa y firme y nombrar la experiencia de la vida o determinar su recorrido con cantos y alegorías de su lírica. Cada reunión de poemas es parte de una revisión, supresión y definición para consolidar su poética. Por ejemplo, los poemas tempranos en prosa de Naxos, dice ella que poco es el rigor que les acompaña y, para nosotros, encierran un péndulo de momentos exactos que han de confirmar ese hilo de Ariadna y la búsqueda de Teseo: inaugura el desafío de la palabra con sus metáforas que al paso del tiempo perfecciona, deja ver un encuentro definitivo, termina por reconocer su fuerza en aquellos y contemplar esa visión apasiona que continúa explorando como conjunto de esa visión tan particular como suya: la evolución del poema es el ejemplo que la determina.
Es revelador: se publicará su Poesía reunida para el año 2012 y los libros incluidos entonces suman 29 títulos. Cómo confirmar seis libros recibieron importantes premios en México y fuera del país. Ella misma declara: “La poesía ha sido muchas cosas para mí”. Por nuestra parte, hay que pasar a ese encuentro. Los viajes son parte de una experiencia por el mundo; la forma más precisa de madurar su conocimiento y porque es una búsqueda, un encuentro y contemplación, un juego y un diario de viajes. Esa compilación es esencial para conocer su obra poética. Pero nos aclara: “Algunos poemas que nunca encontraron lugar…, quedaron fuera, así como dos libros en proceso”; para ese momento, han pasado varios años. Pero sigue con fuerza y determinación escribiendo y continúa publicando. Es una revisión por parte de ella en retrospectiva de un trabajo que lleva ya más de medio siglo realizando. Consciente de esto, sentencia: “Me doy cuenta de que es unitario en aspectos formales, así como en su búsqueda subyacente de un sentido profundo de la poesía”. Lo que permite reconocer de su voz es que afirma que la poesía es intemporal y que no hay que ubicar la suya “dentro de alguna corriente” y, si tuvieran que circunscribirla a una tradición precisa, su “escritura se ha nutrido de una larga sucesión de poetas que han ligado el ser a la palabra y la naturaleza, y han exaltado el canto”.
Elsa Cross es capaz de resumir una búsqueda particular; la determina su quehacer y es parte de su exploración: “La composición original de gran parte de los libros incluidos en este volumen (Poesía Completa) ha sufrido a lo largo del tiempo diversas adiciones, supresiones y cambios” y deja constancia de este proceso. Lo señala como punto de encuentro. Siempre se antoja ir a reconocer su voz, aunque complicado con un solo poema, pero una vez seleccionada, hay que definir esa aventura y reconocerla y su equivalente es ir en busca de la huella de esas posibilidades: “el centro vibra / estalla // el centro se desplaza / se vuelve muchos / y sigue siendo uno // el centro es uno en muchos // el centro se aniquila / y deja la conciencia / a la deriva // el centro se revierte / sobre sí // el centro se devora / se consume / se consuma // el centro nace / se crea / se recrea”. Fueron estos versos escritos en París, en 2011; lleva por título: Ce seul objet, y es un manuscrito sobre la pintura de Susana Sierra que formó parte de un tríptico de edición limitada de la colección Suspens vibratoire de Le libre pauvre, dedicado a Mallarmé.
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