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■ “Parece lo mismo de cada Navidad”, consideran asistentes

Reúne Villa Alameda afluencia constante, pese a señalamientos de escasa innovación

■ El evento dejó el Parque La Encantada para trasladarse a la Alameda

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Por: Jaqueline Lares Chávez •

La Villa Alameda abrió sus puertas este fin de semana y rápidamente atrajo a cientos de personas que recorrieron sus pasillos llenos de antojitos de temporada, bebidas tradicionales y puestos decorados con motivos navideños. La atmósfera festiva dominó los primeros días del evento, especialmente gracias a la enorme rueda de la fortuna colocada al centro, que se convirtió en una de las atracciones más fotografiadas y un punto ideal para observar desde lo alto la iluminación nocturna de la ciudad.

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A diferencia de años anteriores, la Villa dejó el Parque La Encantada para trasladarse a la Alameda. La decisión se dio luego de que el SEDIF informara que en La Encantada inició un proyecto de ampliación del zoológico, lo que implicó cerrar temporalmente algunos espacios y evitar la instalación del festival en esa zona.

En mensajes públicos, Sara Hernández de Monreal, presidenta honorífica del SEDIF, explicó que se trabaja en un proyecto para mejorar los espacios destinados a los ejemplares del zoológico y ofrecer una mejor experiencia a los visitantes, por lo que el traslado resultaba necesario.

Aunque la afluencia ha sido constante y muchas familias disfrutan el ambiente, también se hicieron visibles algunos señalamientos sobre la escasa innovación en la decoración y la calidad de ciertos elementos ornamentales.

Visitantes comentaron que la decoración es “la misma de siempre”, sin variaciones importantes respecto a otros años y con una ambientación menos vistosa de lo esperado. Además, los mega árboles colocados en Plaza de Armas y en la misma Alameda llamaron la atención, pero no por su espectacularidad, sino por las percepciones de baja calidad en su diseño y acabados.

“Parece lo mismo de cada Navidad, como si solo movieran de lugar lo que ya tenían”, señalaron varios asistentes, quienes esperaban un mayor esfuerzo en iluminación y concepto. Incluso se hizo notar que, a diferencia de otros años, los árboles naturales de la Alameda no cuentan con luces que aporten un ambiente más cálido o inmersivo.

Entre las críticas más frecuentes destacó la inconformidad relacionada con el destino de los recursos públicos. Un sector de los asistentes recordó que, pese a los festivales, persisten problemas como la inseguridad, la falta de alumbrado público y la necesidad de mantenimiento urbano.

Algunas personas cuestionaron que, como cada año, se opte por invertir en actividades recreativas mientras que la ciudad continúa enfrentando carencias más urgentes. “Es lo típico: mucho festival, pero poca atención a lo verdaderamente necesario”, señalaron grupos de ciudadanos inconformes.

Otros mencionaron que, aunque las villas y puestos de vendimia están instalados, el entorno luce apagado debido a la escasez de luces ornamentales en los árboles y espacios de circulación, lo que reduce la sensación navideña del conjunto.

Aun con las críticas, los comerciantes instalados en la Villa se mostraron optimistas por el flujo constante de visitantes. Para muchos de ellos, la Alameda representa un espacio con mayor movimiento y una oportunidad de incrementar sus ventas de temporada en comparación con años anteriores.

“Los eventos ayudan porque la gente pasa más, compra y pregunta”, expresaron algunos locatarios, quienes reconocen que la reubicación les ha permitido un mejor alcance.

La Villa Alameda continuará recibiendo visitantes durante toda la temporada navideña, consolidándose como uno de los principales puntos de convivencia de la capital. Sin embargo, las opiniones se mantienen divididas: mientras algunas familias celebran la apertura del tradicional espacio, otros ciudadanos señalan que la falta de innovación, la calidad discutible de ciertos adornos y la ausencia de iluminación especial en la Alameda restan atractivo al festival.

El debate sobre prioridades también persiste, pues un sector de la población insiste en que los esfuerzos y recursos destinados a festividades deberían equilibrarse con inversiones en seguridad, infraestructura y servicios básicos.

Entre comentarios, música y luces que van encendiéndose al caer la tarde, la Villa Alameda continúa su curso: celebrada por muchos, cuestionada por otros, y en el centro de una discusión que cada año vuelve a surgir en torno a cómo y en qué debe invertir la ciudad durante las fiestas decembrinas.

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