spot_img

El ruido y el velo… De Cristina Sacristán

Más Leídas

- Publicidad -

Por: JÁNEA ESTRADA LAZARÍN •

La Gualdra 688 / Entrevistas / Historia / Libros

- Publicidad -

Cristina Sacristán es Maestra en Historia y Doctora en Antropología. De acuerdo con información del Instituto Mora, su línea de investigación es la historia social y cultural de la locura y de la psiquiatría en México, en particular, la construcción del saber psiquiátrico, las políticas públicas en salud mental y la interrelación entre psiquiatría y derecho. 

Ha abordado las concepciones de la locura en el México virreinal en contrapunteo con las nociones médicas a partir de juicios seguidos por el Tribunal de la Inquisición. Se ha interesado en el proceso que llevó a la legitimación de la psiquiatría como un nuevo campo del conocimiento mediante el análisis de distintas instituciones terapéuticas de la ciudad de México, en un arco temporal que cubre los siglos XIX y XX. Recientemente, ha analizado juicios de interdicción por enfermedad mental, los cuales expresan las controversias médicas de la época, la rearticulación de los roles de autoridad al interior de la familia y la pérdida del ejercicio de los derechos civiles, arrojando luz sobre la impartición de la justicia. Actualmente, estudia las relaciones entre psiquiatría, neurología y psicoanálisis mediante la figura de Dionisio Nieto, español exiliado en México y uno de los impulsores de las neurociencias a contracorriente de las posturas psicodinámicas vigentes entre 1940 y 1970.​

Como docente, imparte cursos en licenciatura y posgrado sobre Historia de la salud y la enfermedad, Teoría de la Historia y Metodología de la Historia. Coordina la Red Iberoamericana de Historia de la Psiquiatría (sección México) y forma parte del comité editorial de Mente y Cultura, revista del Instituto Nacional de Psiquiatría de México.

Ha recibido cinco premios nacionales: el Premio Nacional de Historia y Filosofía de la Medicina otorgado por la Sociedad Mexicana de Historia y Filosofía de la Medicina al mejor artículo de investigación (2005), el Premio Francisco Javier Clavijero otorgado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia a la mejor tesis de doctorado en historia (1999) y a la mejor tesis de licenciatura (1987), y mención honorífica en el Premio Silvio Zavala otorgado por el Instituto Panamericano de Geografía e Historia al mejor libro publicado sobre historia colonial de México (1994). (1)

Su libro más reciente es El ruido y el velo. Perder los derechos civiles en el México liberal. El caso Raigosa, 1872-1879, publicado por el Instituto Mora y el Fondo de Cultura Económica, se presentó el lunes 13 de octubre en el auditorio de Psicología de la Universidad Autónoma de Zacatecas. Platicamos con ella sobre este libro y aquí compartimos la entrevista.

Jánea Estrada Lazarín: Sabemos que tienes mucho tiempo dedicada a la investigación relacionada con la locura y la psiquiatría en México, para iniciar, me gustaría saber ¿qué es lo que más te ha sorprendido con respecto a estos temas? ¿Consideras que esas historias, como la de Felipe Raigosa, pueden contribuir a modificar nuestra visión de la historia nacional? Si es así, en qué sentido…

Cristina Sacristán: Primero, me gustaría explicar la diferencia entre locura y enfermedad mental porque hay personas que no creen correcto hablar hoy en día de locura pues se asocia con el rechazo y el estigma. Lo utilizo porque fue el término manejado en la época que estudio no sólo por la población en general, sino por los propios médicos, quienes al mismo tiempo hablaban de enajenación o alienación mental. Por otro lado, mientras la enfermedad mental, que procede del campo médico, nos evoca la idea de un organismo alterado que debe ser tratado, sobre todo eliminando aquellos síntomas no deseables como las alucinaciones o el delirio, la locura nos traslada a la dimensión humana de esa experiencia, es decir, al terreno de la subjetividad. En este sentido, lo más llamativo para mí fue descubrir que la locura es sufrimiento y soledad. Digo esto porque hemos romantizado la locura como un estado de resistencia o iluminación y la mayor parte de las veces lo que hay detrás es dolor y mucha soledad. Y esto le pasó a Felipe Raigosa. 

Sobre el juicio, creo que la historia nacional se nutre de las historias locales. Eso intento mostrar en el libro al colocar la experiencia vivida por este notable abogado zacatecano en su contexto histórico, cuando México transitó del Antiguo Régimen al orden liberal. Y éste es un ejemplo de cómo un miembro de la élite, una persona preparada, inteligente y culta vivió las contradicciones y dificultades de ese momento. Ese tiempo político y jurídico también fue vivido por su esposa Manuela Moncada que acudió a los tribunales para defender su patrimonio, su vida y la de sus hijos. Y lo hizo siendo mujer, aunque rica.

Cristina Sacristán. Foto de Luana Paloma Sacristán
Cristina Sacristán. Foto de Luana Paloma Sacristán

JEL: ¿Consideras que la historia de la locura en el pasado puede ayudarnos a reflexionar sobre la salud mental y el estigma prevaleciente en el México contemporáneo?

CS: Totalmente, en este caso el juicio de interdicción creado para proteger el patrimonio y a las personas que se consideraba eran incapaces de tomar sus propias decisiones, nos muestra que bajo este ánimo de protección, se les quitó su derecho a decidir. Se les sujetó a tutela bajo un estatuto jurídico que anuló su voluntad. Pensar que alguien no tiene capacidad para decidir es el camino para apartarlo y marginarlo de su comunidad. Esto lo entendió muy bien Felipe Raigosa cuando en sus escritos al juez se defendió de lo que consideraba injusto, un cuestionamiento que también incluyó a la medicina, pues fueron médicos los que establecieron su condición mental.

En este sentido, el juicio muestra lo que representa para una persona ser despojada del derecho a decidir sobre sus bienes, sobre su familia, sobre su trabajo, sobre sí mismo, pero también el estigma que significa ser declarado loco. El mismo Raigosa advierte que no habrá quién lo contrate, su carrera profesional está acabada. 

Afortunadamente, en el año 2006 la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad aprobada por las Naciones Unidas, reconoció que todas las personas mayores de edad tienen derecho a la capacidad jurídica y México ya está caminando en ese sentido al eliminar el juicio de interdicción y crear un sistema de apoyos para que las personas puedan decidir por sí mismas con los apoyos que necesiten. Un cambio que ya se está reflejando, primero con la publicación del nuevo Código Nacional de Procedimientos Civiles y Familiares en el 2023 y luego, con las reformas a los códigos civiles de los estados que esperamos se produzcan pronto. 

 

JEL: Con respecto al título del libro, El ruido y el velo, ¿podrías hablarnos qué metáforas encierra y cómo dialoga con las voces ocultas de quienes fueron silenciados en los manicomios?

CS: Desde el inicio del juicio, varios periódicos de la Ciudad de México denunciaron el atropello cometido contra Raigosa porque en cuestión de horas un juez ordenó su ingreso en el Hospital de San Hipólito para hombres dementes, como se conoció en la época. Ello levantó muchas sospechas sobre la limpieza del juicio y a partir de ahí las notas de la prensa se encabezaron con títulos como “litigio ruidoso” o “negocio ruidoso”. Es más, el Ilustre y Nacional Colegio de Abogados, al que Raigosa pertenecía, envió una comisión que lo visitó en el hospital para comprobar bajo qué condiciones había sido privado de su libertad. Se trataba de un abogado destacado que frecuentemente era visto en los tribunales sin que su conducta despertara síntomas de locura, por lo que su detención levantó las alarmas. En ese momento, una persona podía ser ingresada en un manicomio por su propia voluntad, por petición de su familia con el correspondiente certificado médico que acreditara su locura o por orden de una autoridad, entre ellos, los jueces. Sin embargo, en este caso, Raigosa fue citado a las 4 de la tarde y llevado ese mismo día, al caer la noche, con una fuerza de policía sin poder avisar a su esposa. 

Por otro lado, el hecho de que las audiencias fueran públicas, siempre con mucha asistencia, le dio una gran visibilidad a esta causa que ha pasado a la historia como el primer juicio de interdicción por locura en la Ciudad de México, aunque no fue el primero, pero sí el más célebre. Tanto ruido terminó por ejercer presión sobre médicos y jueces y de alguna manera interfirió en el procedimiento. Al concluir, una vez dictada la sentencia de tercera instancia, el tutor de Raigosa dijo que lo mejor era correr un velo y que no se hablara más del asunto porque este juicio había lastimado a dos familias sin que quedara plenamente demostrada la locura ya que los médicos tuvieron opiniones opuestas entre sí. Y ciertamente, parece que se corrió un velo.

 

JEL: En la portada del libro aparecen los dos protagonistas de esta historia, Felipe Raigosa y Manuela Moncada, ambos ligados directamente con Zacatecas. Felipe es respetado por el ejercicio de su profesión como abogado y político; Manuela pertenece a una clase social ligada con la aristocracia. ¿Se puede considerar que su matrimonio obedeció a una estrategia relacionada con el poder político y económico?

CS: Así es. Entre las élites era común concretar matrimonios donde se uniera el poder político y el económico para extender las redes de influencia. En este caso, Manuela Moncada, descendiente de la antigua nobleza mexicana, aportó abolengo y riquezas, mientras Felipe Raigosa, un reconocido político y abogado prometió una trayectoria profesional en ascenso que cumplió, pues figuró en la primera línea de varios gobiernos conservadores. Una unión que se concretó cuando ella aún no cumplía los 17 años y él pasaba de los 35. 

Sin embargo, esta unión, cuyo acuerdo se sostenía sobre lo que cada una de las partes llevó al matrimonio se fracturó con la caída del Imperio de Maximiliano, con el que colaboró Raigosa. Tras el triunfo de la República, Felipe fue sentenciado por traidor a la patria y condenado a cuatro años de prisión que se redujeron a tres. Ahí tenemos el quiebre de esta historia pues nunca volvió a la política aunque siguió ejerciendo su carrera de abogado.

 

JEL: Tu libro aborda cuestiones relacionadas con la historia de la medicina -concretamente sobre la de la psiquiatría en México-, pero también con la historia de las mujeres; con respecto a este último tema ¿podrías hablarnos de cuáles fueron los hallazgos encontrados en tu investigación más relevantes a considerar?

CS: Lo más sorprendente fue el uso que las mujeres podían hacer del juicio de interdicción. Estamos frente a un procedimiento que pretendía proteger al loco y a su patrimonio. Ello para evitar que su vida corriera algún riesgo y malgastase su fortuna. Pues bien, en este caso, como Manuela Moncada era la propietaria de la mayor parte de los bienes, y de acuerdo con la ley al marido le correspondía administrarlos, ella solicitó la incapacidad del esposo. Una vez que lo logró, pudo manejar su patrimonio con bastante libertad ya que en ciertos casos únicamente debía solicitar un permiso al juez y, hasta donde se sabe, le fue concedido. Tanto así que vendió una hacienda que había heredado situada en el estado de Puebla, pagó una deuda y compró dos casas. Además, le fue permitido vivir fuera del hogar conyugal junto con sus hijos, de manera que pese a seguir casada y tocándole por ley a Felipe ejercer la patria potestad, pudo educar a sus hijos bajo su propio criterio y escapar al control marital. Desde luego que esto representó una herida en la masculinidad de Raigosa pues perdió la administración de los bienes familiares y el control sobre su mujer y sus hijos, además de que dejó de ser el proveedor, una función muy importante. De manera que en el siglo XIX, algunas mujeres pudieron usar el juicio de interdicción como un mecanismo para rearticular las relaciones de poder al interior de la familia. Algo en lo que quizá no pensaron los legisladores cuando aprobaron el Código Civil.

 

JEL: ¿Cómo se justificaba el despojo de los derechos civiles mediante el juicio de interdicción en la sociedad en esa época en que se proclamaban las libertades y derechos? ¿Podemos hablar de una contradicción con el liberalismo mexicano del siglo XIX?

CS: El argumento fundamental se sostenía bajo la idea de proteger el patrimonio y la vida de quien se consideraba incapaz de hacerlo y para ello el juez designaba a un tutor. De manera que se restringen los derechos con el argumento de preservarlos, pero nombrar un tutor para que represente legalmente a la persona y tome decisiones por ella, la anula. Esto es muy claro porque todo acto jurídico realizado por la persona declarada incapaz se consideraba nulo. Y sí, puede verse como una contradicción del modelo liberal, no del mexicano específicamente, sino del mundo latino que se inspiró en el Código Civil francés (1804). Se quiso incluir a determinadas personas en un orden que se pretendía igualitario, al menos jurídicamente, pero al final se las terminó excluyendo de sus derechos. Sin embargo, también puede interpretarse como congruente con el modelo liberal en el sentido de privilegiar el patrimonio por encima de las personas.

 

JEL: ¿Se sigue repitiendo la asignación de la etiqueta “loco” como herramienta para acallar voces incómodas en la actualidad? ¿Seguimos excluyendo bajo otras formas de estigmatización de la salud mental?

CS: Creo que hoy en día se utiliza la etiqueta “loco” para calificar aquello que nos resulta incomprensible, desconocido o monstruoso, aquello que parece salir de lo que consideramos humano. Como si la locura no fuera parte de la condición humana. Además, atentados aparentemente inexplicables también se asocian con la locura, con personas perturbadas, reforzando aún más el vínculo entre locura y peligrosidad. Sin embargo, hablar de salud mental ha tomado carta de legitimidad. Ser bipolar, estar en el espectro, vivir con ansiedad o padecer TDAH (trastorno por déficit de atención/hiperactividad) forman parte de la conversación. Hemos medicalizado lo no patológico como la tristeza o la timidez, y problemas de la vida que antes resolvíamos con redes familiares o apoyo comunitario, son ahora atendidos por los profesionales como si nos faltaran los elementos para hacer frente a la vida o como si la vida se hubiera complicado más de lo permisible. 

 

La presentación del libro “El ruido y el velo. Perder los derechos civiles en el México liberal. El caso Raigosa, 1872-1879” fue organizada por el Doctorado en Estudios Contemporáneos de la UAZ, a través de la Dra. Mariana Terán Fuentes, y se llevó a cabo el lunes 13 de octubre en el auditorio de Psicología de la Universidad Autónoma de Zacatecas.


(1) https://www.institutomora.edu.mx/Investigacion/CristinaSacristan/SitePages/Inicio.aspx

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_688

- Publicidad -

Noticias Recomendadas

Últimas Noticias

- Publicidad -
- Publicidad -