La Gualdra 684 / Arte
Por Álvaro López Limón
Con la llegada del siglo XIX, el proceso de industrialización, el desarrollo científico-tecnológico y el naciente capitalismo, se genera la reconfiguración de la vida cotidiana, en la que el arte y la pintura jugarán un papel relevante. Contemporáneo de Monet, Degas, entre otros; William Turner, empecinado en la búsqueda de la fugacidad del instante, será quien dará un paso significativo para el arte. Crea, a través de un difuminado general de las escenas pictóricas, la increíble ilusión de movimiento. Veamos: Ventisca – Barco de vapor a la entrada del puerto, es una pintura en la que Turner desaparece el horizonte estable del paisaje convencional, para convertirlo en un torbellino de luz y color, aquí se representa un remolino de viento y grandes olas que hacen girar frenéticamente a un barco; el espectador advertirá que ante la ausencia de líneas horizontales y verticales va produciéndose un efecto de agitación y la sensación de un potencial naufragio. La pintura muestra la exterioridad, una fachada que se atenúa cada vez más, provocando que el barco se vaya fundiendo con la naturaleza que lo envuelve y absorbe.

En Lluvia, vapor y velocidad, también se difumina el horizonte, se pierde tras el color que inunda toda la composición. La Naturaleza se exhibe como potencia en permanente movimiento, vivimos el instante eterno. En esta pintura se descubren vapores, en un paisaje de tonos amarillos bajo el cielo nublado y el aguacero que cae, se advierte una figura negra, un ferrocarril avanza en diagonal hacia la derecha inferior de la escena, sobre un puente que parece de ladrillo, con la impresión de que pronto se saldrá del cuadro al aproximarse a nosotros. Del negro de la locomotora resalta un resplandor de fuego, señal de la intensa actividad de la caldera. Mientras, a la izquierda, se vislumbran unas figuras a la orilla del río, como expresión de una vida campestre y natural, que se ve alterada, rota por esa oscura centella de metal que rasga el paisaje con su dinamismo. La desmesurada escisión entre la naturaleza y el hombre se torna trágica.
Hemos observado dos pinturas que muestran una nueva forma de esculpir el tiempo y el movimiento, ya no se trata de engañar al ojo humano con ráfagas o líneas sucesivas que simulan el movimiento de un brazo o una pierna, sino de proponer una especie de montaje intelectual a un espectador previamente seducido y acostumbrado a la sucesión de imágenes cinematográficas. Hoy podemos responder al sueño eterno y recurrente de los pintores que, en un acto de pasión por representar el movimiento, evocan la fugacidad de un momento que tiene a la vida como imagen propia. ¿Acaso hay algo más fugaz que la luz dentro del ojo? ¿Algo más preciso y efímero que el instante?
Referencias
Berger, J., Modos de ver, Barcelona: Gustavo Gili, 1975.
Argullol, R., La atracción del abismo. Un itinerario por el paisaje romántico, Barcelona, Plaza y Janés, 1983.
https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_684



