Editorial Gualdreño 678
Veintiocho de noviembre de mil novecientos cuarenta y seis
no envejeceremos juntos.
Este es el día
para colmo: el tiempo desborda.
Mi tan ligero amor pesa como un suplicio.
Paul Éluard
El 27 de junio de 2020 escribía esto para José de Jesús Sampedro: “En medio de esta pandemia tan terrible, de pronto un rayo de luz cargado de magníficas noticias iluminó a Zacatecas con la buena nueva de tu nombramiento como corresponsal de la Academia Mexicana de la Lengua y eso me hace muy feliz porque se te reconoce todo el trabajo que has realizado desde hace muchos años en favor de la cultura y las artes desde nuestro Estado para todo el país”. Encontré este correo mientras buscaba fotos suyas y con él una larga lista de mensajes que solíamos intercambiar desde mucho antes de que se decidiera a tener un celular.
Encontré en el archivo una serie de correos en los que me mandaba, sobre todo, instrucciones para hacer los números especiales de La Gualdra cuando se acercaba diciembre, la fecha del Festival de Poesía Ramón López Velarde que inició en 1982 llamándose Festival de Poesía Praxis-Dosfilos y que aludía a la colección que reúne más de 100 libros de poetas del interior de la República; en 1988 cambió su nombre por el de Festival de Poesía Ramón López Velarde, y en 2007 por el de Festival Internacional de Poesía; desde ese año se entregó el Premio Internacional de Poesía Zacatecas junto con el Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde para obra inédita -instituido desde 1982-.
Durante muchos años, José de Jesús, nuestro querido Sam, se encargó de hacer las gestiones -con la Universidad Autónoma de Zacatecas, instancias de gobierno, embajadas y distintos patrocinadores- para que ese festival se llevara a cabo y eso propició que en Zacatecas, cada diciembre, se reuniera un nutrido grupo de poetas del país y del extranjero. Fue el 2019 el último año que lo organizó; a partir del 2021 la Universidad Autónoma de Zacatecas decidió continuar con el premio sin la coordinación de su fundador y gestor durante 4 décadas.
El 15 de junio de 2022, Sam escribió: “Amigas, amigos: prioridades diversas me obligan a retirarme tanto de la coordinación del Premio Nacional de Poesía como de la coordinación del (hasta 2019) Festival Internacional de Poesía “Ramón López Velarde”, mismos que contribuí a fundar (y a transformar y a optimizar y a preservar) justo hace ya cuarenta años. A la benemérita Universidad Autónoma de Zacatecas, a sus incluidas administraciones, les manifiesto (y les reitero) mi gratitud, extremadamente inmodificable”, porque así era Sam, agradecido. No hubo, hasta donde yo recuerdo, una carta similar de la UAZ.
Para esas fechas la enfermedad había ya llegado a su vida y estaba dando una lucha singular para estar sano; sin embargo, nada impidió que su Revista Dosfilos continuara publicándose. Cierto es que en los últimos meses salió con menos regularidad debido, entre otras cosas, al cese de convenios institucionales, pero llegó el 2024 y con él la revista alcanzó el medio siglo. Quedó pendiente la celebración de esos 50 años ¡50! Tremendo y glorioso número para una revista cultural a la que dedicó dos tercios de su vida y que fue escuela para muchos de quienes nos dedicamos a la labor de difundir la cultura y las artes.
En Sam encontramos siempre un gran ejemplo a seguir. Nos puso la muestra de un trabajo disciplinado y amoroso, paciente, tenaz y apasionado de promoción, creación y gestión. Su un (ejemplo) salto de gato pinto, aquel libro emblemático con el que ganara el Premio Aguascalientes de Poesía hace 50 años lo catapultó como un poeta de vanguardia; luego publicaría más libros de su autoría, que si bien fueron pocos son suficientes para confirmar un talento sin parangón alguno. Sé, porque él me lo comentó, que en estos últimos años estaba dedicado a escribir; ojalá que algún día podamos conocer todo ese material hasta ahora inédito.
José de Jesús Sampedro siempre tuvo una sonrisa para la vida y con ahínco conformó una comunidad que vio en él los frutos de la constancia y amor por las letras. El 22 de julio falleció en su tierra natal acompañado de su familia. Su esposa Esther Cárdenas y Andrea Sampedro, su hija, estuvieron a su lado siempre. Al día siguiente, al finalizar el funeral, David Eduardo Rivera Salinas, Abel García Guízar, Georgia Aralú González Pérez y Alain Derbez le dedicaron unas palabras a manera de despedida; previamente la Banda de Tacoaleche llegó a tocarle un par de piezas de rock.
Su cuerpo fue cremado. Su urna, la de Pingo, una playera del América, una boina de Inter de Milán, su collar y una plaquita metálica con un elefante fueron colocados en una tumba del Panteón de la Purísima el 30 de julio; después de las palabras dichas por un sobrino suyo, el acto concluyó con el poema que inicia este texto y que ese día le fue dedicado por Esther.
Y su recuerdo, el de nuestro querido Sam, escribiendo, rodeado de su colección de elefantes, leyendo el periódico mientras caminaba por el centro histórico, o cantando su Blues del autobús en el festival, nos acompañará siempre.
Jánea Estrada Lazarín
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